Feli feliz y los diminutos

Feli feliz y los diminutos. Escritor de Valencia, España. Feli Feliz es un lápiz azul y rojo, que vivió sus primeras aventuras en un colegio. Tras encontrar a su hermana en un taller artesanal fallero y colaborar en el proyecto de una falla infantil, nos lleva, en este nuevo libro, a descubrir la caja de […]

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Feli feliz y los diminutos. Escritor de Valencia, España.

Feli Feliz es un lápiz azul y rojo, que vivió sus primeras aventuras en un colegio. Tras encontrar a su hermana en un taller artesanal fallero y colaborar en el proyecto de una falla infantil, nos lleva, en este nuevo libro, a descubrir la caja de los diminutos: UNOS LAPICES CORRIENTES, PEQUEÑOS DE TAMAÑO, PERO GRANDES EN RECUERDOS.

Feli feliz y los diminutos.
Dedicado a todos l@s niñ@s enferm@s
Dedicado a todas las personas que de un modo u otro trabajan para prestarles ayuda y luchan contra la enfermedad y el dolor, cualquiera que sea su forma de manifestarse.
Dedicado al Foro y al blog de la FUNDACIÓN JOSEP CARRERAS.

ENTRAR EN LA CAJA.
Todo el mundo sabe que a los bolígrafos, cuando se les acaba la tinta, se quedan vacíos, sin ninguna cosa que poder contar. Los lápices, van recogiendo sensaciones, pensamientos y palabras de cada persona que los ha tenido en sus manos. Cuando después de mucho trabajar, se han ido haciendo pequeñitos, tienen lleno su corazón. La nueva misión de Feliciano Feliz era preservar los recuerdos de cuatro de ellos.
Ahora, Feli se encontraba delante de la caja más grande que él podía imaginar. Se tomó un tiempo para descansar. Junto a la caja, recordó muchas de las conversaciones que había tenido con su hermana, Suave. El descanso y la concentración le ayudaron en el siguiente paso.
¿Cómo podré entrar en la caja? “Todos los dibujos son como puertas y las puertas se abren”. Se decidió por dibujar un timbre y al tocarlo, oyó que desde dentro decían: “no se admite propaganda”. Rápidamente dibujó una mirilla y pudo ver al primer diminuto, que, inmovilizado por la sorpresa fue incapaz de reaccionar.
En un abrir y cerrar de ojos, un montón de manitas, organizadas y cuidadosas, borraron todo aquello, y sin que yo sepa muy bien cómo, llevaron a Feli Feliz ante la GRAN ASAMBLEA.

FELI FELIZ ANTE LA GRAN ASAMBLEA.
Hasta dónde la vista le alcanzaba, y era lejos, porque era el más alto, pudo ver que estaba rodeado de diminutos. Delante de él, apenas reconocibles como manchas de color, estaban los colores que habían pintado el primer arco iris, el lápiz gordito que había creado la “O” y una mina delgada experta en escribir música y trazar pentagramas. Pero las miradas de los Diminutos estaban dirigidas hacia Melsus. Todos y todas esperaban que el PATRIARCA LIDER tomase la decisión. Ésta no se hizo esperar y, siguiendo las indicaciones del Libro de los Grandes Protocolos, Melsus levantó ambas manos. Era el símbolo de la aceptación en la comunidad. Feli, seguía cada uno de los pasos, repasando mentalmente todo el proceso. Sabía que, ahora, le permitirían dirigirse a la GRAN ASAMBLEA.
Feliciano, Feli, pretendía hablar poco y dejar mucho tiempo para que le pudiesen hacer preguntas. Era un honor muy grande poder ser UN ANOTADOR CRONISTA. Ser ANOTADOR CRONISTA permitía conocer y rescatar 4 historias. Melsus era el encargado de seleccionarlas y aceptar al candidato o a la candidata, para difundirlas.
Finalmente, un diminuto, se dirigió a él para preguntarle cómo pensaba poder recordar todo cuanto le fuesen contando y como pensaba anotarlo.
Todos y todas rieron cuando Feli contestó: “CON UN BOLÍGRAFO ESPECIAL”. Nadie, allí, confiaba en los bolígrafos. Las risas desaparecieron en las primeras filas, cuando Feliciano sacó la hoja de información y pudieron ver que, efectivamente, aquel no era un bolígrafo corriente. Estaban ante el primer bolígrafo con memoria.

