Premio por su honradez

NIÑA SALTANDO

Premio por su honradez

Esta historia que hoy te narro
sucedió hace muchos años;
es un cuento ya de antaño,
que te llevará en un viaje,
con un lindo personaje;
¡Quien un día fue premiada
por ser muy buena y honrada!
Se llamaba, Marisol.

Esa bella jovencita
desde que era muy chiquita
se quedó ella huerfanita;
y así, desde pequeñita,
vivía ella solita
en una pequeña choza,
hecha de pura broza,
en el campo, junto al río.

Marisol, en primavera,
cortaba en el campo flores,
flores de todos colores;
y cortaba las mejores,
las más lindas de las flores;
y al mercado las llevaba
donde ya las comerciaba.
Día a día trabajaba.

Mas, un día como todos
que la bella, Marisol,
bajo los rayos del sol,
caminaba y se agachaba
y las flores ya cortaba,
divisó, cerca de ella,
una flor que como estrella
¡irradiaba mil colores!

¡La más bella de las flores!
¡Ninguna flor como aquella!
¡De todas, la flor más bella!
Pensó, Marisol, entonces:
-Quizás diez, o quizás once,
centavos yo ganaré.
Muy cara la venderé-
Y a cortarla pronto fue.

Mas, al tenerla de frente,
Marisol, se arrepintió
e intacta la dejó;
ni un pétalo le tocó…

Y en segundos sucedió
que ante sus ojos la flor,
de esplendoroso color,
en hada se convirtió;
y bañada en esplendor,
bajo los rayos del sol,
se inclinó hacia Marisol
y con sonrisa que agracia
le dijo: “Te doy las gracias
por perdonarme la vida.
Te estoy muy agradecida,
y un secreto te diré”.

Marisol, quedó asombrada
de ver tan preciosa hada,
pero, se quedó callada
y puso mucha atención;
escuchaba con razón
lo que el hada le informaba.
Mucha atención le prestaba…
Le interesaba el relato.

El hada le platicaba
que allí en las aguas del río
un pez color amarillo
desesperado ya estaba
porque trataba y trataba
de sacarse un brazalete
que ensartado ya muy fuerte
en su cuerpo lo tenía.

“¿De quién es el brazalete?”
Marisol interrogó.
Y el hada le contestó:
“Es de una linda princesa
que de tristeza ya es presa.
Profundo es su malestar
y no cesa de llorar”.
“¡Es muy triste su quejar!”

“Se le perdió cuando andaba
junto al río caminando;
contenta, sí, disfrutando
de un maravilloso día.
¡Todo en ella era alegría!
Mas, de pronto tropezó;
y, cuando al suelo cayó,
sin poder ella evitarlo,
del precioso brazalete
el broche se desprendió;
del brazo se le zafó.
Sus damas de compañía,
que la cuidan noche y día
atajarlo ellas quisieron
mas lograrlo no pudieron…”

“¡La corriente lo arrastró!”
“Y a lo profundo del río
se fue así la joya hundiendo,
poco a poco sumergiendo,
cuando en el pez amarillo
se ensartó como un anillo,
sin poder el pobre pez
impedirlo. Como ves,
interesante es la historia.

Y te la platico a ti,
porque eres honrada y buena;
y, siendo la joya ajena,
sé que la regresarás,
que a la dueña la darás.
Anda ahora. Ve tú al río.
Busca ya al pez amarrillo.
El brazalete rescata”.

“¿Cómo lo podré encontrar?”
Marisol le respondió.
“¿Cómo voy a saber yo
donde está el pez amarrillo…?
¡En tan grandísimo río
no será fácil buscarlo
para poder atraparlo!”
“¿Crees tú que podré hallarlo?”

Y el hada le contestó:
“Lograrlo sí que podrás.
No te impacientes, nomás.
Sé, que hallarás en el río
al pececito amarillo;
aquel que en su cuerpo brilla
esa linda maravilla
de zafiros y diamantes”.

“Cuando contigo lo tengas,
¿ves aquel lindo castillo
construido de ladrillos?
Allí vive la princesa
que ya muere de tristeza.
Devuélvele la alegría
que en sus ojos ya no brilla”.
“¡Y un gran premio te dará!”

“Anda, pronto, Marisol.
Ve busca tú ya en el río
al pececito amarillo”.
Corriendo fue Marisol,
bajo los rayos del sol,
a buscar al lindo pez.
Caminó con rapidez
por aquel largo sendero.

Y cuando ella al fin llegó,
entre las aguas del río
buscaba al pez amarillo.
Lo buscaba y lo buscaba;
de norte a sur caminaba.
Por todos lados miraba
pero, no, no lo encontraba…

Mas, cuando a punto ella estaba
de darse ya por vencida
en el río ella vio
algo que se movió.
Era un lindo pececillo,
¡y era color amarillo!

Se miraba ya agobiado,
todo desesperado,
porque quería nadar
para buscar que comer;
mas algo, que bien brillaba,
metido en su cuerpo estaba,
sin permitirle nadar
para comida buscar…
¡Era el lindo brazalete
que ensartado estaba fuerte
en su lindo cuerpecito!

Marisol se metió entonces
entre las aguas del río
y al pobre pez amarillo
lo pudo al fin atrapar.
En sus manos enlazar;
y aunque agitado brincaba,
y casi se le zafaba,
Marisol, pudo por fin
el brazalete sacar
del cuerpo de aquel pescado
que al sentirse liberado
de sus manos se soltó
y al agua pronto brincó;
yéndose feliz nadando
y su nado aligerando
para buscar que comer
porque de hambre se moría…

Mientras tanto, Marisol,
bajo los rayos del sol,
asombrada ella miraba
lo precioso que brillaba
el hermoso brazalete;
su brillo era muy fuerte
cuando el sol en él pegaba;
y agarrándolo muy recio
del río ella salió
y en su bolsa lo guardó.

Remojada ella estaba,
mas con el sol se secaba
mientras ella caminaba;
hacia el castillo avanzaba,
y en la princesa pensaba,
lo triste que se encontraba.

Cuando, Marisol, llegó
con sus nudillos tocó,
un soldado a ella le abrió
y el nombre le preguntó.

Al soldado contestó:
“Marisol, me llamo yo,
y a la princesa buscaba
porque, lo que ella perdió
dígale que lo encontré.
Qué triste más ya no esté”.
¡Y el brazalete sacó;
al soldado lo enseñó!

El militar con buen trato
le dijo: “Espera un rato
yo mismo le avisaré”.

La princesa muy feliz
minutos después llegó
y cuando el brazalete vio
le dijo así a Marisol:
“De nuevo ha brillado el sol
en mi vida y en mi ser
porque vuelvo yo a tener
en mis manos esta joya”.

“Este lindo brazalete,
que me regaló mi padre,
el cual era de mi madre
a quien yo no conocí
pues murió cuando nací.
¡Has hecho feliz mi vida!
¡Te estoy muy agradecida!
Por eso ahora te pido
que seas mi compañía.
Que vivas aquí conmigo.
Yo te he de brindar abrigo
aquel que nunca has tenido.
¡Llevarás tú mi apellido!
Mi hermana menor serás.
Mucho cariño tendrás…
Acéptalo te lo pido”.

Desde entonces, Marisol,
feliz siempre, ella está;
y a veces al campo va.
A ver la flor, se va ella,
que bello color destella
y con el sol ya centella.
¡La de todas, la más bella!
¡Las gracias le brinda ella!

Fin

Cuento infantil en rima sugerido para niños a partir de siete años.

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