La mentira de Coco



La mentira de Coco. Escritora Peruana de cuentos infantiles. Cuentos para el colegio.

La mentira de Coco

En una ciudad muy grande vivía Coco, un niño muy travieso y feliz, al que no le gustaba llevar un huevo en la lonchera que le preparaba su mamá para que coma a la hora del recreo en el colegio.

Pues no le gustaba el olor que dejaba en todo el aula cuando abría la lonchera.

Sus compañeros de clase le preguntaban:

- ¿Coco, por qué no traes dulces en tu lonchera como nosotros?

- Si coco, ¿por qué tu mamá te manda un huevo siempre?

Un día se armó de valor y le dijo a su mamá:

- Mamá, por favor ya no me mandes un huevo en la lonchera nunca más.
- ¿Por qué hijito?
- Porque no me gusta el huevo.
- Coco, sabes cuántos niños en el mundo no tienen nada que comer y tú te das el lujo de despreciar lo que humildemente te puedo dar con mucho amor.
- Pero mamá.
- Está bien, si te hace sentir mejor, ya no te voy a mandar un huevo en la lonchera.
- Gracias mamá, eres la mejor.

En un principio sintió felicidad al saber que ya no tendría que comer huevo en público, pero pronto se sintió terrible y con cargo de conciencia.

Pues sentía en el fondo de su corazón que estaba mintiendo porque le encantaba comer huevo de todos los tipos: frito, sancochado, batido, homelet; y sabía que su mamá no creía que de la noche a la mañana ya no le gustara. Pero le importaba más el que sus compañeros no lo criticaran ni se rieran de él a la hora del recreo.
Su madre le quiso dar una lección y a la hora de la cena cocinó huevo revuelto para ella y su esposo. Coco se quedó mirando el sabroso huevo que había preparado su mamá y le dijo:
- Y para mí, ¿no me vas a dar mamá?
- Pero hijo ¿acaso no me dijiste que no te gusta? No te preocupes si gustas te sirvo.
- No gracias mamá tienes razón en realidad ya no me gusta tanto.

Esa noche no pudo dormir por varias e interminables horas con el estómago vacío sonándole y con el cargo de conciencia de haberle mentido a su mamá y tuvo una pesadilla.

Soñó que su casa era de la forma de un huevo duro, que su mamá se había convertido en un homelet, y que el piso de toda la ciudad era de huevo revuelto.

Todos los niños felices jugaban y saltaban encima del huevo que era muy suave y rico.

- Miren chicos, podemos jugar al huevo saltarín.
- Si, y después podemos comer todo el huevo que queramos.

Y empezaban todos a saltar encima de los distintos tipos de huevos que habían.

El único que no se divertía era Coco quien en su afán de no comer huevo prefería pasar hambre y soledad.

De pronto se dio cuenta que lo único que había en su nuevo mundo para comer eran huevos y que los niños se podrían comer a su madre que ahora era un homelet.

Empezó a llorar y a corrió rápidamente a su hogar que estaba siendo devorado por todos los niños, quienes estaban trepados en el techo de su casa comiéndose todo el huevo que encontraban y empezó a gritar:
- No se coman a mi mamá.
- ¡Por favor, el homelet es mi mamá!

Al despertar de aquel sueño terrible fue al cuarto de su mamá y le dijo:
- Mamá, soñé que te convertiste en huevo y que te iban a comer unos niños, pero yo te defendí.
- Hijo, no te preocupes tanto pues ha sido sólo un sueño, mírame estoy bien y aquí a tu lado como siempre.
- Mamá lo que sucede es que te mentí cuando te dije que ya no quería comer más huevo ni llevarlo en mi lonchera.
- Coco, me di cuenta de eso desde un principio pues yo soy quien te prepara un huevo todos los días, veo como te agrada, lo saboreas y te lo acabas todo de un bocado.
- Yo he sido niña igual que tú y también no me gustaba llevar un huevo en la lonchera por el olor que emanaba y las burlas que generaba en mis compañeros de colegio. Hijo, no debes avergonzarte de la comida que Dios nos da con todo su amor para nuestro bienestar y salud, los niños que se burlan de ti también comen huevo sólo que no son tan valientes como tú para llevar uno al colegio y comerlo libremente sin importarles el que dirán. A muchos adultos también les pasa lo mismo, comen alimentos o dejan de comerlos por complacer a los demás cuando en el fondo van contra ellos mismos y no son auténticos ni libres.
- Mamá, no lo volveré a hacer.
- Estoy orgullosa de ti y que me hayas dicho la verdad pues se requiere mucho coraje para hacerlo. Te quiero mucho.
- Yo también te quiero Mamá.

Coco le pidió a su mamá que le sancochara un huevo para el desayuno y otro para la lonchera, pues quería comer un nutritivo huevo todos los días.
Desde aquel día Coco llevó ya no sólo un huevo sino dos uno para él y otro para compartirlo con sus compañeros.

Obra protegida por el Decreto Ley Nro. 822 sobre el derecho de autor del Perú.

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