Tenacitas en peligro

Tenacitas en peligro

Tenacitas en peligro

Tenacitas en peligro. Los mejores cuentos.

Tema del cuento: Ser prudente ante el peligro.

 

  Tenacitas, era un cangrejito pequeño que vivía en una playa muy bella, junto a sus papás y cuatro hermanos más, todos mayores que él.
  La verdad es que Tenacitas daba un poco de trabajo no sólo a sus padres, sino a sus hermanos también.
  Todos estaban pendientes de él y de las cosas que hacía pues no sólo nunca se quedaba quieto, sino que parecía tener una fascinación especial por el peligro.
  No tenía miedo a nada. Tampoco quería entender que había que ser prudente con algunas cosas. Tenacitas tenía mucho que aprender.
    Cierto día el pequeño cangrejito vio cómo unos pescadores ataban sus anzuelos a las cañas de pescar y las elevaban muy pero muy alto, para luego introducirlas en el mar.
– ¡Quiero volar como esas lombrices! Dijo Tenacitas a uno de sus hermanos.
– Ni lo sueñes hermanito. Podrías desprenderte de la caña, lastimarte o peor aún, algún pez gordo te comería seguramente.
– ¡Pues que me agarre si puede! Dijo nuestro amigo y salió corriendo.
   En un descuido del pescador, tomó el anzuelo con su boca y lo sujetó mordiéndolo. Así se quedó durito dispuesto a hacer el vuelo de su vida.
  Lo que no tuvo en cuenta el pequeño fue el susto del pescador cuando, en vez de una lombriz, encontró un cangrejo en su caña. El grito se escuchó hasta el balneario vecino justo donde fue a parar Tenacitas luego de que el pescador se repusiera del susto y lo arrojara por los aires como a una brasa caliente.
   – ¡Esto es vida! ¡Estoy volando! Gritaba loco de contento el pequeño cangrejo sin darse cuenta que había puesto en peligro su vida.
  El regresar a su playa, sus papás y hermanos lo retaron, pero él no le dio mayor importancia.
– Sos muy imprudente Tenacitas, algún día tendrás un serio problema. Dijo su papá.
– ¡Qué exagerados! Por un paseito al balneario vecino tanto escándalo. Respondió el pequeño.

   A la semana siguiente y mientras tomaba sol con sus hermanos mayores Tenacitas vio como unos muchachos hacían surf con unas tablas muy hermosas y a gran velocidad.

  – ¡Cómo me gustaría surfear a mi también! Pensó el cangrejito. No dijo nada pues sabía que le dirían que no lo intente. Espero a que sus hermanos hicieran su acostumbrada siesta bajo el sol y apenas pudo, salió corriendo hacia la orilla.
  Nadó como nunca antes y alcanzó al joven y a su tabla de surf. Como pudo subió a ella. Empezó a resbalarse El joven sin darse cuenta lo  pisaba a cada rato, la velocidad era más de la que nuestro amiguito había pensado. Por un momento empezó a temer, pero su amor por el peligro pudo más y empezó a disfrutar de la situación.
  De repente,  como de la nada, una ola inmensa se abalanzó sobre él y lo metió mar adentro.

– ¿Qué haces aquí se puede saber? Preguntó una estrella de mar poco acostumbrada a ver cangrejos por esas profundidades.
– ¡Guau! Vengo de surfear. No te das una idea lo lindo que es. Tenacitas le contó su experiencia a la estrellita, quien lo escuchaba sin entender demasiado.
– No sabía que los cangrejos hacían esas cosas, comentó su nueva amiga.
– Los cangrejos comunes no, sólo los que no tenemos miedo a nada.

Dicho esto, comenzó a nadar para salir a la superficie y volver a su casa. Cuando asomó sus ojitos saltones, vio a toda su familia desespera y llamándolo a los gritos.

– ¡Calma! ¿Por qué tanto griterío? Preguntó el imprudente cangrejito. ¿Es que no se puede surfear en esta playa?
– ¿No te das cuenta hijo? ¡Pensamos que te habías ahogado, que te habíamos perdido para siempre! Lloraba su mamá.
– ¡No es para tanto mami, Uds. se hacen demasiado problema, así se van a arrugar todos  y parecerán tortugas marinas ja!
– No estamos para bromas Tenacitas, lo que hiciste es muy peligroso. Dijo enojado su papá.
– ¡Son muy exagerados, realmente no es para tanto! Un poco de acción nunca viene mal.

Era evidente que nuestro amiguito no entendía lo que los suyos le querían decir.

A la semana siguiente, vio a una familia haciendo pic nic en la arena. Había mucha comida y toda muy rica.
Esperando un descuido de sus hermanos que tenían encomendado no dejarlo ni a sol ni a sobra, caminó hasta donde estaba la familia, el mantel en la arena y por supuesto la comida. Sabía que no era una buena idea, que acercarse tanto podría tener un riesgo, pero una vez más eligió ponerse en peligro.
Dispuesto a abalanzarse sobre un riquísimo queso, fue descubierto por el más chiquito de la familia, un niño al que le encantaban los animales.

– ¡Miren esto, un cangrejo! ¿Me lo puedo llevar a casa mami? Preguntó el niño ante la sorpresa y susto de Tenacitas.
– Si lo vas a cuidar si. Le contestó la mamá, quien no tenía idea que un cangrejo no es un animal que uno pueda tener en un hogar.

   Muy feliz, el niño colocó al cangrejito dentro de un frasco al que le agregó un poco de arena y agua y le hizo una agujeritos a la tapa.
  Tenacitas comenzó a gritar, se dio cuenta que estaba en verdadero peligro. Supo que si salía de la playa en ese frasco, jamás volvería a ver a su familia.
  Tanto gritó que finalmente sus hermanos lo escucharon. No podían creer lo que veían. Una familia se retiraba de la playa y un niño muy sonriente se llevaba a su hermanito menor en un frasco.
  Decididos a rescatarlo, sus hermanos, sus papás y cuanto cangrejo andaba por la playa se lanzaron hacia la familia, quien al ver la cantidad que eran se asustó y mucho.
  En el lío que se armó, el pequeño trastabilló, dejando caer el frasco que, por suerte para Tenacitas, se rompió en varios pedazos, liberándolo.
  Habiendo logrado su cometido, todos los cangrejos, incluido nuestro imprudente amiguito salieron corriendo y dejaron a la familia muy asustada y al niño llorando por haber perdido a su nueva mascota.
  Esta vez sí que Tenacitas supo lo que era el miedo. El sólo hecho de pensar que no volvería a ver a su familia, le dio terror.
  Abrazado a su mamá, pensó en todas las veces que le habían advertido que tuviera cuidado y él no había hecho caso.
  Hay quienes necesitan que le pase algo realmente feo para darse cuenta que se debe ser prudente.
  Hay que decir que luego del episodio del frasco, Tenacitas cambió mucho, pero más aún cambió la vida de sus padres y hermanos quienes pudieron descansar tranquilos, sabiendo que ahora el pequeño sabía cuidarse bien.  

Para pensar con papá y mamá:

– ¿Sabés qué es el peligro?

– ¿Qué cosas son peligrosas para un niño,  por ejemplo?

– ¿Hacés caso a tus papás si te dicen que algo no es bueno para vos?

– ¿Entendés que lo hacen por tu bien o te enojas?

 

Tenacitas en peligro. Cuentos con moraleja, cuentos cortos con mensajes y valores. Lecturas para niños de primaria. Reflexiones para toda la familia.

Imprimir Imprimir

Comentarios