El crater del ratoncito Pérez

El crater del ratoncito Pérez

El crater del ratoncito Pérez

El cráter del ratoncito Pérez. Kike el duende, escritor español. Cuentos infantiles. Extraído de libro “Desde los cráteres a la luna”

Hoy os contaré lo que ocurre en uno de los cráteres de la cara oculta, aquí están los mejores cráteres, en ellos ocurre todo lo que soñamos, lo que deseamos. A medida que me acerco, el suelo de tierra y polvo se va transformando en pequeños trozos de marfil.

Ya dentro del cráter, es un suelo firme y pulido el que piso. Brilla tanto que en él se refleja el inmenso palacio, el palacio de Marfil. Las puertas del palacio siempre están abiertas, en un gran salón me recibe sentado en un trono blanco el ratoncito Pérez. Me cuenta lo que ya sabe que todos sabemos, que cuando se nos cae un diente hemos de guardarlo debajo de la almohada.

Él mismo se construyó un trineo de plumas rojas para viajar hasta nuestras casas, y lo de las plumas dice que es para no hacer ruido y no despertarnos. Llega cuando estamos dormidos porque es la única manera que tiene para entrar en nuestra habitación, a través de nuestros sueños.

Mientras flota su trineo a cuarenta centímetros de nuestra almohada, el ratoncito, baja por una escalera de hilo y con el rabo remueve suavemente la almohada hasta encontrar el diente. En menos de diez segundos desaparece, no sin antes hacernos cosquillas con sus bigotes para comprobar que estamos bien dormidos. Lo primero que hace al entrar en su palacio es depositar el diente en “El embudo clasificador de bondades”.

Este clasificador mide la bondad del niño, aunque lo cierto es que no existen niños malos y eso él lo sabe, pero, hay niños más buenos y niños más poquito buenos. Dependiendo de esta dosis de bondad el gran palacio de Marfil se va construyendo; una sala, dos salas, una torre, dos torres y tres torres. Pero si el diente es de un niño más poquito bueno, una parte del palacio, sin saber cual, desaparece.

La verdad es que a mí me gustaría que el palacio de Pérez fuera cada vez más y más grande, porque cuando Luna me lleva a visitarlo, me paso allí días enteros jugando y corriendo por las mil habitaciones, aseos y balcones. Algún día entraré en vuestros sueños y os traeré conmigo para dar un gran paseo ¿vale?

El ratoncito Pérez pasea con gafas de sol por los jardines, tiene las patas forradas con calcetines de colores y se baña en las 32 piscinas de queso fundido. No duerme porque nunca quiere y viaja a la tierra por las noches en una cama de hojas, que como ya sabéis, es un trineo muy pequeño de plumas rojas.

¿Pero, sabéis por qué pasea con gafas de sol por los jardines de su mansión?, porque son unas gafas especiales y con ellas observa las flores. Ellas, margaritas o camelias, en voz muy baja, le dicen al señor Pérez en qué casa se esconde algún diente bajo una almohada. Así que ya sabes, si cualquier noche de estas se te cae un diente y notas en tus sueños un ligero cosquilleo de plumas y una brisa, no se te ocurra abrir los ojos, porque si lo haces, al instante desaparecerá y tu diente no se podrá llevar.

Lo cierto es que puede volver otro día, lo hará siempre que tu mirada no le complique la vida. Te contaré el secreto sobre todo lo que tú no puedes ver: “No debes buscar a los reyes magos, ni a los duendes, ni al ratoncito Pérez, ni a la hada de un mundo que se llama Lerez. No debes buscar a Papá Noel, ni a las muñecas de piel, ni a las princesas de los cuentos, ni al búho que es amigo de los vientos. No debes querer mirarlos porque solo pueden entrar en nuestro mundo real a través de nuestros sueños.

Si despiertas mientras ellos están aquí, no sabría decirte que les podría ocurrir. Déjalos que entren mientras duermes y que hagan lo que tengan que hacer, se marcharan antes de que puedas contar hasta tres y así ellos garantizan que no los ves.

Fin

“Cuando me dijeron antes de escribir éste libro que Morc, el perro azul y guardián de los bosques, existía, no me lo creí. Ni que la tortuga Tranquila vivía en el lago de la Tranquilidad, ni que los Plantustos son árboles que caminan sobre sus raíces, que te persiguen y que son un poco más pequeños que los arbustos. Pero ahora, sé que existen.” La luna es el personaje principal de estas historias, básicamente por sus cráteres, por lo que hablaré con ella muchas veces y la llamaré Luna. En algunas ocasiones, cuando la nombre en tercera persona, me referiré a ella como, la luna.

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Para mi hija Anaïs, como no podía ser de otra manera, que por una extraña coincidencia se llama como el personaje que vive los cuentos. Y de otra manera, no menos especial, para mi esposa Gabriela.

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