Capítulo III – Perro se busca

AYELEN ROMERO

Cuento infantil sobre las mentiras sugerido para niños a partir de nueve años.

Nicoletta volvió a su casa pensando en cómo había hecho callar a la niña que tanto la molestaba.

La idea realmente la divertía. Recordaba la cara de asombro de la molesta pequeña cuando ella había inventado a su mascota y le encantaba haberla hecho callar de ese modo.

No se había puesto a pensar en que había mentido y en que podía estar metiéndose en un problema, se puso a ver televisión. La cara de su compañera aparecía en cada dibujito y en cada programa que miraba Nicoletta y eso la hacía reír.

La risa desapareció cuando tocaron el timbre y una visita inesperada llegó a su casa.

Era la molesta niña que venía, precisamente, a seguir molestando.

-He venido a conocer a tu perrito-dijo con un gesto tan amable, como poco creíble.

Nicoletta enmudeció, cosa extraña en ella. No sabía qué decir ¿Qué haría ahora? ¿Cómo decirle a esa niña que no existía tal perro? Podría haberle dicho la verdad, pero no, no lo hizo.

-¿Me vas a mostrar a tu perrito sí o no?-preguntó con impaciencia.

-¡Pero qué lástima!-dijo Nicoletta a quien empezaba a divertirle seguir con la mentira- has llegado en mal momento, mis papás lo llevaron a la veterinaria para vacunarlo.

-No importa, los espero, tengo tiempo-dijo la compañerita que ya quería acomodarse en un sillón.

-Imposible, me han llamado recién para avisarme que había ciento ocho personas antes que ellos.

-Ciento ocho ¿no será demasiado? ¿Estás segura?-preguntó la niña intentando ahora acomodarse en una silla.

-Estoy completamente segura-dijo Nicoletta tomándola del brazo-Mira no quiero hacerte perder tiempo, seguro tendrás cosas que hacer, ven mañana y te presentaré a mi perrito.

La compañerita se fue y un nuevo problema llegó para Nicoletta. Tenía que conseguir un perrito para el día siguiente.

¿Por dónde empezar? Pedir un perro a sus padres era imposible, debía conseguir un perro prestado, un perro por un día.

No sería fácil, pero tampoco imposible pensó la niña. Comenzó a pensar en todos los vecinos que tenían perro, pero ¿qué les diría? ¿La verdad? No, seguro que no. Sin dudas sus vecinos, le dirían que no estaba obrando bien. ¿Cómo ir casa por casa pidiendo un perro, con qué excusa, por qué motivo?

Como fuera, necesitaba un perrito para el día siguiente y lo iba a conseguir. Luego de varios intentos fallidos, algunas caras de sorpresa y otras de desconfianza, llegó a la casa de Doña Elisa, una abuelita que tenía varios perritos y muy mala memoria.

-Alguno le sobrará-se dijo Nicoletta- no le molestará un perro menos durante una tarde.

Tocó el timbre y salió Doña Elisa con sus cinco perritos.

-Hola pequeña ¿en qué puedo ayudarte?-preguntó la anciana.

-Hola señora, quería saber si sería tan amable de prestarme uno de sus perritos.

-Dime pequeña ¿en qué puedo ayudarte?

-Le decía si podría prestarme uno de sus perritos.

-Ah sí lo había olvidado ¿Regalarte un perro? No entiendo pequeña ¿quieres un perrito? Pero no puedo regalarte ninguno, los quiero a todos, espero sepas entender.

-No Elisa no me está entendiendo, yo quiero que me de uno de sus perros sólo por una tarde.

-¿Quieres alquilar un perro? No tampoco pequeña, yo no comercio con mis mascotas.

-No Elisa, sólo necesito uno de sus perritos en préstamo, es un ratito nada más. Lo necesitaría para mañana a la tarde, debo hacer un trabajo de ciencias naturales sobre mascotas y como yo no tengo, pensé hacerlo con alguno de los suyos.

-Perdona pequeña ¿qué me decías? Ah ya recuerdo, necesitabas un perro para ¿para cuándo era? Ah ya me acuerdo, para mañana. Bueno pequeña, si es para estudiar, te prestaré a uno de mis perritos. Ven mañana ¿Era mañana no?

-Si Doña Elisa, mañana estaré por aquí, muchas gracias.

Nicoletta volvió al día siguiente, deseando con toda su alma que doña Elisa recordara lo que habían hablado y le prestase a alguno de sus perros. En realidad la niña quería llevarse a uno de raza muy poco vista que tenía la anciana, pero no tuvo suerte.

Salió a recibirla Doña Elisa, quien sorprendentemente recordaba lo hablado el día anterior y tenía en sus brazos a Hotdog su perro salchicha.

Nicoletta no podía decirle que un simple y común perro salchicha no cubriría las expectativas de la molesta compañera, y se lo llevó, con la promesa de devolverlo por la nochecita.

Continuará…

Ilustración: Ayelén Romero

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Capítulo II

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