El encuentro con las emociones

El encuentro con las emociones

El encuentro con las emociones

El encuentro con las emociones. Alvaro Peraza. Psicólogo venezolano.

“Somos Náufragos del Existir” Juan D. García B.

“Quizá la educación sea el proceso de guiar al otro gentilmente hacia el mismo.” Antoine De Saint Exupery

Para que exista la vida, para que sea posible el cambio, la transformación es importante tener presente a las emociones. Ellas mueven la vida, emoción es movimiento, en su ausencia no existe satisfacción posible. Como expresé en el artículo anterior es con toda seguridad la energía que permite transformar la vida.

La emoción es la energía que nos posibilita estar satisfechos con nosotros mismos, cada una es la expresión sublime de una necesidad: la de expresar. Es lamentable que nuestra educación se centre en la evitación, la negación y la represión de lo que sentimos, los resultados están a la vista: sufrimiento y parálisis, desequilibrio y enfermedad.

En nuestra realidad socio cultural no se nos educa para la experiencia emocional, la emocionalidad sana no se enseña. Una real educación parte de la auténtica necesidad de comprender nuestra íntima condición humana, ligada de modo ineludible a la vivencia de aquello que se mueve por dentro: las emociones. Acercarse a las emociones primarias del hombre es propiciar la vinculación con lo que nos hace verdaderamente humano: el Miedo (M), el Dolor (D), la Rabia (R), la Alegría (A), el Placer (P) y el Amor (A). (MDRAPA). Además es dar cabida a la inminente posibilidad que nos brinda fortalecer las relaciones por medio de la capacidad para la empatía: Disfruto la Alegría, el placer, el amor; Acepto el miedo; Comprendo la rabia y Acompaño el dolor. (DACA).

En definitiva, la idea es considerar la importancia de las emociones universales del miedo, la rabia, el dolor y la manera cómo generar sintonía empática en el proceso de atención, apoyo y relación con el otro. El miedo es por excelencia la emoción de la supervivencia, es útil en la medida que resguarda y protege al ser humano del peligro y lo desconocido. Toda situación de incertidumbre dispara la emoción del miedo, es la emoción del futuro, de lo incierto.

La expresión conductual del miedo es la parálisis o el movimiento para el escape, el núcleo existencial del mismo se centra en la pérdida de sí mismo ante lo desconocido y la incertidumbre (vale decir el miedo a la muerte y a la locura). De acuerdo a Reoch (1998) los miedos más comunes asociados con la muerte se refieren a: perder el control de la vida, abandonar seres queridos, sufrir de una larga enfermedad, el deterioro físico y mental y dejar asuntos personales sin resolver. La razón temporal del miedo se ubica en el futuro y su defensa psicológica es la evitación y la racionalización.

La expresión empática del miedo se resume en aceptar y comprender, al final todos los seres humanos comparten los mismos miedos. La terapéutica transformadora en el proceso es lenta y difícil, se acompaña de movimiento y detención, “el miedo se conquista poco a poco y de repente,” diría Castaneda. Los opuestos polares del miedo son la Temeridad (Ausencia extrema de miedo) y el Pánico y la Fobia (Presencia absoluta).

La sensación corporal del miedo se experimenta entre el ombligo y la mitad del pecho. La expresión fisiológica del mismo es la taquicardia, sudoración, palidez, temblor, sensación de ahogo y de muerte inminente. La sabiduría popular al referirse a la emoción del miedo afirma con una frase muy ejemplarizante: “se me helo la sangre”, “se congeló de miedo”. La repercusión del miedo en el organismo físico se convierte en un desbalance común en el sistema digestivo.

Su ritmo psicológico es medio y permanente. Se debe evitar en su abordaje intentar exponer, ridiculizar o racionalizar. La rabia es la emoción de la lucha y la acción, por lo general es aparentemente fácil de expresar para el común de las personas y difícil de controlar o manejar, tiende a ser una emoción volátil, especialmente poderosa, que se intensifica y disminuye con relativa intensidad. La expresión empática de la rabia se asocia con la comprensión del estado de ánimo y la posibilidad de esperar un mejor momento para el intercambio con la persona que la expresa, como defensa cumple un papel protector de la integridad.

La terapéutica transformadora es rápida y activa, se acompaña de la expresión y la posterior comprensión racional de la situación. La fisiología límbica se ubica en la Amígdala centro de la agresión oral (la ingesta o la ofensa), por lo general enfermamos por la boca. La rabia carga el organismo físico de energía negativa que se revierte intensamente en contra (Retroflexión): la accidentalidad, las cardiopatías y en general las enfermedades crónicas se encuentran asociadas al malestar de la rabia.

Expresar adecuadamente la rabia es sinónimo de salud, la rabia puede llegar a ser una emoción fatal cuando no es canalizada de forma natural. En el organismo físico la sensación de la rabia es integral, en particular en las extremidades y en la zona oral (boca, mandíbula, ojos) La expresión polar de la rabia se traduce en violencia y agresión, el trastorno emocional en sociopatía y sadismo. La sabiduría popular indica ante su presencia unas frases muy oportunas: “me hierve la sangre”, “voy a explotar”.

El dolor es la emoción de la separación, la desolación y el abandono, de la elaboración del duelo para la consecución del equilibrio. La máxima expresión conductual se representa en el llanto, se asocia al sufrimiento humano más profundo y la posibilidad más genuina de la transformación: el dolor sana y salva. La defensa y temporalidad del dolor está en la negación y en el pasado.

La expresión empática es la de amparar, la práctica el silencio y la sana compañía, la terapéutica y transformación varía de acuerdo al grado de liga emocional con el otro significante perdido, el tipo de pérdida y las experiencias y manejo con separaciones pasadas. La vivencia física del dolor se centra en la mitad superior del pecho, el cuello y el rostro. La represión del dolor enferma de muerte. Su ritmo psicológico es lento, muy lento.

Se debe evitar hablar en exceso, sobar, acariciar, es adecuado incentivar su contacto y expresión por medio del llanto. La realidad del dolor y su superación se centra en la famosa frase “La única forma de salir del infierno es entrando en él”. La sabiduría popular dice: “siento un nudo en la garganta”. Acompañar y empatizar con el dolor es sumergirse con el otro en la vivencia del abandono, la soledad, el desamor, el desamparo y la enfermedad fatal.

Es el verdadero trabajo con el sufrimiento y la salvación pues las más profundas heridas psicológicas de pérdida se ubican aquí. El dolor es la emoción de la despedida, de lo efímero, de lo que no es eterno. Es la emoción de la duda, de la impermanencia, del no saber cuándo, dónde o cómo. De lo irreversible del tiempo, lo inevitable.

Es la emoción más humana que nos hace prescindibles, volubles y trascendentes a la vez. Es la emoción del desprendimiento.

Saludos y Cuenten Conmigo.

Álvaro A. Peraza

E-mail: [email protected]

Web Site: www.misionpsique.com

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