Arcoiris

Cuentos con moraleja sobre valores

Arcoiris es uno de los más lindos y educativos cuentos con moraleja sobre valores, escrito por Mariela Burlando, un bello cuento con un gran mensaje, sugerido para niños, jóvenes y adultos.

Arcoiris era un pequeño poblado al pie de la montaña de los Alpes. Su nombre le venia como anillo al dedo, debido a que cada casa de aquel pintoresco lugar, tenía colores llamativos que asemejaban a un prisma.

Y si se pensaba, que el colorido de las casas era hermoso, había que añadir otros elementos adicionales y estos eran el verdes de las praderas y las nieves perpetuas de las altas montañas. Y como colofón de este estallido de colores, se le suma un nuevo elemento, y este era, la alegría de sus habitantes, parecían conocerse todos, compartían lo más mínimo, organizaban las actividades en conjunto, tomaban las decisiones que atañían al lugar, al unísono. En una palabra, eran una gran familia, a pesar de que entre ellos, pocos parentescos había.

Aconteció en una mañana, cuando se disponian a montar la exhibición de los apetitosos frutos, legumbres, vegetales y demás avituallamientos para la satisfacción de las necesidades de sus habitantes, que apareció un personaje con un carruaje. Se trataba de una humilde viejecita que con gran esfuerzo tiraba del carro con ventanales de cristal, para así mostrar a los curiosos y al público en general sus productos.

No eran frutos, ni alimentos, sino pequeñas mascotas, corrijo, mínimas mascotas, ninguna repetida, sino había una de cada especie. Se podían observar, perros, gatos, hansters, ardillas, gallinas, patos, pájaros, etc.

Por supuesto que semejante mercancía, atrajo la mirada de todos los que allí se encontraban y los que poco a poco iban llegando, una vez que se corrió la voz de la aparición del personaje. Y fue tal la algarabía que aquel sábado, el mercado se convirtió en una feria.

Los niños eran los más emocionados ante las diminutas criaturas, y todos se daban a la tarea de pedir a sus padres que les compraran al menos una, de aquella colección.

Los padres, ante las caras de emoción, entusiasmo y alegría de sus hijos, los hicieron desfilar uno a uno para que cada quien escogiera el suyo. Al principio fue un poco engorroso, ya que habían especies que eran las preferidas de todos, pero los padres explicaron que eso no era problema ya que jugando entre ellos ya tendrían tiempo de compartir las mascotas. Pasado este primer trance, cada quien eligió el suyo y llegado el momento de pagar, la viejecita exigió una fortuna por cada mascota. Esto indignó a los padres y más, porque ya sus hijos, tenía cada uno su especie, como se las iban a quitar, eso sería un duro golpe. Por eso, entre todos decidieron darle a la señora una cantidad, que a criterio de ellos parecía justa, ya que no se trataba de joyas, sino unos animalitos. Además le comentaron que ellos no pensaban arrebatarle a sus hijos, las mascotas que estaban en su poder.

Ante aquel inusual proceder de los moradores del lugar, la señora no se inmutó, por el contrario, se alejo con su carro vacío y la mitad del dinero exigido, no sin antes decirles algunas palabras, “os vais arrepentir de vuestra actuación, y a partir de este momento voy a realizar un conjuro, para que sus diminutas mascotas se conviertan en el mayor gasto de sus vidas, y por ende en su peor pesadilla”.

Todos se rieron y hasta alguno se atrevió a decirle “sal de aquí vieja usurera”. ¡Que va, pamplinas! que pesadillas pueden llegar a ser, estos pequeños animalitos, dijeron otros.

A partir de ese momento, cada tarde los niños no hacían más que jugar con sus mascotas se veían felices y entre ellos los exhibían como unos grandes trofeos.

Pero al cabo de un mes las palabras de la señora, comenzaron a resonar en las mentes de los habitantes de Arcoiris.

Las mascotas comenzaron a crecer y crecer, cada día duplicaban y hasta cuadruplicaban su tamaño original. Las jaulas, que les servían de lugar de alojamiento comenzaron hacerse pequeñas y que decir de su comportamiento los niños no lograban contenerlas y mucho menos volvieron a jugar entretenidamente con ellas.

Tal era su crecimiento, que las casas de las familias, comenzaron a sufrir destrozos, ya que aquellos animalejos, siempre tenían hambre, por lo tanto se comían todo lo que encontraban. Así destrozaban muebles, enseres, objetos de valor, todo lo engullían sin ninguna contemplación.

Los moradores ya no podían dormir en paz, el tamaño de cada animal ya era descomunal y lejos de ser las hermosas criaturas, se convirtieron en un gran peligro, algo había que hacer, la primera opción era sacrificarlos, pero los niños, a pesar del peligro que representaban no querían ese destino para quienes, en otro momento eran sus fieles compañeros.

Ante aquella agobiante situación el párroco del pueblo, los convocó para informarles que la mejor solución era, en primera instancia, tener un poco de paciencia y que buscaran dejarle comida a las afuera de sus casas, para así mantenerlas un tanto entretenidas mientras llegaba al lugar un monje, que el había invitado. Se trataba de Sebastián, quien tenía estudios profundos contra todo tipo de hechizos y maleficios.

Al llegar, Sebastián pidió a los moradoradores, que le ayudasen a dar un bebedizo a cada animal y así contrarrestar el conjuro.

La tarea fue ardua, era casi imposible sujetarlos, pero entre todos lo lograron. Una vez el último tomo la pócima, como por arte de magia, uno a uno fue recuperando su tamaño original. La alegría entre los niños, volvió a surgir, raudos y veloces salieron a buscar cada uno la suya. Por su parte los padres entre todos recogieron la cantidad que faltaba para completar la suma exigida por la viejecita, por el pago de las mascotas. Se la dieron en agradecimiento a Sebastián, para que siguiera haciendo favores tan loables como el que había hecho por ellos. Sebastián agradeció y acepto el buen gesto, por el arrepentimiento y la lección aprendida por el pueblo, no sin antes decirles la siguiente:

Moraleja: “No le pongas tú, precio a la mercancía de otro”.

Arcoiris es uno de los más lindos y educativos cuentos con moraleja sobre valores, escrito por Mariela Burlando, un bello cuento con un gran mensaje, sugerido para niños, jóvenes y adultos.

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