El vuelo de Juancho. Cuento de palomas mensajeras

El vuelo de Juancho. Cuento de palomas mensajeras

El vuelo de Juancho. Cuento de palomas mensajeras

El vuelo de Juancho. Escritora de Perú. Cuento de palomas mensajeras.

Esta es una historia que me contó mi abuela y, a su vez, la abuela de mi abuela se la contó a ella; por eso, esta historia es de la época de las tatarabuelas. De hecho, dicen que mi tataratatarabuela conoció a mi tataratatarabuelo cuando aún eran niños, a través  de unos mensajes entregados por Don Juancho.

En ese entonces no existían ni teléfonos ni computadoras; tampoco era fácil trasladarse de un lugar a otro. Fue más o menos por aquella época que vivía un pequeño y veloz palomo al que todos conocían como Juancho.

Era un palomo muy particular, porque vestía siempre con colores llamativos, los siete colores del arco iris. Sus ojos eran tan claros como el agua cristalina; su música hacía que las parejas se enamoren, ya que su canto era muy dulce y contagioso, al grado de hacer bailar a los niños.

Muy de mañanita, desde que empezaba el día, Juancho salía a echar un vistazo, por si encontraba un buen desayuno. Le encantaban las lombrices con salsa de tierra mojada; sin embargo, no siempre tenía la suerte de encontrar esta salsa: a veces los jardines estaban secos por la falta de lluvia y por el fuerte calor del verano.

Cuando tenía la barriguita llena y el corazón contento, se aventuraba a volar, retando al viento, más y más alto; hacía piruetas en el aire, un volantín, una parada de alas, una caída libre, una vuelta de trompo y muchas otras peripecias más hasta el cansancio.

En ocasiones paseaba por el mar y se imaginaba chapoteando en él.

En otras, se imaginaba surcando las altas cordilleras… pero, en realidad,  pasaba por debajo de los más altos  puentes.

Realmente tenía la velocidad de un rayo; algunas veces, sin embargo, prefería detenerse para contemplar los arbustos y las flores.

Mas… ¿sabes por qué se hizo famoso?

¿Por su vuelo?… No.

¿Por sus colores?… Tampoco.

¿Por su desayuno preferido?… ¡Menos!

¿Por su trabajo?… ¡Sí!  ¡Era un palomo cartero!

Siempre lo podías ver con su mochila llena de recados y su gorra para protegerse del sol, o con un paraguas para protegerse de la lluvia.

Él se encargaba de entregar los mensajes de los niños que recién aprendían a escribir y no podían caminar hasta la estación del correo porque se encontraba muy lejos de sus casas; sus padres no le daban tanta importancia a esas primeras palabras grandes y escritas desde el corazón. Juancho, en cambio, llevaba caramelos, chocolates, dulces, fotos, y, por supuesto, los mensajes importantes. En varias ocasiones terminaba empachado porque los niños le invitaban los dulces que ellos intercambiaban entre sí.

Ya se imaginaran la ardua tarea, tanto trabajo todos los días era como para que se sintiera un palomo de trapo. Pero ello nunca fue problema, porque cuando Juancho se encontraba muy pero muy cansado, utilizaba su globo aerostático; de esta manera, podía darse el gusto de descansar y tomar un poco de aire mientras seguía repartiendo mensajes. El globo era de gran ayuda, sobre todo cuando los encargos eran demasiados y ya no cabían en su mochila, ni en las patas ni en las alas, ni en el pico; mayormente, eso sucedía en las fechas especiales como en Navidad, cuando los encargos eran tan pesados como una montaña de juguetes o tan altos como una torre de naipes.

Los mensajes eran de niños para otros niños que compartían con sus primeras palabras un diálogo colectivo; a pesar de no verse en persona, podían conocerse a través de las fotos que intercambiaban.

Años más tarde, no sólo los niños le dejaban recados, también algunos animales del bosque que no podían volar ni hacer grandes traslados, como culebras, hormigas, patos, entre otros muchos más.

En vista de tanta demanda, Juancho tuvo que buscar la ayuda de otros amigos, y así fue como formó la compañía de servicios de mensajería Juancho S. A.
Ya no solamente era él quien llevaba los mensajes: lo hacían también 10, 20, 30, 40, 50, 60, 70, 80, 90, hasta más de 100 palomos carteros, a los que se les iba capacitando en la escuela de mensajería.

Desde ese entonces hasta ahora, aún hay mensajes que se siguen enviando a través de lo que conocemos como palomas mensajeras, o los palomos carteros, como yo los conocí.

Aunque actualmente son poco solicitados, ya que tenemos otras maneras de establecer contacto y comunicarnos con los demás, ellos todavía siguen prestos para llevar los mensajes de algunos animales y, sobre todo, de los niños. De modo que, si tienes oportunidad de contar con su servicio, entonces aprovecha, que los mensajes importantes siempre serán el mejor regalo que puedas dar y recibir.

Fin

 

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