Alfabetización emocional en la educación

Alfabetización emocional en la educación

Alfabetización emocional en la educación

Alfabetización emocional en la educación. Escritora de Perú.

“Si la educación nos ha enseñado a dominar nuestro discurso verbal y a controlar nuestras actitudes sólo lo ha hecho en la medida en que nos ha enseñado a reprimir nuestro afectos”.
Bucher

Si nos detenemos en la manera de cómo se viene llevando la educación podemos observar que aún quedan rezagos de una metodología tradicional. Sumado a ello,  la premura de los avances tecnológicos  ha creado distancias en el desarrollo personal del ser humano.

Ciertamente en este contexto la identidad se va perdiendo, siendo este rasgo particular e individual de cada persona.

Vista desde los conceptos de John Mager, uno de los estilos que  adoptamos las personas con respecto a las emociones es: Ser conscientes de sí mismos, que implica estar atento a los diferentes cambios de humor en el momento en que se tienen y de manejar estas emociones asertivamente.

Iniciando mi experiencia laboral en un centro de educación infantil como docente de aula, me di cuenta de la necesidad del juego en los niños, cuyas vivencias espontáneas resultan muy valiosas; en contraste habían varios puntos que menoscababan la expresión de ellos: objetivos impuestos para lograr los indicadores de evaluación; de tal modo,  que un niño de 2 años se desarrollara como uno de 3, y así en sucesivo las demás edades, ceñido a ello, seguir una metodología que no se adaptada al contexto sociocultural. Aparentemente, los niños estaban aprendiendo nuevas palabras, números, figuras, valores esquematizados; más en  la realidad, ellos estaban desaprendiendo a ser ellos mismos.

No siempre los resultados son los que nos demuestran el aprendizaje de los niños, sino que es en el mismo proceso constructivo que se tendría que ahondar para no moldear pequeños robots memorísticos, clausurando rotundamente la identidad. Llega a ser uno de los errores más graves que se puede cometer como docente, y que lamentablemente es aplaudido por algunos directores y padres de familia para que los niños logren obtener resultados intelectuales óptimos. Y ¿en qué queda el desarrollo emocional, mas aún siendo la primera infancia la base de la vida adulta?

Por tanto, en el centro educativo es básico que el docente sea un facilitador que transmita con su ejemplo y a través de estrategias para que los niños sean emocionalmente más inteligentes. Daniel Goleman, ha llamado a esta educación de las emociones alfabetización emocional (o escolarización emocional).
Que mejor estrategia que el juego, para desarrollar la inteligencia en los niños. En una ocasión, recuerdo que estábamos en la sesión de  motricidad gruesa por la cual los niños tenían que seguir el circuito neuromotor, más ellos no deseaban ejecutarlo según lo establecido, percibí que el simple hecho de salir del aula, ya significaba para ellos un respiro, y seguir orientaciones ya no tenía caso; necesitaban jugar, un juego del cual yo estaba como agente pasivo; con un inadecuado rol de docente. Con ayuda de una auxiliar  la bulla se convirtió en silencio rotundo, se sentaron todos formando una hilera, con los brazos cruzados, como esperando una llamada de atención, recuerdo que les hice  preguntas como éstas: ¿creen qué es correcto lo que han hecho? ¿Cómo es posible que tenga que venir una auxiliar para callarlos? ¿No ven que hay otros niños que están en clase?

Estas interrogantes no tenían sentido. Nadie respondía hasta que un niño llamado Manuel levantó su mano, y me dijo: Giuliana, si tú jugaras con nosotros te haríamos caso.
Esas palabras significaron bastante, no era un adulto, ni un libro, fueron palabras cortas y sentidas de Manuel, y eso tiene mucho más valor aún. La sabiduría de un niño enseña más que los patrones de un adulto; entonces me di cuenta que como educadora hay que desaprender algunos paradigmas de la enseñanza y es un continuo proceso de búsqueda para ver cómo establecer aprendizajes significativos con los niños a través de un vínculo emocional y afectivo que se desarrolla a través del juego.
De esa primera experiencia rescaté que para llevar una relación  de respeto y amical con los niños se necesita ser como ellos.

“Una persona que no sabe jugar está privada al mismo tiempo de la alegría de hacer y crear y seguramente está mutilada en su capacidad de sentirse viva”.
Rosenar y Gorden

El juego tiene un lenguaje común en los seres humanos. A partir de la instancia lúdica las vivencias son las que nos dejan huellas, seamos de diferentes edades, idiomas y géneros, es inherente a nuestra naturaleza; de ser eliminada, estaríamos matando la curiosidad, la comunicación y el reconocimiento de los sentimientos y actitudes personales e interpersonales, tal es así que sin ella la personalidad del  individuo estaría limitada. La autoexpresión a través del juego libre es una necesidad para el aprendizaje significativo del niño a través de la exploración, en la que establecen sensaciones.

Es a través de las emociones que el niño percibe lo que sucede en su entorno y lo manifiesta a través de la expresión. En nuestro contexto cultural nos hace aún falta desarrollar la educación en expresión verbal y no verbal de las emociones. Un medio que me ha permitido establecer este puente con los niños ha sido mediante los cuentos y títeres, cada historia viene con un bagaje de emociones que es notorio ver en los personajes con sus diferentes cambios de humor representados durante la narración o el teatro de títeres, es a través de ello que los niños trasladan estas emociones básicas de: tristeza, enojo, alegría, sorpresa, miedo, entre otras, de forma muy significativa; logrando representarlas ya sea a través de la expresión facial de las emociones, la expresión corporal, verbal o manual.
En este aspecto los niños se sienten en autoconfianza, para superar las dificultades que se le pueden presentar, porque ellos al identificarse con los valores  transmitidos por el personaje los trasladan  a sus propias vivencias.

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