Ratón Ton Ton. Cuentos con moraleja

RATON ANIMADO

Raton ton ton es un cuento de la colección cuentos con moraleja de nuestra escritora de cuentos infantiles Sara Cartes Muñoz sugerido para niños a partir de diez años.

Hace mucho tiempo, en medio de un gran campo de espigas amarillas, dormía plácidamente el despreocupado ratón Ton Ton. Su pancita subía y bajaba acompasadamente, mientras la brisa despeinaba sus bigototes oscuros. Soñaba que dormía entre unos leños, junto a un gran fogón, y a un calor exquisito.

De pronto, sintió que su rabo ardía. Abrió los ojos y una llama anaranjada chamuscaba el extremo de su cola.

_ ¡Oh! ¿Hacia dónde escapar? No tuvo tiempo de pensarlo. Corrió hacia uno y otro lado, pero no logró encontrar un espacio sin fuego.

_ ¡Cielos, cuánto calor! Por fin, una rama baja le pareció una buena salida. Saltó, trepó, y ya está. Pero el humo lo cegaba y lo obligaba a toser. Cuando miró hacia los lados descubrió muchos ojillos asustados, subidos al mismo árbol. ¡Tan bien que había estado viviendo entre esas calentitas pajas, con tantos granos maduros para saborear cada día!, pensó.

Desde lo alto de la rama, todos los redondos y asustados ojillos, observaron cómo los hombres caminaban por la orilla del potrero una y otra vez, hasta que las pajas dejaron de humear.

La realidad los golpeó fuerte: ¡Ya no podrían vivir ahí! Habría que buscar un nuevo hogar.

Cuando las voces de las personas dejaron de oírse, lentamente bajaron a la tierra aún caliente.

Caminaron en grupos, asustados, sigilosos, atentos, temiendo escuchar el furioso crepitar del fuego. Traspasaron cercos y más cercos, hasta encontrar una pila de gruesa tablas que les parecieron un buen escondrijo. Ya llegaba la oscuridad de la noche, que les permitiría seguir buscando dónde encontrar alimentos y guaridas. Cada uno se echó y cerró los ojos para recuperar fuerzas.

Un resoplido caliente remeció los bigotes de ratón Ton Ton. ¿Habría renacido el fuego? ¡Nooo!

Lo sobresaltaron unos ladridos furiosos y nuevamente tuvo que huir. Sus ojos crecieron y se acomodaron a la oscuridad. Avanzó ágilmente por los maderos de un cerco alejándose prontamente de los furiosos perros.

Ya lejos, bajó justo al lado del tronco de un enorme árbol, de cuyas ramas, a cada instante, caían unas bellotas, que más parecían aceitunas con sombreros verdes.

_ ¡Mmmmm…! ¡Qué deliciosas!

Comió hasta que la abultada panza, apenas le permitía caminar. Restregó sus manitas olorosas a encinas sobre su cara y abdomen, para quitarse el olor a pelos chamuscados, que aún persistía.

Después de tanta merienda resultaba urgente reposar. Se tendió de espaldas, y ni bien terminó de apoyar la cabeza sobre sus brazos, comenzó a roncar y a soñar. Estaba nuevamente en su casa entre las amarillas pajas. Sonreía satisfecho y tranquilo, pues para encontrar algo de comida, sólo caminaba un par de metros y ya la tenía.

¡Ping! Una bellota dio de lleno sobre su nariz. Dolió bastante, pero fue bueno despertar para recomenzar la búsqueda de una nueva guarida, pensó. Con dificultad, se incorporó y caminó arrastrando la barriga. Más allá, vio a unos conejos que se movían velozmente, apareciendo y desapareciendo entre las hierbas. Se detuvo a observarlos. Luego, se acercó, descubriendo que con mucha rapidez, los padres, entraban y salían de una pequeña caverna en el centro de un tronco caído.

_ ¡Hola! ¿Puedo ayudarlos? _preguntó ratón Ton Ton.

_Ya casi estamos terminando. Viviremos aquí _fue la respuesta.

