Dagoberto y Rigoberto cantan

Dagoberto y Rigoberto cantan es uno de los cuentos para reflexionar de la colección cuentos de amistad de la escritora Liana Castello. Para niños a partir de nueve años.

El reino donde vivían Dagoberto y Rigoberto atravesaba una época difícil. Las constantes lluvias provocaban inundaciones, los suelos ya no resistían tanta agua, los cultivos se pudrían y algunas personas veían arruinadas sus casas.

El pueblo estaba triste y desolado. El rey había dispuesto todo para dar albergue a quienes habían perdido casi todo y quienes más tenían daban a quienes más necesitaban.

Todos sabían que algún día las lluvias cesarían y que con ayuda, mucha ayuda, todo volvería a la normalidad. De vez en cuando, las lluvias azotaban la zona, no era la primera vez que pasaba y seguro no sería la última, pero aún así, el mientras tanto era muy difícil.

Dagoberto y Rigoberto estaban preocupados. Hacían todo lo que podían: conseguían ropa, calzado, mantas, preparaban sopa calentita y guisos para alimentar a todas las personas que pasaban por esa triste situación.

Aún así, los amigos sentían que eso no alcanzaba, porque los corazones de todos y cada uno estaban tristes.

-Algo más debemos hacer-Dijo Dagoberto a su fiel amigo.

-Sin dudas-respondió Rigoberto.

-¿Qué podríamos hacer? Todos estamos colaborando con comida, abrigo, remedios, pero algo falta amigo, sin dudas, algo falta.

El sabio gato se quedó pensando un momento y de pronto su rostro se iluminó.

-Aprendamos a tocar la guitarra-propuso Rigoberto.

Dagoberto lo miraba sin entender demasiado, solo alcanzó a decir un tímido “no entiendo” antes de que el gato prosiguiera:

-Alegremos los corazones con canciones. La gente recibe la ayuda necesaria, pero necesita volver a creer, tener esperanza, alegrar su corazón, la música puede ser muy útil en estos casos.

Dagoberto no lo dudó, música para el alma, música para corazones tristes sin duda sería un excelente recurso.

Algo inesperado ocurrió. No encontraron ni un solo profesor de guitarra en el reino, los que había se encontraba de viaje.

-¿Y ahora qué haremos?-preguntó Dagoberto.

-Lo intentaremos solos, no será fácil, pero tal vez algo podamos tocar-respondió Rigoberto.

-Disculpa amigo-dijo Dagoberto-así no creo que resulte ¿cómo aprender de armonía y notas musicales sin un maestro que nos enseñe?

Para sorpresa de los amigos, la ayuda que necesitaban llegó volando. Los pajaritos de reino, atentos a todo lo que pasaban y que dicho sea de paso, mucho sabían de música, se dispusieron a enseñar a los amigos a tocar la guitarra y entonar las más bellas canciones.

Dagoberto y Rigoberto no pudieron tener mejores profesores, aprendieron enseguida porque eran tantas las ganas de alegrar los corazones que sufrían, que no tuvieron ninguna dificultad.

Y así, mientras las lluvias continuaron, la ayuda se multiplicó. Ya no solo había platos de sopa caliente y albergue, sino canciones que alegraban el alma, daban esperanza y curaban los corazones heridos.

Con cada nota, con cada acorde la esperanza despertó en todos y cada uno hasta que un día ese sonido mágico de amor hizo que el sol volviera a asomar.

Era difícil saber qué era más bello si el brillo del sol, las canciones que los amigos cantaban o la felicidad que se reflejaba en cada persona del reino.

Fin

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