El aguinaldo

el aguinaldo

Con las 15.000 pesetas de aguinaldo que me dio mi abuela por fin compré un proyector de diapositivas. Pero aquellas navidades se encontró mal. Tenía 85 años. La hospitalizaron por primera vez en su vida.

¡Un pase de diapositivas en la pared blanca haría menos inhóspita la habitación! Llenaríamos la pared de almendros florecidos, sentiríamos el dulce olor de la cambra llena de manzanas esperiegas, pasearíamos por las calles empedradas, iríamos a misa de domingo en la Ermita de la Virgen de la Huerta, subiríamos a Santa Bárbara para, desde allí, ver Ademuz y el pico Castro… ¡Qué buena idea!

Pero la idea quedó frustrada porque la consideraron descabellada. Así que en la visita a la abuela, sólo me atreví a mencionarle que con el aguinaldo había comprado el proyector, nada más. Entonces, le hablé de los almendros, de sus manzanas esperiegas, de las calles empedradas, de la Ermita de la Virgen de la Huerta y de Santa Bárbara.

Me quedé con su triste mirada, fija, al frente, observando atenta la pared blanca…

Tres días después fuimos todos al pueblo, recorriendo aquellos 496km siguiendo el furgón. Era el día de Reyes.

Ahora, 25 años después, estando aquí arriba, volando camino de Bruselas, pienso en ella y me parece que estamos tan cerca… Mi mirada es triste, está fija. Observo atenta el blanco lienzo de nubes…y entonces, voy pasando en él las diapositivas, aquella docena que nunca le enseñé. Cierro los ojos y grito en amargo silencio: “La quiero mucho, abuela, la quiero”.

15 de Enero, 2009 12:35h – Volando entre las nubes, camino a Bruselas.

Fin

Siempre nos quedan cosas pendientes, aquellas que por una razón u otra, por voluntad propia o de los demás, incluso por despiste o sin querer, dejamos de hacer. Pero ellas, siguen ahí, en una espera silenciosa y amable, esperando pacientemente que llegue otra oportunidad para existir. Porque sólo ellas saben comprender el tremendo valor emocional que para nosotros tienen, el lazo afectivo con las que están fruncidas. Y el día menos inesperado, cuando nosotros ya las dimos por perdidas, se presentan ante nosotros para devolvernos un trocito de ese pasado, nos lo hacen revivir y nos brindan la oportunidad espiritual única de volver a esa habitación, y reescribir nuestra historia.

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