_ ¿Tendrán un espacio pequeñito donde yo pueda estar? No molestaré. Al contrario, trabajaré mucho para guardar comida para el invierno y la podremos compartir.

Papá conejo miró a su esposa, que estaba rodeada de sus ocho hijitos. Los gazapitos parecían motitas de algodón marrón con un par de orejitas levantadas, moviéndose incesantemente.

_ ¿Estás solo? ¿No tienes esposa?

_ ¡Como lo ves! Estoy un poco viejo y cansado, _dijo ratón Ton Ton. Este invierno estaré muy solo.

La mamá coneja puso unos ojos muy tristes. Luego de mirarla, papá conejo dijo:

_ ¡Está bien! Puedes quedarte. Tenemos unas cuantas habitaciones. Allí cerca hay una vertiente, donde podrás asearte cada día.

_ ¡Gracias! ¡Muchas gracias!

Ratón Ton Ton caminó por entre las hierbas más verdes, hasta llegar a un pequeño surco de agua. Se desplazó por sobre una rama que lo cruzaba, y ahí se quedó muy quieto, mientras veía su reflejo en el agua. La cola colgaba y rozaba la cantarina y fresca superficie.

_ ¡Oh, qué desastrado me veo!, pensó. He sido un desvergonzado y ahora me siento viejo, cansado y desanimado. Abandoné a mi familia buscando pasarlo bien, sin trabajar mucho. Si ahora me encontrara con mis hijos, ya no me reconocerían. Pero pondré todo mi empeño para ayudar a la familia del señor conejo, y lograré sentirme menos solo.

Se lanzó al agua y nadó animosamente. Salió, sacudió sus orejas, sus bigototes, su gruesa y larga cola de pelos chamuscados. Pasó una y otra vez por entre el pasto más tupido, peinando su gris pelaje. Luego, regresó. Papá conejo en la entrada de su madriguera lo invitó a pasar y lo llevó hasta su nueva habitación.

_Descansaremos unas horas y luego saldremos, por si quieres acompañarnos, le dijo.

_ ¡Está bien! Iré con ustedes. Avísenme si no he despertado, por favor.

_ ¡Qué bien se sentía! Limpio, abrigado y acogido. Se tumbó y ya no supo más. Cuando abrió los ojos y corrió hacia la entrada de la madriguera, el sol calentaba con mucha fuerza. En puntillas, recorrió cada una de las habitaciones, y en todas dormían plácidamente, los miembros de la familia del señor conejo.

¡Oh, qué vergüenza! ¡Esto no era un buen comienzo! Además, tendría que esperar muchas horas para comer. Ya no podría mirar a la cara del señor conejo y sería difícil que ellos volvieran a confiar en él.

Decidido, salió de la madriguera a pesar del fuerte calor. Caminó un buen rato protegido por la sombra de las hierbas altas, pero igual comenzó a sudar y sudar. De sus bigototes caían unos goterones calientes. ¡Uf!, qué cansado estaba ya. De pronto, se encontró con muchas frutas olorosas repartidas por el suelo. ¡Eran duraznos! Cogió uno y lo llevó a su boca. ¡Crunch, crunch! Sintió que unas agujas penetraron por sus dedos y en la punta de su nariz, muy enojada, lo miraba una abeja. Soltó la fruta, pero ya era tarde, todas las demás abejas que estaban en los duraznos, se abalanzaron sobre su acalorado cuerpo para enterrarle sus aguijones. Corrió lo más rápido que pudo para que el pasto, al pasar, fuera sacándolas de encima. Un poco más allá se detuvo, sintiéndose más pesado y cada vez más adolorido. Sus párpados estaban tan gordos, que casi no podía abrir sus ojillos.

Caminó dando tumbos. Sentía tirante toda la piel de su cuerpo. ¡Cuánto deseaba llegar hasta la vertiente!

Mientras, en la madriguera, mamá coneja ya se había dado cuenta, que ratón Ton Ton no estaba. ¡Pobrecillo, debe estar hambriento!, pensó. No sabe que lo dejamos descansar un poco más y le trajimos comida. Se la pondré en su habitación para cuando vuelva.

