Tinín el pajarito bondadoso

Tinín el pajarito bondadoso

Tinín el pajarito bondadoso

Tinín el pajarito bondadoso. Cuento infantil con valores en idioma español, sugerido para niños a partir de ocho años.

Tinín era un jovencito canario precioso. Sus trinos, sus cantos alegraban el silencio del bosque cada amanecer.

Vivía con Lolo, su padre y con Lina, su madre, dos preciosos ejemplares de pájaros cantores, que le habían transmitido ese amor a la música y ambos, dos consumados artistas le enseñaron con paciencia y amor a su único hijo, Tinín, los giros más espectaculares, las melodías más complicadas, toda su sapiencia musical, conscientes de su auténtica valía para el canto, para lograr que un día fuera el más famoso, en varias millas a la redonda.

Cada día llegaban hasta las proximidades de su nido, ubicado en Pajarilandia, un montón de animalillos, que disfrutaban escuchando los giros musicales más increíbles y la pureza de unos trinos que deleitaban sus sentidos, que eran como un canto de agradecimiento, de Tinín, al Creador, por haberle regalado unas cualidades musicales, tan elogiadas por los especialistas de esa zona geográfica y de otras limítrofes.

Pero Tinín era además un pajarito muy solidario y generoso. Se esforzaba cuando concluían sus sesiones de canto; que además de sus padres, le impartían los maestros canarios más prestigiosos y las aves cantoras más célebres de toda Pajarilandia, en clases particulares; por volar hasta los campos donde florecían las espigas y con su pico arrancaba los mejores granos y se los llevaba a los pájaros ancianos, que por su avanzada edad no podían salir de sus nidos, a buscar el cotidiano alimento.

También ayudaba a pájaros hembra cuyos consortes habían muerto, o caído en las trampas de los cazadores de pájaros, a alimentar a sus hijitos, llevándoles, además de los granos de cereales, las lombrices y gusanitos que cazaba junto al río.

Todos los pajarillos del bosque se sentían orgullosos de Tinín y su fama de bondadoso se extendió mucho más allá de los límites geográficos de Pajarilandia.

Cuando tras una grave inundación, Tinín, no pudo salir de su nido para llevarles alimentos a sus pájaros protegidos y pensó que ellos podían morir de hambre; les pidió a sus padres que le dieran parte de sus provisiones, que guardaban en la despensa de su amplio y confortable nido familiar, para repartirlas entre los más necesitados.

Lolo y Lina, le explicaron a su hijo que esas provisiones, que les pedía, eran necesarias para que ellos tres se alimentaran, hasta que las aguas volvieran a su cauce y el cabeza de familia pudiera volar de nuevo, en busca del alimento para su familia.

En vano, Tinín, les rogó, les dijo a sus padres que él se sacrificaría y solamente haría una comida al día, para que esos granos y gusanitos, que él no consumiría, pudiera llevárselos a los pájaros, de edad avanzada o a las hembras, que no podían salir de sus nidos, al faltarles el consorte, y que tenían que proteger de otros grandes depredadores a sus hijitos muy pequeños.

Tinín estuvo varios días cantando melodías muy tristes, ante la desesperación de sus padres, que aspiraban a que en el teatro real de Pajarilandia, la capital de los pájaros y de otras aves cantoras, su hijo, Tinín, ganase el primer premio del gran Certamen Internacional de Trinos, que allí cada dos años se celebraba y al que acudían, para participar en él, los mejores pájaros cantores del mundo.

Además en esa edición había un premio muy especial. Al pájaro que mejor cantase, el rey Pajarón I le concedería la mano de su bellísima heredera, la princesa Linda Flor, convirtiéndose en legítimo heredero al trono, ya que el monarca se encontraba muy débil y enfermo.

Pasaban los días y Tinín se desesperaba al ver que en su casa no faltaban los alimentos y pensó, que al contrario de lo que a su familia le sucedía, por no poder ayudarles, muchos pajarillos no tendrían, por culpa de la grave inundación, alimentos para subsistir y que si él no lo remediaba pronto, morirían sus amigos y protegidos de inanición.

Una mañana en la que no recibió, como era sus costumbre, la salida del Sol con sus trinos alegres de bienvenida, un hada, llamada Luzlinda, se posó cerca de la rama donde estaba posado Tinín, muy triste y tras saludarle le dijo:

—Hola, Tinín, he venido para ayudarte, porque este bosque ha perdido su encanto, al no impregnarse de tus canciones maravillosas y de tus incomparables trinos. Yo puedo resolver tu problema y podrás ayudar a tus amigos, aunque a cambio tendrás que sufrir del tormento de las espinas que se clavarán en tu cuerpecito y perderás poco a poco tu voz, hasta convertirte en un pájaro mudo.

Tinín se quedó un instante meditando en silencio. Pensó que el sacrificio era muy duro, que él aspiraba a darles una gran satisfacción a sus padres, que tanto dinero se habían gastado en su formación y perfeccionamiento musical y que se habían esforzado para que él aprendiera todos los secretos del canto más refinado e indescriptible. Si se quedaba mudo y no podía cantar más, su vida se tornaría insoportable y sus padres y él se morirían de pena.

Por otra parte, temía que esas espinas clavadas en su cuerpo, podrían producirle grandes dolores y llegaría un momento que desearía morir, para librarse de los terribles pinchazos de esas espinas, que el hada le dijo se le irían incrustando entre su vistoso plumaje amarillo como el oro.

Su vida se transformaría totalmente, pero el sacrificio merecía la pena—pensó, si otros pajarillos podían seguir viviendo con los alimentos que él les entregase—. Y con valentía, le dijo al hada que aceptaba el reto y que quería ayudar a sus amigos.

