¿Cómo quisieras que te recuerde?

ANNA BURIGHEL

¿Cómo quisieras que te recuerde? es uno de los cuentos para reflexionar de la colección cuentos sobre los recuerdos de la escritora Liana Castello sugerido para jóvenes y adultos.

-¿Cómo quisieras que te recuerde? -Me preguntó un día mi hijo y su pregunta me sorprendió.

-Me tienes frente a ti ¿para qué quieres recordarme?-le pregunté yo.

-Me refiero a cuando mueras-respondió y la frase me sorprendió aún más.

-¿Piensas olvidarme cuando no esté?-pregunté divertida.

-Sabes que no-respondió-pero el hecho de no olvidar, no es lo mismo que recordar a alguien de una forma especial. Uno recuerda cosas todo el tiempo: direcciones, vencimientos, nombres y eso no es “recordar” ciertamente.

Mi hijo tenía razón. El recuerdo del ser amado va mucho más allá de no olvidar que esa persona existió.

Yo recuerdo la hermosa sensación que sentía al tomar la mano de mi padre, el amor con que mi madre nos preparaba la comida, la risa de mi abuelo. Recuerdo de cada uno de los seres que amé, lo que me dieron y me permitieron darle, aquello que me enseñaron y todo lo que aprendí.

Sin embargo, más allá de la historia que nos una con aquel ser que se ha ido, siempre hay algo en especial que se recuerda de alguien. Algo particular, especial que solo tenía esa persona. Tal vez su sonrisa constante, sus continuos gestos de afectos, su mal genio o su buen humor. Siempre hay algo, un detalle que es especialmente recordado.

Mi hijo esperaba una respuesta y yo –sumida en mis pensamientos-no se la daba. Se cansó y se fue.

Siempre hay algo especial que se recuerda de una persona, su perfume, sus gestos, algo que era personal, muy personal.

Y si bien no me era demasiado grato pensar en mi propia muerte, me puse a pensar, por primera vez en mi vida, cómo me gustaría que me recordasen.

La tarea no fue fácil, empecé por pensar en todo lo que le había enseñado y transmitido a mi hijo, pero sabía que él no se refería a ese tipo de recuerdos. Luego pensé en qué podría tener yo de especial como para que él me recordase y no encontré nada particular. No se trataba de saber que claramente él recordaría a mi nombre, mi rostro y lo que compartimos, se trataba de otra cosa, de encontrar en mi aquello especial que él pudiese recordar.

No lo encontré. Pensé, pensé y pensé y no lo encontré.

Llegó la noche y yo seguía buscando cómo responderle a mi hijo. Creo que él ya se había olvidado del tema, pero yo no.

-Hoy me hiciste una pregunta y no te respondí-le dije.

Lo dicho, no se acordaba qué me había preguntado y menos aún que yo no le había contestado.

-Cierto-dijo luego-me debes una respuesta.

-No la tengo-le contesté y él no se sorprendió.

-Mejor así, fue una pregunta con trampa-respondió y ahí la sorprendida fui yo, él continuó:

-Imagino que quieres que te recuerde bien, con amor, gratitud, con una sonrisa cada vez que lo haga. Eso puedes darlo por descontado.

Y yo respiré aliviada, pero él no había terminado.

-No sé qué recordaré especialmente, si tu risa, tu modo de decir las cosas, tu insistencia constante para haga esto o aquello. Si recordaré cuando tú eras más alta que yo o aquel conejo de peluche que me regalaste y con quien dormí cuando pequeño. Lo que sí de algo estoy seguro y ahí sí que no se tratará de recordar, sino de sentir. Te seguiré amando como hoy.

-El día que no estés ya conmigo-continuó-seguramente no me hará falta recordar nada especial en ti porque te sentiré conmigo, siempre, como hasta hoy. Juntos, en un abrazo que no solo será entre tú y yo, sino que unirá el cielo y la tierra.

Y yo me sentí feliz, el día que no estuviese, seguiría estando por siempre con él, como debe ser y no volví a preguntarme qué tendría de especial yo para ser recordada, mi hijo ya me lo había respondido.

Fin

Todos los derechos reservados por Liana Castello.

Ilustración: Anna Burighel

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