El cráter de los relojes

El cráter de los relojes

El cráter de los relojes

El cráter de los relojes Kike el duende, escritor español. Cuentos infantiles. Extraído de libro “Desde los cráteres a la luna”

Cuando una vez le pregunté a mi primo Adrián: ¿Qué quieres ser de mayor? – él me contestó: “Carnicero, y vendrás a comprarme, por ejemplo, dos metros de gallina“. Una muestra de que esto de medir tiempos, pesos o distancias es un poco complicado para nosotros los niños.

– ¿Cómo imaginamos las distancias, las proporciones? – le pregunté a Luna.

– Pues mira, Anaïs, en el espacio está claro que las distancias son excesivamente grandes comparadas con lo pequeña que es la tierra, asimismo tus distancias, en ella, son gigantescas para una hormiga u otro diminuto insecto.

– ¿A qué distancia estamos del Sol? – le dije.

– Como es difícil de explicar, de esta manera te lo voy a contar. Imagina la cabeza de un alfiler, esa será la tierra, y a ocho metros una naranja, es el sol. Ahí tienes el tamaño y la distancia, en proporción claro, entre la Tierra y el Sol.

Después de esta pequeña charla, de la cual muy atenta estaba, apareció Tranquila la tortuga, ha prometido llevarme mañana a uno de los sitios más sorprendentes de la luna, al cráter de los Relojes.

Al día siguiente, madrugo mucho y mientras todos duermen, incluso tú el que lees, me acerco al lago de la Tranquilidad.

– Buenos días Anaïs – me dice Tranquila con legañas todavía en los ojos.

Me coge de la mano y comenzamos a caminar. A los cinco minutos aparece Morc, el perro azul que vive en el cráter del Bosque, abre las puertas de la cara oculta de la luna y hace que nos subamos a un haz de luz verde que flota a veinte centímetros del suelo. Atravesamos a toda velocidad una nube de polvo y entramos.

Tic tac tic tac

El sonido de multitud de relojes me dice que estamos, ya sin duda, al cráter de los Relojes.

Tic tac tic tac

En el suelo, setecientos engranajes de flores mueven una gran rosa que va soltando pétalos exactamente cada sesenta segundos.

Tic tac tic tac

Si miramos al cielo vemos anillos que giran y van soltando burbujas de tiempos que se alejan y desaparecen. Marcan las décimas.

Tic tac tic tac

Una gran columna de luz mide, en el centro del cráter, el tiempo de todo el universo. Este haz de luz recoge los latidos de los corazones de toda la humanidad, también de los animales, incluso Luna dice que de las plantas también.

Bump bump, bump bump

Casi imperceptible, ese sonido se transforma en movimiento. Así se crea el instante, el momento.

Bump bump, bump bump

El motor del gran reloj. Sin estos latidos el tiempo desaparecería. Una estrella de ocho picos se mueve muy lentamente alrededor de esta gran columna de luz. De cada pico salen los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses, los años, los siglos. Los segundos empujan el aire y el aire a los minutos, los minutos a las horas y así sucesivamente.

– Lo cierto es que no me he enterado de mucho – le digo a Tranquila. Para salir de este cráter debemos de pasar frente a un gigantesco reloj de arena. Mirándolo si que, por fin, entiendo el tiempo.

Ssssrrrrrrrmmmmmmm ssssrrrrrrrrmmmmmmmm Ssssrrrrrrrmmmmmmm ssssrrrrrrrrmmmmmmmm Ssssrrrrrrrmmmmmmm ssssrrrrrrrrmmmmmmmm

Mientras me doy, por ejemplo, una ducha, caen cuarenta y siete granos de arena. Si veo una película sé que terminará más o menos por el grano novecientos doce.

Cuando Luna me dice: “Mañana vuelvo creciente“, ya sé que la noche dura unos nueve mil cuatrocientos granos. Me quedo sentada ante el gran reloj de arena, el único que no hace tic tac.

Zzzmmm Zzzmmm

Es silencioso, muy silencioso. Buscar por casa, si tenéis un reloj de arena, darle la vuelta e intentar escuchar el tiempo. Acercarlo a la oreja y escuchad. Es fantástico.

Zzmmm Zzmmm

Salimos del cráter de los relojes.

Tic tac tic tac Paseo ya por la tarde.

Escucho mi reloj.

Tic tac tic tac

Del uno al doce pasando por el nueve.

Tic tac tic tac

Siempre la aguja de los segundos se mueve.

Tic tac tic tac.

Fin

“Cuando me dijeron antes de escribir éste libro que Morc, el perro azul y guardián de los bosques, existía, no me lo creí. Ni que la tortuga Tranquila vivía en el lago de la Tranquilidad, ni que los Plantustos son árboles que caminan sobre sus raíces, que te persiguen y que son un poco más pequeños que los arbustos. Pero ahora, sé que existen.”

La luna es el personaje principal de estas historias, básicamente por sus cráteres, por lo que hablaré con ella muchas veces y la llamaré Luna. En algunas ocasiones, cuando la nombre en tercera persona, me referiré a ella como, la luna.

Para mi hija Anaïs, como no podía ser de otra manera, que por una extraña coincidencia se llama como el personaje que vive los cuentos. Y de otra manera, no menos especial, para mi esposa Gabriela.

 

El cráter de los relojes. Literatura infantil y juvenil, cuentos que no pasan de moda. Lecturas para niños de primaria. Historias para aprender leyendo.

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