Prevenir es una actitud

Prevenir es una actitud. Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.


Si puede prevenirse no es accidente, suelen asegurar los medios de comunicación. Como desde la Defensoría compartimos ese punto de vista, ponemos el acento en prevenir cualquier vulneración de derechos y no esperamos que ella se produzca para luego señalar culpables. Así lo hicimos ante la falta de controles en los boliches bailables y todos recuerdan la tragedia que ocurrió en pleno Once por no escuchar nuestras alertas tempranas.


Continuando en esa línea frente a los más diversos temas, en esta ocasión me referiré sólo a uno de ellos: los llamados accidentes domésticos.
Según la Sociedad Argentina de Pediatría, los accidentes domésticos que ocurren en nuestro país constituyen –luego de los siniestros viales- la principal causa de muerte entre niños y niñas. Es así que las crónicas suelen anoticiarnos de chicos o chicas que se ahogaron, se quemaron o se electrocutaron; hechos que –afirman los expertos- podrían evitarse si los adultos supervisaran a sus hijos y tomaran las precauciones debidas.
¿Qué hace falta para que en hogares, escuelas, plazas o calles se tomen las medidas necesarias para reducir al mínimo la situación accidental? ¿Sólo el Estado debe encargarse de ello? Creemos que no. Obviamente, el Estado es responsable cuando los semáforos no funcionan o faltan en las cercanías de las escuelas; cuando no ordena el tránsito y se consagra la impunidad de las picadas o cuando los juegos de la plaza presentan peligrosos deterioros. Pero estar atento a la mayor parte de los riesgos previsibles es responsabilidad de los adultos. Son ellos los que deben cerrar las llaves del gas antes de acostarse y evitar que hayan cables sueltos en la casa; mantener insecticidas y remedios lejos de los niños; ubicar la pava o la sartén en las hornallas traseras de las cocinas; no encerar escaleras; vigilar que los más chiquitos no se acerquen a las estufas encendidas y no dejarlos solos en la bañera o la pileta; cuidar que cuchillos o tijeras no lleguen a sus manos, que no traguen botones, monedas u otros objetos pequeños, entre otras elementales precauciones.

La cultura del riesgo que se sostiene en el a mí no me va a pasar es parte de la cultura de la trasgresión de quienes gustan vivir al límite para luego llorar sobre la leche derramada. La Defensoría promueve el valor de la vida y, por ende, la cultura del cuidado de uno mismo y de los demás. Cuidado cuando manejamos el auto o cruzamos la calle, cuidado y prevención de accidentes con los más chicos o con los más viejos, porque son los más vulnerables.

Por eso, se ha relanzado una campaña para prevenir y concienciar a los padres sobre los accidentes domésticos con el lema Que tus chicos puedan jugar sin poner su vida en juego.
La Ciudad requiere que nos cuidemos entre todos, tanto como necesita ser cuidada por todos. Y ese cuidado es una actitud que empieza en el hogar con la propia familia, sigue por las calles del barrio con nuestros vecinos y continúa por el resto de la urbe con todos los que la transitan.

Autora: Dra. Alicia Pierini

Puedes seguir leyendo: Cuentos infantiles

Fuente: Defensora del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Imprimir Imprimir

Comentarios