La mentira de Coco

En una ciudad muy grande vivía Coco, un niño muy travieso y feliz, al que no le gustaba llevar un huevo en la lonchera que le preparaba su mamá para que coma a la hora del recreo en el colegio. Pues no le gustaba el olor que dejaba en todo el aula cuando abría la […]

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En una ciudad muy grande vivía Coco, un niño muy travieso y feliz, al que no le gustaba llevar un huevo en la lonchera que le preparaba su mamá para que coma a la hora del recreo en el colegio.

Pues no le gustaba el olor que dejaba en todo el aula cuando abría la lonchera.

Sus compañeros de clase le preguntaban:

- ¿Coco, por qué no traes dulces en tu lonchera como nosotros?

- Si coco, ¿por qué tu mamá te manda un huevo siempre?

Un día se armó de valor y le dijo a su mamá:

- Mamá, por favor ya no me mandes un huevo en la lonchera nunca más.
- ¿Por qué hijito?
- Porque no me gusta el huevo.
- Coco, sabes cuántos niños en el mundo no tienen nada que comer y tú te das el lujo de despreciar lo que humildemente te puedo dar con mucho amor.
- Pero mamá.
- Está bien, si te hace sentir mejor, ya no te voy a mandar un huevo en la lonchera.
- Gracias mamá, eres la mejor.

En un principio sintió felicidad al saber que ya no tendría que comer huevo en público, pero pronto se sintió terrible y con cargo de conciencia.

Pues sentía en el fondo de su corazón que estaba mintiendo porque le encantaba comer huevo de todos los tipos: frito, sancochado, batido, homelet; y sabía que su mamá no creía que de la noche a la mañana ya no le gustara. Pero le importaba más el que sus compañeros no lo criticaran ni se rieran de él a la hora del recreo.
Su madre le quiso dar una lección y a la hora de la cena cocinó huevo revuelto para ella y su esposo. Coco se quedó mirando el sabroso huevo que había preparado su mamá y le dijo:
- Y para mí, ¿no me vas a dar mamá?
- Pero hijo ¿acaso no me dijiste que no te gusta? No te preocupes si gustas te sirvo.
- No gracias mamá tienes razón en realidad ya no me gusta tanto.

Esa noche no pudo dormir por varias e interminables horas con el estómago vacío sonándole y con el cargo de conciencia de haberle mentido a su mamá y tuvo una pesadilla.

Soñó que su casa era de la forma de un huevo duro, que su mamá se había convertido en un homelet, y que el piso de toda la ciudad era de huevo revuelto.

Todos los niños felices jugaban y saltaban encima del huevo que era muy suave y rico.

- Miren chicos, podemos jugar al huevo saltarín.
- Si, y después podemos comer todo el huevo que queramos.

Y empezaban todos a saltar encima de los distintos tipos de huevos que habían.

El único que no se divertía era Coco quien en su afán de no comer huevo prefería pasar hambre y soledad.

De pronto se dio cuenta que lo único que había en su nuevo mundo para comer eran huevos y que los niños se podrían comer a su madre que ahora era un homelet.

Empezó a llorar y a corrió rápidamente a su hogar que estaba siendo devorado por todos los niños, quienes estaban trepados en el techo de su casa comiéndose todo el huevo que encontraban y empezó a gritar:
- No se coman a mi mamá.
- ¡Por favor, el homelet es mi mamá!

Al despertar de aquel sueño terrible fue al cuarto de su mamá y le dijo:
- Mamá, soñé que te convertiste en huevo y que te iban a comer unos niños, pero yo te defendí.
- Hijo, no te preocupes tanto pues ha sido sólo un sueño, mírame estoy bien y aquí a tu lado como siempre.
- Mamá lo que sucede es que te mentí cuando te dije que ya no quería comer más huevo ni llevarlo en mi lonchera.
- Coco, me di cuenta de eso desde un principio pues yo soy quien te prepara un huevo todos los días, veo como te agrada, lo saboreas y te lo acabas todo de un bocado.
- Yo he sido niña igual que tú y también no me gustaba llevar un huevo en la lonchera por el olor que emanaba y las burlas que generaba en mis compañeros de colegio. Hijo, no debes avergonzarte de la comida que Dios nos da con todo su amor para nuestro bienestar y salud, los niños que se burlan de ti también comen huevo sólo que no son tan valientes como tú para llevar uno al colegio y comerlo libremente sin importarles el que dirán. A muchos adultos también les pasa lo mismo, comen alimentos o dejan de comerlos por complacer a los demás cuando en el fondo van contra ellos mismos y no son auténticos ni libres.
- Mamá, no lo volveré a hacer.
- Estoy orgullosa de ti y que me hayas dicho la verdad pues se requiere mucho coraje para hacerlo. Te quiero mucho.
- Yo también te quiero Mamá.

Coco le pidió a su mamá que le sancochara un huevo para el desayuno y otro para la lonchera, pues quería comer un nutritivo huevo todos los días.
Desde aquel día Coco llevó ya no sólo un huevo sino dos uno para él y otro para compartirlo con sus compañeros.

Obra protegida por el Decreto Ley Nro. 822 sobre el derecho de autor del Perú.

Blog personal: www.monicaesparza.blogspot.com


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