LA DEMOSTRACIÓN.
Una vez que Melsus autorizó la entrada del equipo de colaboradores de Feli en la CAJA, todos se pusieron a trabajar. Feli quiso que los Diminutos pudieran ver cómo serían las sesiones y se dispuso a contar él la primera historia. Un ordenador portátil iluminaba muy bien la sala y para ahorrar energía, apagaron las pilas fotoeléctricas. Si todo funcionaba como estaba previsto, por la mañana, el trabajo estaría acabado.
Cuando empezó a hablar, desde el interior de la bolsa de transporte del ordenador, saltó un esbelto bolígrafo que todos reconocieron como el de las fotos. El boli inició un apasionado baile de letras, de palabras, de frases.
Feli se dejaba llevar por los recuerdos. Ahora aterrizaba en el bibliobús, ahora dejaba que la memoria se tumbase en la arena de la playa, la noche de San Juan.
La primera vez que permaneció en silencio prolongado, Satur, el boli, supo que era su turno. Se conectó al ordenador y, la pantalla empezó a hacer suyo cada movimiento de la danza que acababan de presenciar. Allí estaba, escrita, la historia que Feli había contado. Mientras la Caja se llenaba de aplausos, en la pantalla del ordenador se podían ver los borradores de las ilustraciones.
Una vez complacidos todos los presentes, Melsus y Feli estimaron que era necesario comenzar cuanto antes el proceso de recuperación de las historias. Mientras Feli ultimaba los detalles con sus colaboradores, Melsus hizo que los protagonistas se preparasen.

LA LAPICERA ILUSTRADA
Blanca era la lapicera roja de Evaristo el ebanista. Lo sabían todo sobre las maderas y las formas de trabajarlas. Un día Evaristo tuvo que partir y dejó a Blanca en el Ayuntamiento. Como si fuera un pirsing, le puso una anillita y la sujetó al hilo que colgaba del tablón de anuncios. Al principio esta separación le costó mucho. Cuando se ponía triste, recordaba las palabras de Evaristo: “vive cada momento con intensidad y sigue aprendiendo”.
Se dejaba coger para anotar nombres en las listas de viajes, reuniones o tratamientos ecológicos de plagas. Era una experta en, por lo menos, ¡diez mil cosas!
Un día, cuando se balanceaba despacio, haciendo la siesta, despertó. Una mano suave pero firme, la sujetaba a cierta distancia de un pequeño anuncio: “contes arreplegats de les çendres de l’llar. Vine amb nosaltres”. La señora que la sujetaba la llevó al folio y anotó una dirección y un teléfono. Blanca estaba cada vez más interesada. Siguió dejándose llevar para anotar:
-si puedes (debes) venir con un adulto
-trae merienda y una historia para compartir.
Blanca deseó con fuerza marcharse con aquella persona, por lo que no se sorprendió cuando se vió dentro de la bolsa. En el interior fue recibida por un libro y dos marionetas, que reconoció. Se le encendió una luz que, como destellos, le recordó su vida en la ebanistería. Tania Blos: cuentacuentos. ¡Cuantas veces había oido hablar a
Evaristo de aquella persona. Era como una Alicia que abría caminos en el País de las maravillas.
Blanca se sintió muy afortunada durante los años siguientes, compartiendo historias y cuentos con niños y adultos. Puede que algún día podamos volver sobre esta etapa de su vida.
Hoy, lo que desea Blanca, es deciros que es muy importante escuchar. Compartir atentamente lo que los otros nos cuentan, nos ayuda a entenderles y quererles. Blanca quiere compartir que, ha aprendido que, lo que nos diferencia de los demás, casi siempre, se reduce a dos cosas principalmente:
-el momento en el que les pasó lo que nos cuentan
-la “etiqueta” que les hemos puesto desde entonces.
Recuerda tener cuidado con las” etiquetas”, úsalas con precaución y escucha dos veces por cada vez que hables.

