Un estornino rendido de cansancio y de sed buscaba un poco de agua para beber. Todo estaba reseco debido a una larga sequía.
Habitualmente, aún en lo días más cálidos del verano, había encontrado agua en los huecos de las peñas. Pero esta vez, después de haber buscado por todas partes en vano, el pobre estornino se hallaba a punto de morir, cuando divisó el brillo de agua en el fondo de un cántaro abandonado.
¡Agua, sí! Pero ¿cómo alcanzarla? Intentó inútilmente voltear el cántaro, pero era demasiado pesado.
Creyó que iba a morir de sed. Mientras tanto, reflexionaba sobre cómo hacer llegar el agua hasta él, ya que no podía bajar hasta ella.
Por último, levantó una piedrecilla con el pico y la dejó caer dentro del cántaro; luego dejó caer otra y otra, y otra más. Con cada piedra, el nivel del agua subía un poco.
Después de un largo rato, el agua llegó a un altura en que el estornino, inclinado sobre la boca del cántaro, pudo beber cómodamente y sacias su sed.
El esfuerzo paciente vence las dificultades.
Ernesto T. Hoffmann
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