Ratón Ton Ton caminaba a ciegas. Los párpados estaban tan hinchados, que no lograba abrirlos. ¡Qué no daría por un chorro de agua fresca!

Así las cosas, desde muy alto lo divisó un peuco, que bajó en picado, lo asió con sus fuertes garras y se elevó con él. No pudo ver donde depositaron su cuerpo y se mantuvo inmóvil por largo tiempo. Lo despertó un coro de ¡pío, pío, pío, pío!, junto a sus orejas. ¡Eran tres pequeñas avecillas hambrientas, llamando a su madre! Observó dónde se encontraba y se le pararon los pelos. Estaba muy alto, sobre la rama de un árbol. Sus párpados se habían deshinchado. Se movió cuidadosamente, observó y comenzó a descender lentamente.

Oscurecía. No volvería a casa hasta encontrar alimento. Estaba desorientado. ¿Hacia dónde ir? ¿Cómo encontraré la madriguera? ¿Qué comeré?, pensaba.

Caminó un buen rato, sin embargo notó que siempre volvía al lugar de donde había partido. ¡Caminaba en círculos! Si hubiese escuchado a su mujer cuando le decía que no deambulara sin sentido, que trabajara como todos los demás ratones, que le diera buenos ejemplos a sus hijos…

Pero entonces, él se molestó muchísimo, le dijo que se encargara de los niños y dando un portazo, abandonó a su familia.
¡Qué no daría ahora, por volverlos a abrazar! Se detuvo, se afirmó en una piedra y comenzó a llorar… ¡Qué tonto he sido!

De pronto, escuchó música y voces de personas. Aguzó el oído, apartó las hierbas para mirar. ¡Sí, veía luces! ¡Era una casa! A su alrededor, con seguridad que encontraría algo para echar a su boca. Observó un momento. Los perros dormían. Rápida y silenciosamente llegó hasta la leñera. Trepó por los palos y luego bajó para recorrer el contorno de la casa. Sus bigotes le avisaban algo… Era como un delicioso aroma a queso que lo invitaba a continuar avanzando. ¡Por fin lo descubrió! ¡Sí, a unos pasos estaba! Por fin comería. Ya estaba llegando hasta él, cuando un ratoncillo joven le sale al paso y le impide pasar.

_¡No te acerques! ¡Es una trampa!

Se miraron los dos. ¡Oh, sorpresa!

_ ¡Padre! ¿Eres tú?

_ ¡Hijo!

Permanecieron abrazados mucho tiempo. Luego, muerto de vergüenza uno, y feliz el otro, caminaron muy juntos.

_ Te extrañamos, padre. ¡Vuelve a nuestra casa! Convenceremos a mamá.

_ Hijo, he sido un necio, estoy muy arrepentido. Tu madre tenía razón. Es mejor trabajar duro durante el verano almacenando comida para el largo invierno, sin tener que exponernos a morir aprisionados en las trampas, o envenenados y expuestos al frío, la lluvia, la nieve. He sufrido bastante, pero aprendí la lección.

Cuando llegaron al hogar unos leían, otros ordenaban los dormitorios, otros barrían y la mamá buscaba unas bolsas para cargar comida, cuando salieran en busca de alimentos.

_ ¡Atención, atención!, _gritó con las manos a modo de bocina. _¡Tengo una sorpresa para todos! ¡Miren!

_ ¡Padre!, se oyó en un solo grito y se abalanzaron sobre él.

Ratón Ton Ton comenzó a llorar. Mamá ratona también se emocionó.

Desde esa noche todo fue alegría en ese hogar.

A la semana siguiente, concurrieron hasta la madriguera de la familia del señor conejo llevando muchos presentes, para agradecer la hospitalidad brindada a ratón Ton Ton.

Fin

Cuento educativo sugerido para niños a partir de diez años.

Raton ton ton es un cuento de la colección cuentos con moraleja de nuestra escritora de cuentos infantiles Sara Cartes Muñoz sugerido para niños a partir de diez años.

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