PRUDENCIO Y LOS LÁPICES CLONADOS.
Prudencio era Juez de Paz. Su nombre inspiraba algunas bromas, pero, él, confianza. Su lápiz mágico le ayudaba a tomar las decisiones principales sobre las cuestiones que le llegaban.
A Prudencio le gustaba el teatro y las técnicas de animación. Le gustaba la lectura y la escritura. Sobre todo le gustaba que en su Juzgado las cosas se tomaran en serio, pero con humor.
Un día que tuvo que juzgar a un político, le ocurrió algo inesperado. Los políticos son entusiastas de sueños, poetas de la ilusión. Este político, Marc, por inexperiencia, dió un traspié y pasó de la poesía a la novela y se subió a la ciencia ficción, prometiendo cosas imposibles. Prudencio comprendió que en el fondo sus intenciones eran buenas y decidió clonar su lápiz, para regalarle uno a Marc. El nuevo lápiz era tan especial que sólo podía escribir las cosas correctas y que salían del corazón. Además, cuando escribía algo sincero pero difícil de cumplir, siempre añadía comillas al principio y al final del texto.
Supongo que habrás adivinado que el suceso inesperado que le ocurrió a Prudencio, estaba relacionado con la clonación de su lapicero. Así es. La clonación no ha podido detenerse todavía y siguen surgiendo lápices con poderes especiales. Es posible que entre los tuyos se encuentre alguno de ellos. Los lápices especiales, como las personas, necesitan encontrar su momento para activarse. Lo mejor que podemos hacer es vivir
como si ese momento especial fuese a producirse en el preciso momento que estamos viviendo. Si resulta difícil siempre tienes la posibilidad de utilizar las comillas. Suerte.

ANA LA RANA.
Conocida como “Ana la rana”, podría haber sido una tortuga (por sus arrugas) o un caracol (por su tranquilidad ante los inconvenientes y por llevarlo todo detrás).
Dicen que ella inventó la risa y que estaba allí antes incluso de que fuese construido el edificio del hospital.
Era maestra, payasa, voluntaria. Nadie, ni siquiera l@s más mayores de l@s pacientes, podían escapar a los encantamientos de su “sana, sana, culito de rana, si no cura hoy curará mañana…”. Lo decía, lo cantaba, lo soñaba y conseguía que todo el mundo lo “bebiera, comiera y lo saboreara”.
En su maleta: trucos y recursos. El dedo de ET, fotos, libros, cuadernos y el nuevo lápiz con el que sigue escribiendo, todos los días, sus ilusiones y propuestas para cada nueva jornada. El viejo y ya cansado lápiz, es el que nos ha contado la historia de Ana.
Ana “la rana”, el caracol, la tortuga, que tras su caparazón protege y ampara. Sana, sana… Ana “la rana”.

