El hada conciliadora – Capítulo VI

cuentos infantiles
El haga conciliadora es uno de los cuentos infantiles sugerido para niños a partir de ocho años.

El hada conciliadora – Capítulo VI. Cuentos infantiles.

El haga conciliadora es uno de los cuentos infantiles. Cuento sugerido para niños a partir de ocho años.

Como era la primer hadita con la misión de conciliar, estuvo a prueba por un tiempo y si todo salía bien (cosa que todos esperaban -sobre todo el hada madre-) luego vendrían muchas más pues en el reino de las hadas, como en el mundo entero, conciliar las diferencias era cada vez más necesario.

El hadita creció, aprendió a caminar y a hablar y esto último fue lo que más colaboró con su misión.

Muy pronto en el reino ocurría un hecho que pondría a prueba los dones del Hadita Paz (así se llamaba la primera hadita conciliadora) para con todos sus habitantes.

Una vez al mes en el palacio del Hada Madre, Din y Don junto con otros duendes se encargaban de una tarea muy especial: limpiar con cuidado, esmero y mucho amor los registros que llevaban junto al hada madre. Los registros eran libros muy viejos, de páginas finas, escritos con la más bella letra, en un papel que más que papel parecía la piel de una mariposa. Eran muy bellos, muy valiosos y a la vez muy frágiles.

Para mantenerlos en buen estado y que el polvo que se acumulaba no los dañara, una vez por mes y muy cuidadosamente, se colocaban todos los registros en la sala principal del palacio sobre una gran mesa y se limpiaban.

Para poder quitarles el polvo con sumo cuidado los duendes usaban unos plumeritos hechos especialmente para esta tarea. Los confeccionaban unos duendes artesanos con tiernas ramitas de árboles y plumitas de patos, gallinas y pollos que eran pedidas con un gran por favor a cada animalito y recibida con otro gran gracias por su generosidad. Nunca hubo necesidad de arrancar ninguna pluma a ningún animalito porque ellos, sabiendo que eran necesarias para esa tarea, las dejaban caer de sus cuerpos muy contentos de sentirse útiles.

Din y Don, con ayuda de otros duendes, colocaron los registros en la mesa.

Era un día soleado y las ventanas de la sala estaban abiertas.

-¿Si cerramos las ventanas?-Preguntó Din.

-¿Por qué habríamos de cerrarlas? Es un día hermoso, no creo que llueva, es más, consulté al hada del tiempo y me dijo que no se avecina tormenta.

-Por las dudas, no sea cosa que el hada se equivoque y tengamos problemas-contestó Din.

-¡Eso es llamar a la desgracia! Si el hada dijo que no habrá tormenta pues no la habrá.

Sin embargo, el hada había hecho mal sus cálculos y de pronto el cielo comenzó a oscurecerse y se desató un viento huracanado.

Las ventanas abiertas dejaron paso al viento que sin piedad voló las frágiles hojas de los registros. En unos minutos las páginas de los libros volaron por los aires, algunas quedaron en el piso, otras volaron hacia afuera del palacio, lejos, bien lejos.

-¡Te dije, te dije que había que cerrar las ventanas! ¡Ahora si tenemos una desgracia en puerta!-Gritó Din.

Entró el hada madre y no podía creer lo que veía, los duendes ayudantes lloraban sin consuelo, Din y Don discutían sin parar, todo era un verdadero caos.

– ¡El hada del tiempo no sabe nada! Ella es la culpable de este desastre-gritaba Din-¡Y tú que no quisiste cerrar las ventanas!-dijo señalando a Don.

– ¡Por favor no desesperen!-pidió el hada madre-no lograremos nada gritando y llorando.

Cuando Paz, el hadita, llegó supo que ése sería su primer gran desafío como hada conciliadora.

Contiuará…

Todos los derechos reservados por Liana Castello

Ilustración de MARIA GRANADERO
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web Art Maria Granadero

Capítulo V

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