El hada impregnó sus alas con un líquido transparente, para que pudiera volar hasta lo alto del Monte Tenebroso, donde encontraría todos los alimentos que podía utilizar para salvarles la vida a sus amigos. Pero antes de llegar a la comida, tendría que atravesar la red de ortigas venenosas que protegían el gran depósito de: grano, de lombrices, moscas y otros gusanitos; donde podría surtirse adecuadamente para realizar su noble función benefactora.

Sin decirles nada a sus padres, Tinín, al amanecer, ligero como una pluma voló con una rapidez sorprendente y pronto alcanzó la cima del Monte Tenebroso. La intensa niebla y el frío dificultaron su misión, pero él no se acobardó. Todo lo contrario al ver las enormes ortigas venenosas, que protegían celosamente los alimentos, se lanzó en barrena hacia ellas y notó que una espina se le clavaba en el cuerpo, produciéndole un gran dolor.

Con un buen cargamento de alimentos, él a continuación se dirigió a los nidos amigos y socorrió a los pájaros que en ellos estaban a punto de perecer de hambre. Feliz pero con mucho dolor volvió a su nido.

Sus padres observaron alarmados que llevaba una gran espina clavada y la palabra “Do”, como la nota musical, grabada en su bello plumaje.

Llamaron a varios doctores que en vano trataron de quitarle la espina, pero estaba tan profunda, que no lo lograron y el pobre, Tinín, observó además que sus trinos eran opacos y poco gratos para el oído. La advertencia del hada se había confirmado.

Faltaba tan solo una semana para el gran Certamen Internacional de Trinos y cada día, Tinín, haciendo un gran esfuerzo, se dirigió al Monte Tenebroso para recoger sus alimentos, al tiempo que iba recibiendo el castigo insoportable de una espina nueva clavada en su cuerpo. Pero al mismo tiempo en su plumaje aparecieron impresas las notas: “Re-Mi-Fa-Sol-La y Sí”.

El séptimo día, víspera del Certamen Internacional de Trinos, Tinín, exhausto y totalmente mudo, se acostó en su lecho de plumas y rezó para que Dios le llevara consigo, ya que no podía soportar el gran dolor que le producían las siete grandes espinas que asaetaban su plumaje y cuerpecillo.

Cuando al amanecer siguiente, los `primeros rayos de luz iluminaron su nido, Tinín, se levantó de su lecho de dolor y comenzó a lanzar a los cuatro vientos los trinos más armoniosos, notas puras como el cristal, como la nieve del Monte Tenebroso y de nuevo numerosos animalillos alborozados, acudieron en tropel hasta los pies del árbol donde estaba situado el nido de Tinín y sus padres.

Entonces apareció el hada Luzlinda, más hermosa y resplandeciente que nunca y le dijo a Tinín:

—Eres el canario que mejor cantas en todo el mundo. La sabia combinación de cada una de las notas musicales que te proporcionaron las espinas que se clavaron en tu cuerpo; forman unas canciones, giros y tonos incomparables y que ningún pájaro ha sido, ni será en el futuro, capaz de superar.

Pero además de ser un cantor excepcional, tu bondad y generosidad, te han hecho merecedor del premio, que en unas horas vas a conseguir en ese magno Certamen. Gracias por darnos a todos este ejemplo vivo de amor y generosidad hacia tu prójimo, Tinín.

Pero si yo no me he apuntado al Certamen y no hay tiempo para inscribirme ya—dijo Tinín al hada.

—No te preocupes que lo he hecho yo por ti. Estás inscrito y actuarás en el décimo lugar, cerrando con la que será tu actuación magistral, este gran Campeonato—le dijo el hada dándole un beso de fuego y nieve en sus mejillas a Tinín, que se frotaba los ojos pues creía estar soñando.

Cuando comenzó unas horas después el Concurso Internacional de Trinos, nueve grandes artistas pusieron al público en pie, con sus melodías muy armoniosas. El último en actuar fue Tinín, que llegó acompañado por sus padres Lolo y Lina.

Tinín comenzó a desgranar una mágica combinación de notas puras, limpias, como las aguas del arroyo, como la nieve virgen del Monte Tenebroso. Fue un deleite indescriptible para los oídos de los numerosos espectadores y críticos de los medios de comunicación, que asistieron y retransmitieron para todo el reino de Pajarilandia, tan magno evento musical.

El jurado lo decidió por unanimidad. Tinín fue el justo ganador y el rey Pajarón I, además de la gran copa de campeón y de una importante suma de dinero, le concedió a Tinín la mano de su hija la princesita Linda Flor.

Dice la historia que una mañana de primavera, en el palacio del rey Pajarón I, se celebró, con gran brillantez, la boda de Tinín con la princesa Linda Flor, ante cientos de animalillos del bosque y de las principales familias de Pajarilandia.

Tinín, unos meses después, se convirtió en rey y tuvieron tres pajaritos, unos hijos que heredaron la calidad artística y musical de su padre y la belleza de su madre. Fueron tiempos muy buenos para los animalillos del bosque y para los súbditos de Tinín, quien siempre veló para que a ninguno de ellos le faltase el alimento, ni el dinero.

Fin

Recordad amiguitos/as, que si sois generosos/as como Tinín y ayudáis a vuestro prójimo, Dios os ayudará a vosotros. Y además estad seguros de que nunca os faltará, en vuestras vidas, algo tan valioso como es la FELICIDAD.

Puedes seguir leyendo: Cuentos infantiles

Tinín el pajarito bondadoso. Cuentos con moraleja, cuentos cortos con mensajes y valores. Lecturas para niños de primaria. Reflexiones para toda la familia.

Imprimir Imprimir

Comentarios