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La fortaleza

La fortaleza es uno de los interesantes cuentos con moralejas sobre la codicia y humildad, un bello cuento para disfrutar en familia con una gran moraleja, escrito por Mariela Burlando.

Nag-chu , es una fortaleza que se encuentra ubicada en el Himalaya. Allí habitaba Cho Oyu, un monje reconocido por aquellos lugares, como un gran sabio y dueño de un inmenso poder de curación, que venía dado por el globo de cristal, que le fue encomendado por los maestros sufíes.
Cho Oyu, tenía la reputación de ser un hombre de muy buen trato, cauto, de espíritu noble y humilde, razones suficientes que le valieron para recibir el mágico obsequio.
El monje, prometió a sus maestros que le daría un buen uso y lo alejaría de la codicia de quienes intentaban manejarlo con fines lucrativos y malsanos.
Para su tarea de curación, Cho Oyu, contaba con la colaboración de dos silenios: Shisha (su nombre significa el que lleva la luz matinal y la protección de los enfermos y desamparados) y Pumori (encargado de velar que se cumplan las promesas y la palabra empeñada). Tenían aspecto de mitad hombre, y mitad caballo, provistos de una larga cola.
Una tarde Cho Oyu, se dispuso a visitar a Nanda, quien había sufrido unas profundas quemaduras en su cara y gran parte de su cuerpo.
Solo bastó que la niña, colocara unos minutos sus manitas en aquel curioso objeto, para que muchos rayos de colores realizaran su trabajo. La familia quedó profundamente agradecida del monje y los vecinos no hacían más que comentar la noticia.
El acontecimiento llegó a oídos de un turista que por allí pernoctaba. Este, tenía un aspecto extraño, nadie había podido reconocerlo ya que su ropaje y sus guantes no lo permitían.
El caso es que, al enterarse de lo que el monje había hecho, se dispuso a seguirlo, a donde vivía y así se apoderarse del globo mágico.
Ya en las cercanías de la fortaleza, esperó a que anocheciera y mientras estuvieran durmiendo, llevaría a cabo su fechoría.
Se dirigía al lugar, –y pensaba- primero lo utilizo en mi persona y luego recorreré el mundo con el objeto y le cobraré a todos los que quieran curarse.
Le costó trabajo entrar a la fortaleza, y -dijo para sí- a este monje lo venceré fácilmente, total es un anciano y además vive solo. Ignoraba que el monje vivía en compañía de los silenios.
En medio de la oscuridad del lugar, solo lograban divisarse los rayos de colores del globo de cristal. Por eso pudo ver al monje durmiendo, en su habitación.
En ese mismo instante se quitó el guante, dejando entrever una enorme, arrugada y ennegrecida mano de largas uñas, en forma de garra. Poco a poco se fue deslizando por el lugar tratando de hacer el menor ruido posible.
Shisha estaba cercano a la baranda, en la que el extraño personaje había colocado su mano. Con lo cual se asustó y su corazón comenzó a latir aceleradamente, quiso gritar y advertirle al monje, de lo que estaba ocurriendo.
Pero –recordó- que el monje, había tenido un DIA muy extenuante. Y –decidió- que mejor era despertar a Pumori y enfrentar juntos a lo que parecía ser un buitre.
Fue así, como se aproximaron a la palanca, que accionaría la red, que prendía del techo.-una trampa que decidieron colocar por si ocurría un caso como el que ahora les acontecía-.
La enorme red, cayó encima de aquel desconocido, quién comenzó a vociferar y forcejear, porque no se esperaba tan sorpresivo recibimiento.
Con el ruido Cho Oyu se despertó y corrió a ver lo que sucedía. Y observó detenidamente aquel extraño personaje –parecía un hombre con cara y manos de buitre. Realmente repulsivo- pensó el monje-.
Inmediatamente, el monje trató de desvanecer de su mente esa primera impresión y procedió a establecer comunicación con la extraña criatura.
Y le dijo, -¿qué es lo que pretendes al entrar en mi casa en esa forma?-
-¿Cuál es tu urgencia que no podías esperar hasta el amanecer?-
A lo cuál el extraño respondió, -yo solo quería llevarme el globo de cristal, para mejorar mi aspecto-.
Por su parte el monje lo increpó de nuevo. -¿Y por qué no me pediste el favor, en vez de venir a robarme?-
-¿Es que no te das cuenta, que ese objeto debe permanecer en mi poder, porque solo yo tengo la responsabilidad de usarlo?- Tiene razón, –respondió la criatura-.
Y continuó explicando -Es que verá UD., hace algún tiempo atrás, fui víctima de un conjuro de una malvada bruja; quien fue la que cambió mi aspecto.- Desde entonces he tenido que vivir, escondiéndome, porque la gente aborrece mi aspecto.
Le confieso que al enterarme, lo que había logrado con Nanda, solo se apoderó de mí la idea de curarme y hacerme rico con su invento.
-Pero le pido disculpas, -prosiguió- por la forma tan egoísta en la que me he comportado. Y está claro que perdí hasta su confianza.-
Cho Oyu –le dijo- No señor esto no es un invento, es un regalo que recibí de los maestro para hacer el bien a todos aquellos que como UD. tuvieran una enfermedad o un padecimiento. Pero has sido sincero y has reconocido tu error, -agregó- Cho Oyu, y sé valorar el arrepentimiento en las personas, por lo tanto, te permitiré posar tus manos en el globo y así podrás volver a tu estado original, pero, prométeme, que allá donde vayas, realizarás el bien y no tratarás de robar nunca más.
El extraño ser aceptó –asintiendo con la cabeza- .
Los silenios levantaron la red y llevaron al personaje al globo de cristal, al posar sus enormes manos sobre ella se produjo un cambio significativo en aquel hombre.
Se transformó en un humilde campesino, que no hacía más que dar gracias al monje por el favor y la loable enseñanza proporcionada, por el monje con su noble actitud.

Moraleja:
Que tu aspecto físico no te obligue hacer actos, de los cuales puedas posteriormente arrepentirte.

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