Día Nacional de Árbol en Argentina

Día Nacional del Árbol en Argentina – 29 de Agosto


Desde el año 1900, a partir del notable trabajo sociopolítico del Dr. Estanislao Zeballos, el Consejo Nacional de Educación instaura el Día Nacional del Árbol con el objeto de fomentar la valoración de todos los árboles como fuente indispensable para el desarrollo de la vida, en todas sus diferentes formas de expresión.


En la actualidad, la República Argentina aloja alrededor de 400 especies distintas de árboles, de las cuales cerca del 30% son autóctonas y se encuentran extendidas por todas las distintas regiones que conforman el país. De éste último subgrupo, un poco más de treinta especies se ven forzadas a la extinción por acción directa e indirecta de la mano del hombre, como por ejemplo el Alerce, la Queñoa o el Ciprés.

Los árboles, unidad fundamental para un gran número de biomas alrededor de todo el mundo, cumplen funciones altamente sinérgicas, participan en los ciclos vitales naturales del entorno del que forma parte, como ser la conservación del equilibrio de las cantidades de nutrientes y humedad característicos de los suelos fértiles, o conformando el sustento nutricional y alimenticio de un sin número de especies permitiendo su desarrollo y evolución. Sin que podamos notarlo, su presencia es esencial también para el desarrollo humano, ya sea por medio de su aprovechamiento directo, como la tala o el turismo, o indirecto, como la regulación forestal del régimen de lluvias que permite una estabilidad de crecimiento en las actividades agrónomas.

Cualquiera sea la relación que nos conecte a los árboles o a cualquier otro bioma natural, la conciencia y la claridad de acción deben ser las cualidades insustituibles que debemos garantizar para nuestro trabajo. La tala puede convertirse en una buena herramienta de desarrollo sustentable si es acompañada de una seria planificación de restauración, en la que se establezcan los tiempos de crecimiento mínimos, números de plantaciones por cada cantidad talada y los órganos estatales o de la sociedad civil encargados del monitoreo y control como medida preventiva ante eventuales incumplimientos de la reglamentación. La sociedad debe exigir que nuevas prácticas amigables con el medio ambiente comiencen a ser moneda corriente en los estratos más altos de la nación que constituyen.

Por otro lado, no debemos perder de vista las condiciones en que hoy encontramos nuestras tierras y las prácticas nocivas que implementamos sobre ellas. La desertificación y la sequía están afectando cada vez a un número mayor de habitantes, y las resoluciones que se implementan no dan abasto para frenar éste avance. Una simple y no menos importante respuesta para ésta problemática consiste en el fomento de la reforestación de especies autóctonas, estableciendo en zonas urbanas y rurales nuevos centros verdes de árboles que permitan remediar el daño ocasionado a los suelos e incentivar el desarrollo social por medio del respeto al medio ambiente.

Como podemos ver, los árboles son excelentes indicadores de la salud de nuestro planeta. Seamos atentos y no los descuidemos.

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