La lección de Mildis

Cuentos infantiles sobre el perdón

La lección de Mildis. Cuentos infantiles sobre el perdón.

La lección de Mildis es uno de los cuentos infantiles sobre el perdón. Uno de los cuentos con valores de la escritora Liana Castello. Cuento sugerido para niños a partir de ocho años.

“Mildis” no es un nombre, sin embargo todos la llaman así.

Anita es su nombre, pero Mildis se ha convertido en su apodo y todo tiene un por qué.
Anita es un muy atropellada, nunca deja terminar de hablar a nadie. Muchas veces se lleva por delante a quien tiene en su camino y dice lo primero que se le viene a la cabeza, sin medir las consecuencias.

Como es buena, cada vez que alguien le señala que ha interrumpido pide “mil disculpas”. Cada vez que se lleva a alguien por delante (y a muchos ha hecho caer) pide “mil disculpas” y cada vez que dice algo que no es conveniente también pide “mil disculpas”, de ahí que su apodo sea MIldis.

Sus padres muchas veces le han señalado su conducta, pero Mildis no cambia, es como un torbellino de movimientos y palabras.

Al principio, con las mil disculpas alcanzaba, pero llegó un momento en que la gente se empezó a cansar.

-¿Es que no mide sus movimientos esta niña?- Se quejó la directora de la escuela mientras trataba de levantarse del piso, luego de que MIldis pasara como una tromba.

-¿Es que jamás podré terminar de contarle lo que me pasa? –se quejaba su mejor amiga, luego de tres horas de intentar contarle cómo le había ido en el fin de semana.

-¡Mil disculpas señora directora! ¡Mil disculpas mamá! ¡Mil disculpas Juanita!

Y Así todo el tiempo.

Anita creía que con pedir disculpas, todo se solucionaba y si bien es fundamental saber pedir perdón, también es importante pensar antes de hacer y pensar antes de hablar.

El día del cumpleaños de Mildis, su mamá organizó una fiesta en su casa. Anita estaba feliz, demás está decir que en sus atropellados movimientos reventó más de un globo y casi cae sobre la hermosa torta que su madre le había preparado.

Llegó la abuela y le entregó a la pequeña su regalo: era un pullover tejido con sus propias manos, al cual le había dedicado mucho tiempo y mucho amor. En rigor de verdad, el pullover no era muy bonito, tampoco estaba a la moda, pero era lo que la abuela había hecho para ella.

-¡No me gusta!-dijo la niña-¡Los colores son chillones y no está a la moda, no lo usaré!

Los ojos de la abuela se llenaron de lágrimas, sus padres la miraban dolidos y enojados.

Todos enmudecieron porque nadie sabía qué decir o qué hacer. MIldis se dio cuenta que se había equivocado como tantas veces y como tantas otras veces pidió: Mil disculpas.

Su abuela las aceptó pero no volvió a sonreír en la fiesta y tampoco probó bocado. A decir verdad, nadie comió mucho ni se divirtió pues sabían que la abuela más que enojada estaba dolida, muy dolida.

Cuando todo terminó y Anita quedó a solas con sus padres les preguntó por qué todos habían reaccionado de ese modo, por qué la fiesta no había sido divertida y sobre todo por qué su abuela no había vuelto a sonreír.

-Dices siempre lo primero que se te pasa por la cabeza y no mides las consecuencias-dijo su madre.

-Pero le pedí mil disculpas-se excusó la niña.

-Siempre haces lo mismo-contestó su padre.

-¿Es que con las disculpas no alcanza?-retrucó Anita.

-¿Sabes que no es suficiente?-dijeron ambos casi al mismo tiempo y Mildis no entendió.

Estaba a punto a aprender algo que le serviría para siempre.

-Ocurre no que puedes ir por la vida hiriendo a las personas, o llevándotelas por delante, o no dejándolas hablar y luego pedir disculpas. Debes pensar antes de hablar, dejar hablar a los otros, porque todos tienen algo interesante para decirte y porque es fundamental aprender a escuchar-dijo su madre.

-Cuando hieres a alguien, como has herido hoy a tu abuela, aunque pidas mil o un millón de disculpas, el corazón duele igual. Ella tejió ese pullover son todo su amor ¡qué importa si no está de moda! Debes ver el gesto antes que el regalo ¿cómo crees que se siente tu abuela ahora?

Mildis recordó los ojos llenos de lágrimas de su abuela, pensó en el amor que había puesto en ese regalo, el tiempo que le habría dedicado y el entusiasmo con que lo habría tejido. Por primera vez, entendió que no siempre alcanza con pedir disculpas. Entendió que pedir perdón es maravilloso pero que también lo es pensar antes de hablar o de hacer algo. Comprendió que no se puede ir por la vida a tontas y a locas y luego pedir perdón como si con esa sola palabra todo se olvidara.

El valor del perdón es inmenso y sana los corazones, pero Mildis entendió que no basta con eso, que había mucho por hacer y por aprender.

Por empezar, fue a la casa de su abuela y esta vez no le volvió a pedir disculpas, la abrazó fuerte, muy fuerte y ese abrazo sí sanó el corazón herido de su abuelita.

A partir de ese día, fueron cada vez menos las que la llamaban MIldis y muchos más las que la llamaban por su nombre, porque Anita había aprendido la lección.

Fin

Todos los derechos reservados por Liana Castello.

La lección de Mildis es uno de los cuentos infantiles sobre el perdón. Uno de los cuentos con valores de la escritora Liana Castello. Cuento sugerido para niños a partir de ocho años.

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