Vínculo abuelos/nietos aún con deterioro cognitivo

Abuelos y nietos, un vínculo que puede sostenerse aún en el deterioro cognitivo

Está idealizada la imagen de un abuelo jugando con su nieto, y es conmovedora.

Pero muchas veces la realidad dista de ese ideal, pues algunas enfermedades pueden generar cierta distancia entre los mayores y los pequeños, provocando que la relación se desgaste o dañe. ¿Qué hacer en esas circunstancias? ¿Es posible sostener el vínculo?

Un caso muy concreto es el de los abuelos que sufren demencia y, por ejemplo, no pueden recordar el nombre de sus nietos. En esas circunstancias hay que trabajar con los chicos, porque para ellos puede ser difícil que no los reconozcan. Una alternativa es hablar con ellos de forma tal de ponerlos al tanto de lo que puede pasar antes de la visita, que haya un intercambio y que no tengan miedo de preguntar o expresarse.

Por otro lado, la presencia de los nietos en la vida de estos adultos mayores es primordial, ya que el vínculo emocional puede mantenerse aún en los estadios más avanzados de la demencia. Aunque no recuerden sus nombres, cuando ven a un ser querido se produce una notoria reacción emocional que demuestra un reconocimiento de tipo afectivo. De ahí la importancia de perpetuar el contacto y las demostraciones de afecto.

Siempre resulta útil consultar con los profesionales que atienden al paciente cuáles son sus limitaciones y fortalezas para poder utilizarlas para ayudar a que la relación continúe. Como explican de Jenny LaFontaine y Sarah Harper en Managing Together, Keeping Connected, publicado por el Oxford Institute of Ageing, de la Universidad de Oxford, “los niños experimentarán los cambios en su abuelo a un ritmo distinto que el adulto. Al principio tendrán menos conciencia de los mismos. Por eso es importante crear situaciones en las que los chicos puedan hablar y despejar sus dudas. No hacerlo, puede generar que se culpen a sí mismos cuando ocurra un conflicto. La información deberá adaptarse al nivel de comprensión y edad del niño, y sólo se deberá responder a lo que ellos pregunten sin sobreabundar en información, dando explicaciones simples y concretas”.

Es claro que estos abuelos tendrán limitado su rol debido al deterioro que produce la enfermedad. El mismo se modifica porque la persona está en una situación de mayor dependencia y, entonces, no podrá tomar iniciativas de cuidado o hacerse cargo de su papel al 100% dentro de la familia.

Una manera de acercar la relación es el juego. Los adultos mayores con deterioro cognitivo comparten mucho con los niños: la atención corta, la necesidad de concentrarse para determinadas acciones y que les den consignas claras. Es por eso que algunos momentos de juegos o propuestas sencillas pueden mantener entretenidas a ambas generaciones y, al mismo tiempo, vincularlas.

En otra etapa, los nietos que ya son jóvenes adultos comprenden mejor y en más profundidad las limitaciones de sus abuelos. Entonces ellos pueden tomar un rol más activo en el acercamiento, algo que los niños a veces les resulta difícil de entender, ya que muchas veces no comprenden el cambio que se produce en el rol cuando vieron a la persona sana y luego enferma.

Como se menciona más arriba, es importante mantener los vínculos y, a medida que la enfermedad avanza, será necesaria una mayor asistencia para mantener estas relaciones. Según explican LaFontaine y Harper, hay ciertas dificultades que pueden experimentar las personas con demencia y que influyen en las relaciones con los nietos. Entre ellas figuran:

• No recordar eventos importantes de la vida del niño.
• Mayor dificultad a la hora de realizar tareas complejas que requieren mayor atención y concentración.
• Dificultades para reconocer a los nietos cuando los encuentros no son frecuentes,.
• Imposibilidad para hacer frente a situaciones de conflicto.
Para resolver esto las autoras proponen las siguientes estrategias:
• Ayudar al niño a comunicarse: que se presente, mire al abuelo directamente a los ojos al hablarle, use gestos para darse a entender.
• Decirle al pequeño que el abuelo tiene dificultades para recordar y concentrarse.
• Anticipar de antemano sobre qué tema van a hablar cuándo vean al abuelo (por ejemplo: qué historia le quieren contar).
• Muchas veces será necesario que el padre o madre del niño estén presentes para ayudar a la interacción.
• Promover las expresiones de afecto, especialmente cuando la persona con demencia tiene problemas de lenguaje y le cuesta expresarse.
• Las personas con demencia pueden ponerse ansiosas o no saber cómo comportarse en ambientes ruidosos o cuando hay muchos niños a la vez. Es mejor si la interacción es uno a uno.

El deterioro cognitivo afecta múltiples áreas intelectuales y disminuye significativamente la independencia del individuo, pero no altera la capacidad emocional de mantener lazos afectivos e, incluso, hasta de generar nuevos vínculos.

Por Romina Tirigay, psicóloga del equipo de Manantial Grupo Humano

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