LA HISTORIA DE GUS.
Gus trabajaba para una enfermera de planta de oncohematología. Había tenido ya varios compañeros bolígrafos. El trabajar codo con codo, animó la relación con su nuevo compañero. Era un puntaviva rojo, que a base de mucho esfuerzo y varios frentes se estaba quedado seco. Aún sabiendo que se consumía, no quería dejar de dar lo mejor de si mismo.
Una noche, mientras permanecían abandonados en el bolsillo de la bata de la enfermera, en un perchero colectivo, pudieron ver un anuncio en la televisión del cuarto de descanso. El anuncio era de una Fundación, la fundación Josep Carreras. En el anuncio salía un niño explicando su plan para cuando se pusiera bueno. Aquello les impresionó. Pasaron el resto de la noche hablando y comentando ideas.
A la mañana siguiente, cuando Montse tiró la bata a lavar, no se dió cuenta de que no estaban ni el lápiz ni el puntaviva. Los echo de menos justo cuando empezó la ronda por la planta. Como sólo tenía que marcar casillas, utilizó un lápiz de ojos y una barra de labios roja. A media mañana, cuando tomaba café con una compañera, ésta le comentó que estaban repartiendo portaminas y plumas estilográficas para sustituir los lápices y los bolígrafos de todo el personal del hospital.
A Montse aquello le gustó. Pensó que la próxima vez que tuviera que explicar la leucemia lo haría con ayuda de sus nuevos compañeros. “Aquí nadie se apaga, recargamos a todo el mundo, mira, como a este portaminas o esta pluma.” Dio un nuevo sorbo a su café y buscó mecánicamente, su lápiz y su puntaviva en el bolsillo. Se preguntó dónde los habría dejado. Quería guardarlos como recuerdo. De recuerdos, el último que yo tengo de haberlos visto en la historia, era cuando estaban viendo ellos el anunció de “cuéntanos tu plan”. Quizá su plan era transformarse. Ante la enfermedad solamente hay dos planes últimos: curarte si estás enferm@ y ayudar, si eres la persona sana. Es verdad que puede estar enferm@ y ayudar. Es verdad también que puede estar san@ y ayudando, curarte de la indiferencia. Parece, pues, que pueden existir muchos planes. Nosotros deseamos que tu plan sea bueno para ti y para tod@s.

¿DÓNDE VAN LAS HISTORIAS RECUPERADAS?
Nadie ha podido aclarar todavía si los lápices duermen. Lo que si está claro es que madrugan y que al amanecer están siempre despiertos. Aquella madrugada, unas horas después de haber llegado y ser admitido por la GRAN ASAMBLEA, el equipo de Feli se dispone a partir. Al mismo tiempo, Melsus y su equipo de colaboradores también ultimaban el traslado de la caja, siguiendo la rutina diaria de seguridad. La consigna: que se pregunten hoy dónde está la caja que vieron ayer. Mover una caja tan grande tenía sus ventajas, ya que nadie se pregunta dónde va una caja así, si va encima de un camión o es movida por máquinas. Los problemas surgen cuando permanece quieta, porque puede parecer amenazante. Los humanos creen amenazante todo lo que no tienen dominado.
En diez minutos se cumpliría el ritual. Hoy ruta 2 destino 5. 30 kilómetros aproximadamente. Destino: naves auxiliares del puerto. Punto de recepción de 4 nuevos contactos. Admisión del equipo de colaboradores gamma-alfa.
También Feli y sus compañeros tenían programado su nuevo destino. Filigranas, la cámara de fotos repasaba con Manu (el ex-lápiz de un periodista) la memoria. Desde que empezaron las aventuras habían pasado por una Fundación, una Asociación, volvían a relacionarse con otra Fundación y… ¡A OTRA ASOCIACIÓN! Se oyó detrás de ellos a Cleta, una carpeta azul, clásica, que se ocupaba de las solicitudes y agenda del grupo.
Filigranas estaba ocupado con las imágenes. Todo el mundo quería saber a dónde y cómo irían, pero para sorpresa de todos, Feliciano Feliz estaba dormido y por su sonrisa debía estar soñando. Yo creo que en su sueño debía ver las cuatro historias publicadas para que todos los niñ@s pudieran leerlas. Para un lápiz no hay nada más emocionante que ver un niño o una niña leyendo porque sabe que lo siguiente será escribir. Animad la lectura, practicar la escritura y el mundo será mejor.

Blog: http://felifeliz.blogia.com


Feli feliz y los diminutos

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