El gigante de la mentira

El gigante de la mentira.  Escritora peruana de cuentos y poesías espirituales. Cuento sobre las mentiras. — ¿Te has dado cuenta, mamá? El sol va a salir, eso significa que mi amiga Marita me va a visitar. ¡Es tan alegre! Cuando viene a casa pareciera que el sol viene con ella. La mamá, conociendo la […]

Resulta interesante también:

Barry Bannet, el niño del guante blanco
otra literatura
Sigo pensando en otra literatura para niños

El gigante de la mentira.  Escritora peruana de cuentos y poesías espirituales. Cuento sobre las mentiras.

— ¿Te has dado cuenta, mamá? El sol va a salir, eso significa que mi amiga Marita me va a visitar. ¡Es tan alegre! Cuando viene a casa pareciera que el sol viene con ella.

La mamá, conociendo la razón por la cual su hija Lucecita no podía ser como Marita, le dijo:

— Yo pienso que eso será porque Marita no sabe mentir. ¿Sabes? Cuando se le mira a la mentira ésta viene sólo con la intención de oscurecer a quien le da importancia, porque como es muy fea así nomás no se deja ver; entonces, la luz que todo lo ve, como no soporta a la mentira, se retira del corazón que no sabe apreciarla. Y esto es lo que te ha sucedido a ti porque a veces mientes, ¿o acaso no es así?

— ¡Ah!, yo no quisiera que se vaya mi luz, ya no voy a mentir, mamá.

— Está bien, ojalá sea así, hijita.

Y, mirando el reloj, le dijo:

— Ya son las 5 de la tarde, te toca tu remedio.

— ¡Ah!, mi remedio –dijo Lucecita–, ese remedio no me gusta.

— Pero tienes que tomarlo, hija, sino no vas a sanar de tu resfriado, ve y tráemelo.

Lucecita, mientras se dirigía al lugar donde se hallaba el remedio, pensó:

— ¿Y si lo escondo? Así me libraría de él y mi mamá pensará que se ha perdido. Pero si vuelvo a mentir, quien sabe venga la oscuridad a mi corazón. ¡Ah!, pero no me gusta el remedio.

— Mamá –le dijo–, no encuentro el remedio, parece que se ha perdido porque lo he buscado por todos lados y no está.

La mamá, conociendo que Lucecita había vuelto a mentir, le dijo:

— Tus ojos están caídos y tristes, ¿por qué será?

— No lo sé –le dijo Lucecita.

— Yo sé que has vuelto a mentir. ¡Qué pena!, porque si sigues así, la alegría que todavía se asoma por tu mirada ya no te volverá a sonreír.

Lucecita, al ver que su mamá la había descubierto, se dijo:

— Parece que a mi mamá no le puedo mentir, porque por más que me esfuerzo en ocultarle las cosas, ella, como adivina, todo me descubre. Qué vergüenza siento.  Ahora, ¿qué le diré? Bueno, lo único que me queda es traer el remedio y hacerle caso.

Y así lo hizo.

La mamá, bastante triste por lo que le estaba sucediendo a su hija, le dijo:

— Lucecita, veo que la mentira ha empezado a crecer en tu corazón como un gigante egoísta, que no le interesa nada más que salir con su gusto. Fíjate, tú recién tienes 7 años, cuando seas mayor cómo será ese gigante, y si no encuentras la solución para sacarlo de tu corazón quien sabe ya no lo sacarás nunca, porque será de repente más astuto que tú. Mira, si así nomás cómo te tiene, por su culpa la luz que te hacía brillar, al ver que su cabeza fea empezaba ya asomarse por la ventana de tu corazón, salió corriendo. ¿Y sabes por qué? Porque fuiste tú la que permitiste eso, y eso a la luz no le gustó.

— ¡Qué pena, mamá! Y tienes razón, pero cómo haré para que el gigante de la mentira no siga creciendo, para que no me rinda ante sus pies.

— Bueno –le dijo la mamá–, dale la espalda, porque si sigues así te irá quitando la fuerza de tu espíritu que ahora todavía llevas, porque lo único que quiere es debilitarte día a día, porque él sabe que así te manejará a su antojo. Y es más, terminará por encarcelarte, y si esto te sucede va a ser muy triste para ti, porque te hará vivir el resto de tus días encerrada y terminarás por parecerte a él. ¿Eso quieres?

— No, mamá, ahora me estoy imaginando que debe ser horrorosamente feo.

