MARCOS CUADROS, de vocación pintor – Capítulo VI

Tercer cuadro – El auto de los abuelos

Cuentos infantiles sobre los buenos sentimientos

MARCOS CUADROS, de vocación pintor. Cuentos infantiles sobre los buenos sentimientos.

MARCOS CUADROS, de vocación pintor es uno de los cuentos infantiles sobre los buenos sentimientos de la escritora Liana Castello. Cuento sugerido para niños a partir de nueve años.

Como todos los domingos, Marquitos y sus papás fueron a almorzar a la casa de sus abuelos. Doña Emilia y Don José estaban discutiendo acaloradamente, tanto que casi no notaron la presencia de su hijo, su nuera y su nieto.

-Qué ya no funciona bien mujer ¿es que no lo entiendes? Es peligroso, yo sé lo que te digo.

-Eres tú que nunca manejaste bien, el auto está en perfectas condiciones-contestó Doña Emilia.

-¿Qué está pasando aquí?-preguntó preocupado Alvaro.

-Tu padre que quiere cambiar el auto que está impecable, ya no se ven autos como ese.

-Claro que no se ven mujer porque no se fabrican más, ese auto tiene más de veinte años, mira que eres testaruda.

-Yo seré testaruda y tú quieres hacerte el jovencito comprando un auto nuevo.
Julieta, Alvaro y Marquitos miraban la escena sin saber si reírse o preocuparse.

-Mamá, papá tiene razón, el auto tiene muchos achaques, no hay vez que no lo usen y que el auto no se descomponga, es hora de cambiar.

-Tu padre también tiene achaques y no lo cambio por ello.

-Mujer necesitamos un auto nuevo, ahora vienen con dirección hidráulica-decía Don José entusiasmado.

-Pues se te mojará todo-contestó Doña Emilia.

-Mamá, piensa si cambias el auto podrás tener aire acondicionado.

-Hijo por favor, mira si va a entrar un aire acondicionado en un auto, es evidente que le quieres dar la razón a tu padre de cualquier manera.

-Escuche doña Emilia-intervino Julieta pensando en cómo podría convencer a su suegra que el viejo auto necesitaba ser renovado-ahora los autos tienen air bag, gps, mp3, cd.

-Mira hija no me convencerás hablando con palabras extrañas y en otros idiomas, yo quiero mi auto de siempre, lo he tenido toda la vida, no puedo desprenderme de él.
Marquitos, que era un niño sensible, comenzó a entender que para la abuela, ese viejo auto, era mucho más que un automóvil. Eran muchos años de su vida, eran recuerdos, eran vivencias. Si ese auto se iba, su abuela sentiría que algo de su vida, se iba también.
Mientras tanto, nadie conseguía convencer a la abuela.

-Mamá, si cambian el auto verás que los de ahora son más cómodos, tienen asientos reclinables-decía Alvaro.

-Ah claro, ya veo que me siento y luego no me puedo levantar ¿no has visto que me cuesta levantarme de la silla? ¿Quieres que me tengan que sacar del auto con ayuda?

-No es eso mujer-insistía el abuelo-piensa que ya no tendrás que subir tú la ventanilla, ahora se suben solas.

-¿Y si yo no quiero que se suban qué pasa? ¿Subirán igual? No, no me entusiasma el asunto.

-¿Y si vamos a comer y dejamos este tema por un rato?-propuso Marcos.

Todos aceptaron gustosos, no tanto porque tuviesen hambre, sino porque ya no querían oír más hablar del tema del auto.

Durante el almuerzo Marquitos pensó mucho. Por un lado, sabía que ese viejo auto era un tanto peligroso para ser conducido, pero por otro, sabía que para su abuela era importante, era un trozo de su vida y que le partiría el corazón no verlo más. Y con ese pensamiento, el tercer cuadro comenzó a tomar vida.

Cuando volvieron a su casa, demás está decir, que el asunto no se había resuelto. Marquitos fue a su habitación y dibujó el auto de los abuelos, tal como era, exacto.

Luego lo pintó del mismo color, pero dejando la pintura como cuando el auto era nuevo y su color brillante y esplendoroso.

La idea de Marcos era hacer un cuadro con ese auto tan importante para su abuela y hacerlo idéntico como para que, con ese cuadro, su abuela sintiese que podía vender el automóvil y comprar uno más nuevo y seguro y que a la vez no se desprendía de él del todo.

Para el domingo siguiente el cuadro estaba terminado y realmente había quedado hermoso e idéntico al auto de los abuelos.

Marquitos lo envolvió y se lo entregó a la abuela, a quien encontró de mejor humor que el domingo pasado.

-Toma abuela-le dijo-para que no te desprendas de tu auto.

-La abuela tomó el paquete sin entender demasiado, lo abrió y vio su auto, hermoso e igual o incluso mejor, en ese cuadro parecía nuevo.

-El cuadro es hermoso Marquitos, pero temo que con él no podré ir a pasear.

-Es para que lo cuelgues y siempre recuerdes tu auto abuela, pero debes entender que tienen que cambiar el auto por uno más nuevo y más seguro, todos estaremos más tranquilos ¿no crees?

-¿Te ha convencido tu abuelo pequeño?

-No abuela, yo quiero estar tranquilo que nada les pasará y que podrán viajar seguros en auto más moderno y confortable ¿Entiendes?

Y la abuela entendió porque muchas veces para entender algo sólo basta un gesto de amor y las palabras justas.

Al poco tiempo, el abuelo compró un auto nuevo y la abuela Emilia colgó el cuadro que su nieto le había pintado en su cuarto. No fue fácil para Emilia acostumbrase a que los vidrios de las ventanillas podían subirse con un botón, pero luego de muchos intentos le divirtió el sistema y hasta se acostumbró a escuchar música en los cds que Marquitos le regaló.

Continuará…

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MARCOS CUADROS, de vocación pintor es uno de los cuentos infantiles sobre los buenos sentimientos de la escritora Liana Castello. Cuento sugerido para niños a partir de nueve años.

Capítulo V

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