El pastor arrepentido

“Entre la cruz y el fuego” ¡PARÁBOLAS DE ÚLTIMA HORA!

feligreses

Un pastor, con habilidad nata para engatusar almas, habiendo logrado ganar la confianza de los hermanitos. Una buena noche anunció a mitad del culto:

-“Hermanos y hermanas ha llegado el momento de mostrar fidelidad a Dios. Él espera de Ustedes, cuanto lo aman. Yo quiero preguntarles: ¿De verdad aman a Dios?

-¡Si!- respondieron al unísono. -Entonces ¿están dispuestos a cumplir con la voluntad de papá Dios?

-Amén- Dijeron a una

-Dios, hermanos, está enojado con Uds. Porque le están robando. Ahora él dice: “… traedme los diezmos a mi casa y yo derramaré bendición sobre bendición hasta que sobreabunde…”

Finalizada la perorata. El mudo silencio de la asamblea, confirmó su aceptación. Desde aquel día. Tres veces a la semana se incrementó los días de culto aparte de los domingos. Y en cada reunión el pastor, recordando aquella frase del profeta Malaquias, hábilmente convencía reiteradamente a los creyentes a fin que diezmaran, ofrendaran y aceptaran votos por diversos motivos.

Los fieles, unos por escasez de dinero y otros por recelar del pastor. Poco a poco, dejaron de concurrir a la casa de oración. Un día el hermano más humilde y constante en la oración dijo al Ministro de Dios:

-Pastor. Ud mientras se va enriqueciendo, ¡nuestros hermanos pobres temen venir al culto! ¿Que dijo el apóstol Pablo?: Yo para no ser tropiezo al evangelio no soy carga para vosotros sino que estas manos me sirven para trabajar día y noche y así predicarles el mensaje de Cristo; rogando que me imiten. ¿Es justo delante de Dios, pedir al que no tiene? ¿Acaso no es mejor darle?..

-¡Calla necio! Ignoras las cosas de Dios. ¿Y te atreves cuestionar la doctrina?

-Si he hablado mal, dime en que está el mal. Porque Pablo dijo: Dad la ofrenda conforme hayas prosperado y de buena voluntad con corazón alegre. Porque en el amor no hay medida para dar o recibir…

-¡Fuera!, ¡quedas castigado!

Y mientras el hermano pobre salía del lugar. La conciencia del predicador empezó torturar cual lezna aguda sus sesos, intuyendo haber obrado mal. Decidió dar alcance al hermano y, postrándose a sus pies dijo:

-¡Hermano he pecado! ¡Perdóname! prometo rectificar lo que no es correcto delante de Dios.

Fin

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El pastor arrepentido es uno de los cuentos cortos espirituales del escritor Angel Javier Castro Sánchez sugerido para adolescentes, jóvenes y adultos.

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