— Qué bien, hija, entonces, síguete imaginando, porque todavía muestras un rostro bonito, porque eres pequeña, y como la luz sabe que todo lo haces con inocencia se compadece de ti, y por momentos regresa y se vuelve a quedar contigo.

— Entonces, la inocencia es buena.

— Así es –le dijo la mamá–, es muy buena, linda y pura, y habita en los corazones de todos los niños. Pero bueno, ¿qué has pensado hacer? Dime, porque todavía estás a tiempo para librarte del gigante.

Lucecita le dijo:

— No lo sé todavía. ¿Qué me aconsejas, mamá?

— Te aconsejo que mires al cielo y le pidas a Dios que te mande sus fuerzas.

— Pero, ¿tú crees mamá que Dios me querrá escuchar? Como Él lo ve todo sabe que he mentido muchas veces.

— Dios es infinitamente bueno –le dijo la mamá–, te va a escuchar, sólo quiere que lo busques con arrepentimiento de corazón y vas a ver cómo va a compartir sus fuerzas contigo.

Lucecita, después que escuchó a su mamá, hizo exactamente lo que le aconsejó, y mirando al cielo con el corazón ya arrepentido, dirigiéndose a Él, le dijo:

— Dios mío, Tú lo sabes todo, y sabes que he mentido muchas veces, pero ya no deseo seguir mintiendo, ayúdame por favor, porque no quisiera que el gigante de la mentira me atrape, porque es tan malo que seguramente no va a querer parar hasta dejarme sin vida. Y yo quiero vivir alegre y feliz como mi mamá y toda mi familia.

Y mientras oraba, a Lucecita le pareció ver que el cielo se iluminaba con el mismo resplandor, como era antes cuando todavía no conocía a la mentira. Entonces, comenzó a apreciar con más alegría al sol, a los árboles, a las flores y a todas las personas.

La mamá, al ver a Lucecita que se encontraba nuevamente alegre y radiante, se dio cuenta que Lucecita había aprendido una gran lección.

— Qué bien, Lucecita, veo que ahora la luz de Dios siempre te acompañará a donde vayas; por lo tanto, ya no existirá nada que te haga caer desde el lugar donde ahora te encuentras, porque con la sonrisa que llevas, hace que yo te vea como si estuvieses viviendo en el mismo cielo.

Y abrazándola con mucho amor, le volvió a decir:

— Mañana seguimos conversando porque ya es hora de dormir. Que Dios te bendiga, hijita.

— Y a ti también, mamá, –le dijo Lucecita.

Fin

Obra protegida por el Decreto Ley Nº 822 sobre el derecho de autor del Perú


El gigante de la mentira

EnCuentos está constituido por un grupo de profesionales y autores independientes que mediante su valioso aporte ayudan a recopilar, en un sólo lugar, literatura y material de todas las épocas, para padres -que en algún momento fueron niños- e hijos que, mediante la lectura, se convertirán en algún momento en mejores padres.

¿Qué se dice de EnCuentos.com?


Alicia Santi de Casati

Alicia Santi de Casati - "Mi experiencia con las letras no es de hace mucho, soy relativamente joven en estas cuestiones, pero el ser profesora me posibilito escribir siempre sobre diferentes temas aunque casi nunca le había dado la importancia al punto de que sea conocida por los demás..."Ver Más

Testimonio de Julio Casati

Julio Casati - "Hace ya un tiempo deambulaba por internet en busca de algún sitio en donde poder alojar todo lo que había escrito hasta ese momento, generalmente poesías y algún que otro relato aunque esto último no es mi fuerte. El llegar a conocer ENCUENTOS.COM fue algo mágico..."Ver Más

Testimonio de María Teresa Di Dio

María Teresa Di Dio - "EnCuentos.com significa mucho a la hora de escribir para los más pequeños. Feliz de pertenecer a este lugar que me ha ayudado a emprender el camino y publicar antologías en papel de cuentos infantiles..."Ver Más

Testimonio de María Luisa de Francesco

María Luisa de Francesco - "No había pensado en publicar en Internet hasta que vi a una buena amiga publicando: el sitio de Encuentos apareció y vi la enorme cantidad de material, la posibilidad de que mucha gente te lea y me volví a preguntar ¿ para qué escribo?..."Ver Más

Comentarios

comentarios

Leer entrada anterior
Sin límites

Sin límites. Catorce versos para decir todo Para hablar de ardientes amores Para volar confiado, sin temores …Y subir al...

Cerrar