El niño de los globos de colorines

El niño de los globos de colorines. Mercedes Martínez Rubio, escritora española. Ilustración de Fernanda Forgia. Cuento perteneciente a la Antología de EnCuentos.com por los derechos de los niños.

“Los niños tienen derecho a crecer en una familia que les de afecto y amor”


Simón el fresador había perdido tres dedos de su mano izquierda, cuando trabajaba en el torno haciendo mogollón = muchos cojinetes de precisión. Su pensión de minusvalía que le habían asignado era muy exangüe = pequeña, por tanto minúscula = escasa, para sacar a su familia adelante.

Gracias a  su esposa Asunción contribuía ayudando limpiando casas y escaleras comunitarias, o haciendo composturas de ropa por las noches. Mientras ella le daba a la maquina de coser tac, tac, tac, insistente pedaleando. Su esposo y cuatro hijos  dormían placidamente para currelar = trabajar al día siguiente (el padre con lo que podía, y los niños en la escuela o trabajillos de casa, ya que lo más complicado lo hacían sus padres.

Su mamá siempre ayudaba aportando con su granito de arena, para contribuir a los escasos tributos de su esposo. Todos los Domingos o fiestas por la mañana Toñín el hijo mayor de Simón y Asunción, iba con su padre al parque del Retiro Madrileño. Allí su papá colocaba su tenderete vendiendo chuches o ricos y suculentos barquillos, que salían de una barquillera que daba vueltas y vueltas, que a los niños pequeños sorprendían poniendo ojos como platos.

Todo barato… barato, y con un precio módico por la crisis. Toñín ayudaba a su vez a los tributos caseros, con un hermoso racimo de lindos y vistosos globos de colorines en su mano derecha (el niño lo hacía solo para ayudar a sus padres, y nunca como obligación).

Cierto día su padre enfermó, y algunos meses después murió. Dejando viuda a su esposa Asunción, y huérfanos a su cuatro tesoros irremediablemente. Por tanto el problema económico fue creciendo desde entonces a peor, pues apenas financieramente podían salir a flote.

Pero… como las desgracias no van solas, su madrecita también falleció de pena siguiendo a su esposo, dejando a Toñín con sus tres hermanos más solos que la una.

Sin posibilidades, medios monetarios, ni familiares que pudieran hacerse cargo de los niños. Los vecinos y las buenas gentes ayudaban a las criaturas con lo que podían, pero aún así aquello no era suficiente. Ellos eran pobres también y de escasos recursos, no daban para más.

Pero si se hizo un consenso entre vecinos, y se llamó a las autoridades competentes, para que aquellos pequeños expósitos pudieran ser recogidos en un centro designado para niños desvalidos y atenderles adecuadamente. Doña Concha anciana mujer y vecina de aquellos peques, avisó a Toñín de lo que se había decidido entre todos los vecinos.

Pronto vendrían a buscarles para llevarlos a un centro de recogida, hasta que alcanzaran su mayoría de edad. A la luz de una apurada o indecisa vela, aquella noche Toñín, Andrés y sus dos hermanos más pequeños Aurora y Pedrín se repartían le ultimo mendrugo de pan. Se dejó claro que iban hacer los hermanos mayores, mientras se comía lo poco que había. Así se pactó entre todos, que solo los de mayor edad intentarían buscar fortuna.

Y cuando estos pudieran se volvería a buscar a los pequeños, para juntarse de nuevo y seguir uniéndose en familia, para no separarse jamás. Toñín con Andrés aquella misma noche ya de madrugada, con sus petates = macutos, se disiparon y nadie les pudo echar el guante = coger.

Por consiguiente Aurora y Pedrín fueron los únicos niños recogidos, ubicados en un centro para no separar a los hermanos, quedando resguardados, protegidos y fuera de peligros externos. Entre tanto Toñín con Andrés se subieron de polizontes a un tren que pillaron, e introduciéndose en un vagón repleto de gallinas, patos y algún cerdito, se ubicaron cómodamente escondidos entre los animales. Así también sirvieron de comida los huevos de las gallinas ponedoras, durante el trayecto.

La gran mole metálica se detuvo, y los niños antes de que los pudieran ver se pirarón = marcharse a toda prisa. Las gallinas antes mencionadas fueron a parar a una granja, en donde la casualidad dio que también llegaron los dos niños buscando cobijo. Como el granjero era buena persona y necesitaba personal, les acogió dándoles casa y comida, a cambio de ayudarle un poquito en las tareas granjiles.

Pero Toñín con Andrés, en la plaza del pueblo entre los tenderetes y venta de animales, bajaban de la granja los festivos. Toñín con globos de colorines, y Andrés con la barquillera de su padre. Vendían intentando sacar plata para ahorrar, y así poder recuperar a sus hermanos.

Cierto día Toñín se percató de una señora muy elegante, que empujaba una silla de ruedas, allí sentada estaba Andrea. Una pálida niña muy hermosa, pero de mirada triste. Al llegar a la altura del puesto de los helados, vio que la mamá hablaba con el heladero y dejaba a su hija al cuidado del este señor.

Después bajaba sola dirigiéndose cuesta abajo, hacia donde un río humano caminaba entre los tenderetes y griterío de la gente que vendía. Le gustaban los fósiles marinos, y quería comprar algunos para su colección. Toñín con la más cálida de sus sonrisas, se acercó donde se encontraba Andrea, ofreciéndole como regalo uno de sus hermosos globos de colorines.

-¡Oh! Exclamó la niña agradecida. ¡Gracias!

Y se produjo el milagro apareciendo en su cara la sorpresa, con una encantadora sonrisa.

-Pide un deseo dijo Toñín a la niña, mientras que ponía el globo en su mano.

-Pero… tienes que soltarle, para que se cumpla.

Después de soltar aquel globo, Toñín le fue dando otro… otro y otro, hasta que ya no le quedó ninguno más. Aquel día no ganó nada de plata pero no le importó, ya que hizo durante un ratito feliz a una niña triste con sus globos de colorines.

La madre que ya estaba de vuelta vio desde lejos lo que sucedía, y con lágrimas en los ojos preguntó…

-¿Quien eres, que por un rato hiciste feliz a mi niña? ¿Eres tal vez un ángel?

-Yo… balbuceo Toñín avergonzado, asimismo fue contando su vida y penurias, sin omitir detalle a la mamá de Andrea.

-¡Oh DIOS todo poderoso! Se acabó. Desde ya vivirás con nosotros. Formaremos una gran familia, y recuperaremos a tus hermanos. Así fue dicho y hecho.

En la actualidad estos niños son ya hombres de provecho, y se dedican en hacer felices a otros niños huérfanos como lo fueron ellos.

Fin

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Todos son derechos de cualquier niño del mundo, hagamos ley y un mundo mejor, para que todos los peques disfruten de estas prebendas sin excepción. MORIMÓ

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