El naufragio

El naufragio

El naufragio.  Escritores infantiles y espirituales de Argentina.

Cierta vez, en un puerto cercano al Caribe, un grupo de veinte pescadores se encontraban preparando un viaje que pretendía llegar un poco más lejos de lo habitual para conseguir mejor pesca. Después de los preparativos necesarios, el barco zarpó hacia alta mar.

Pero las cosas no salieron como estaban previstas y, una noche, en el cuarto de máquinas surgió un gravísimo desperfecto eléctrico que provocó un fuego incontrolable y estalló el depósito de combustible.

Varios de los tripulantes fallecieron de forma inmediata a causa de la explosión y otros cuando a los pocos minutos el barco se hundió.

Lamentablemente hubo un solo sobreviviente del naufragio que consiguió aferrarse a uno de los salvavidas que no se habían destruido y, penosamente, llegó a una isla desierta alejada del continente. Haciendo un gran esfuerzo se protegió en unas pequeñas cuevas de la playa.

Allí rezaba agradeciendo a Dios que se hubiera salvado y pidiéndole que lo rescatara.

A la mañana siguiente, empezó a construir un refugio con madera que encontró tirada y algunas ramas de los árboles. Todos los días miraba el horizonte esperando encontrar alguien que pudiera ayudarlo, pero… nada.

Con mucho ingenio logró fabricar un filtro de piedras para purificar el agua que sacaba del mar y poder beber.

También armó como una especie de red para pescar desde la orilla; trepó a las palmeras para alimentarse con los cocos y se dedicó a buscar frutos y verduras silvestres que pudiera comer sin que le hiciera mal.

Una tarde se adentró en la isla para buscar comida un poco mejor de lo que conseguía en los alrededores de donde se encontraba y, al regresar, encontró que su choza, inexplicablemente se había incendiado.

El náufrago estaba desesperado y se enojó mucho con Dios. Lo increpaba con fuerza:

–¿Cómo pudiste hacerme esto? ¡Lo único que había logrado construir para sobrevivir apenas decentemente!

Muy temprano, a la mañana siguiente, escuchó asombrado la sirena de un buque que se acercaba a la isla. ¡Iban a rescatarlo!

Cuando llegaron sus salvadores, además de darles las gracias, se interesó por saber cómo lo habían encontrado y les preguntó:

–¿Cómo se enteraron de que yo estaba aquí?

–¡Sencillísimo! Vimos las señales de humo que nos hiciste…

Fin

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El naufragio. Cuentos Clásicos, cuentos que no pasan de moda. Lecturas para niños de primaria. Libros de cuentos de autores clásicos.

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