Yulius y su oportunidad

Yulius y su oportunidad. Luis Pisa Tolosa, escritor español. Cuentos para reflexionar. Cuentos para pensar.

Para un hombre, el mayor honor que podía tener en el Reino, era representar a éste en las Reinolimpiadas.

Para optar a la selección del más apto cada dos años se llevaban a cabo las pruebas que elegirían a los mejores.

Todos los hombres del Reino soñaban con llevar en el pecho el tan distinguido traje del “Reino de Yспех” y poder lucir toda su vida en el brazo la marca tatuada del “escudo del León” como marcaba la tradición, la cual solo pertenecía a los caballeros de las Reinolimpiadas.

A esta selección, la cual consistía en ser bueno en diversas disciplinas se podía presentar cualquier hombre del Reino que hubiera alcanzado la mayoría de edad, los dieciséis años.

Las selecciones eran duras, y requerían de habilidades con la espada, conocimientos de leyes, habilidades de construcción y estrategia, supervivencia, buena forma física y muchas más, que cada cuatro años darían con un hombre de lo más preparado, preparado para competir.

A esta selección se presentaban todo tipo de hombres, caballeros de la guardia real, guerreros, grandes eruditos y estrategas, y gente sin preparación, los cuales no tenían muchas opciones y acababan abandonando.

Sin embargo, había un caso especial, se llamaba Yulius, labrador de profesión, flacucho de complexión y se podría decir que sin mucha preparación, pues no pudo ir a la escuela ya que sus padres fallecieron cuando él tenía ocho años, y tuvo que ayudar en casa a su hermana mayor y pronto hacerse cargo de las granjas y campos que tenía su familia.

Yulius, por este entonces tenía cincuenta y dos años y llevaba presentándose a la selección desde que tenía dieciséis, pagando las pruebas de selección (las cuales eran muy caras) de su propio bolsillo con lo que ganaba de las granjas y los campos y sacrificando fiestas, viajes y demás disfrutes… Tampoco tenía mucho tiempo para entrenar y aprender, pero el poco que tenía lo aprovechaba al máximo.

Por aquel entonces, los resultados en las Reinolimpiadas iban de mal en peor y el “Reino de Yспех” estaba a punto de ser expulsado por los bajos resultados de la prueba.

-Este año es el mío- se decía Yulius

– Seguro que sí.

Mucha gente lo miraba mal, y decían este está muy viejo ya, otros comentaban está muy flaco y no puede ni con la espada, otros sabían de su condición de granjero y chismorreaban, otras decían que no sabía leer.

Pero lo curioso es que ese año, compitió muy bien, pasó la prueba de la espada frente a caballeros de la guardia real y guerreros del frente, las pruebas de leyes las sacó a la perfección y fue capaz de construir, idear y ganar la prueba de supervivencia.

Ante todo eso los demás caballeros le preguntaron que como había sido capaz y el siempre decía lo mismo; trabajo y constancia, respuesta que todos recibían todos los años cuando se presentaba a las pruebas e iba pasando alguna que otra prueba, y que al final se reían y chismorreaban porque nunca conseguía ser seleccionado.

Aquel año, con cincuenta y dos años Yulius fue el primero de todos y esto no era normal.

Unos decían que había hecho trampas, otros que tenía amenazados a los señores de la luz, los que elegían, otros decían que era obra de Dios.

El suceso corrió de boca en boca por todo el Reino y llegó a oídos del Rey.

¡Imposible! Un hombre viejo y desfigurado no puede representarnos.

¡Vamos a ser el hazme reír de las Reinolimpiadas y nos vamos a quedar sin ir los próximos años si hacemos eso!

¡Es imposible que haya podido pasar las pruebas sólo, ha tenido que ser ayudado!

Los señores de la luz, que llevaban a cabo el proceso de elección, le dijeron que todo había sido correcto y que lo había conseguido por sus propios medios.

Entonces el Rey decidió ir a ver en persona a Yulius, montó su caballo y con su guardia real partió a la humilde casa de Yulius.

-¿Quién es?-Dijo Yulius

-¡Su majestad el Rey! ¡Abra o tiramos la puerta abajo!-Dijo un guardia del Rey

Yulius abrió la puerta y se encontró cara a cara con el rey el cual al ver el brillo de sus ojos parece que se le esfumó la rabia que llevaba y le preguntó con delicadeza y educación;

-¿Usted es Yulius?

-Si Majestad, a sus pies

-Dígame Yulius, ¿Cómo con sus cincuenta y dos años ha podido pasar las pruebas, si lleva ocho veces presentándose, con el coste que eso lleva y nunca ha pasado unas pruebas u otras? ¿Sabía usted que a estas pruebas se presentan los mejores preparados del Reino en las diversas disciplinas? ¿Sabe lo que ha conseguido?

-¿Cómo lo ha hecho?

-Mire señor, le seré franco, yo nunca he sido el mejor… la primera vez que me presenté me faltaba experiencia, la segunda como no sabía leer no saqué las leyes, en otras tantas me falló la supervivencia, mire mi aspecto, tampoco era muy hábil con la espada y me ha costado mucho esfuerzo adquirir la habilidad… pero yo tengo una cosa que los demás no tienen.

-¡Yo sé que nunca he fracasado!

Los caballeros empezaron a reírse, y a chismorrear;

-Pero, ¡si llevas treinta años intentándolo!- decía uno

-¿Dónde está tu escudo tatuado?- se burlaba otro

– Mira en el palacio que vive, ya veo como ha invertido lo ganado por haber representado al Reino

-¡Tramposo!-Gritaba el gentío

Todos chismorreaban y se reían, todos menos uno;

El rey… que lo seguía mirando de cerca, y cuya rabia se había transformado en complicidad y en ganas de comprender a aquel humilde granjero le preguntó;

-¿Por qué dice eso Yulius? ¿Cómo que no ha fracasado nunca?

-Yo no he fracasado nunca se lo aseguro, sino que he aprendido mil movimientos y posiciones en las que no se debe combatir, mil y una formas de crear una cabaña, mil y dos formas de cazar animales y aguantar el frío, de sobrevivir, mil y tres formas de memorizar leyes, porque a diferencia de los demás donde ellos veían un fracaso, yo vi una oportunidad.

El Rey estrechó su mano a Yulius y le dijo:

-Usted es nuestro hombre, seguro que lo hará muy bien.

Fin

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