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	<title>Comentarios en: El árbol que perdió su sombra</title>
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	<description>Cuentos Infantiles. Recursos Educativos y Salud</description>
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		<title>Por: dulce</title>
		<link>http://www.encuentos.com/autores-de-cuentos/el-arbol-que-perdio-su-sombra/comment-page-1/#comment-9363</link>
		<dc:creator>dulce</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 05 Jun 2011 19:36:06 +0000</pubDate>
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		<description>la recompesa de las accciones es lo que recibes sin querer y por lo que te das cuenta que vale la pena todo el sacrificio.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>la recompesa de las accciones es lo que recibes sin querer y por lo que te das cuenta que vale la pena todo el sacrificio.</p>
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		<title>Por: JANY</title>
		<link>http://www.encuentos.com/autores-de-cuentos/el-arbol-que-perdio-su-sombra/comment-page-1/#comment-5648</link>
		<dc:creator>JANY</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 Jan 2010 05:17:12 +0000</pubDate>
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		<description>ME CONMOVIÓ PROFUNDAMENTE &quot;EL ARBOL QUE PERDIO SU SOMBRA&quot;, PUES UNO DE MIS  SERES QUERIDOS SUFRE DE ALZHEIMER. POR ELLO ME NACE COMPARTIR CON UDS. ESTE RELATO QUE LO ESCRIBI.


                                                   LA SIEMBRA

     
       Aquí estamos las dos tomando el sol para abrigarnos el cuerpo en esta tarde ventosa.
       Ella es mi tía, una bebé de 82 años que en su momento hizo de mi madre. 
       Yo tengo la edad que ella necesita. Unas veces soy la niña a la que reprende; otras, la máquina de respuestas a sus mil preguntas repetidas con la misma fuerza, con la misma incoherencia; o la brújula en su laberinto de recuerdos; o el bastón en su camino lleno de baches y fantasmas; o la nocturna enfermera que despierta sobresaltada ante sus inesperados gritos y dolencias. 
       Hace mucho soy la madre que la viste, desviste, baña, peina, alimenta y convive en su mundo (despiadadamente ilógico, sin tiempo) y la que por la noche bendice su frente.
       La contemplo tan férrea en su repetividad y tan frágil ante ese mismo repetir absurdo. 
       -Qué estás haciendo?
       -Estoy escribiendo un cuento que habla de ti.
       -¡Ah, qué lindo!
       Me interrumpe continuamente con sus peticiones:
       -Vamos pronto a mi casa. (Su casa no existe hace 30 años).
       -Mamá me dijo que me necesita. (Su madre falleció hace 35 años).
       -Roberto me ha de estar buscando. (Su esposo falleció hace 10 meses) 
       -Mis compañeras  me invitaron a una fiesta en el colegio. (A sus compañeras  no 
        las ha visto hace 67 años).
       -Mira ese árbol de algodón. (Es una grande nube en el cielo).
       -La mañana está muy linda. (Son las 16:30).
       -¿Tendrás alguna cosita para comer? (Comió hace 7 minutos).
       -¿Ya acabas de escribir para irnos a la casa?  Roberto ha de estar solito. Mis 
        compañeras tienen una fiesta. Mamá me ha de estar buscando. La mañana está 
        abrigadita. No he comido nada en todo el día. Vele a ese árbol de algodón. Si te 
        vas a demorar mejor me voy sola a la casa...
       Cansada de verme escribir esta historia y no cumplir sus exigencias, se levanta y va al baño de su cuarto.Ventajosamente, diseñamos la casa para que lo tenga a dos pasos de su cama. Por precaución le pusimos también un cartel en la pared con una flecha muy grande dentro de la cual dice “baño”.
       Una vez más se olvidó. Se perdió dentro de su mismo cuarto.
       Cuando entro, sus heces fecales están junto a la cama y ella jugando libremente con estas en las paredes, en su ropa, en su pelo, en todo.
       No es una catástrofe, es casi una rutina.
       El olor, mientras limpio, me recuerda a determinados especímenes humanos.
       Cuando ella era una mujer activa, brillante, alegre, sagaz, quizá hasta en demasía, había visitas, reuniones, fiestas, regalos, risas. Había vida. 
       Hoy, ya todos se alejaron. Solo me juzgan distantes, mientras representan magistral e irónicamente el papel de Dios y de Pilatos.
       Casi olvido, soy injusta. Su prima sí la llamaba hasta hace tres años. Una vez cada doce meses, en el día de su santo.
       El único familiar que frecuentemente, aunque hace mucho, sí comentaba sobre ella, era su hermano que me decía:
       -Enciérrale a la vieja loca en el manicomio. Está acabando con tu vida.
       Ya la bañé. Mientras, ella conversa plácidamente con la cerámica de la pared. Luego se dirige a la flecha que dice “baño”, se persigna fervorosamente y empieza a rezar ante “su Virgencita de Fátima”. 
       Ya terminé de limpiar todo cuando ella empieza a romper en tiritas su toalla. La detengo y guardo los pedazos en la caja donde están todas las tiritas de sus pijamas, vestidos, almohadas y sábanas. Es una importante caja para orientación del Siquiatra que la medica. 
       Estoy acabando con mi vida. ¡Vaya sentencia! Y así siento de veras, cuando humanamente me voy desmoronando.
       No es nada fácil. Este cuidado implica mucha entrega, descuidarme de los demás en casa y aún de mí misma.
       Implica pararse firme, (muy firme cuando el virus del ¿por qué yo? me invade) y doblar las rodillas, al mismo tiempo. Mirar el infinito dolor y humildad en la cruz divina y agradecerle al cielo por ser minúscula la espina que me aflige.
       Implica tomar mi cansancio, mi sufrimiento, mi rabia, mi tristeza para mimarlos. Para observarlos detenidamente, con profundidad, hasta llegar a entender su verdad y así vivirlos con amor cada minuto.
       Tengo el apoyo de mi esposo quien incondicionalmente resbala conmigo, a veces, a lo más hondo. Me rescata y me envuelve amorosamente en sus brazos de acero, en su voz de terciopelo.
       Tengo un hijo creciendo. En todo este tiempo ha aprendido que los seres humanos somos libros. Valiosos por el mensaje de sus hojas, aunque estén amarillentas, arrugadas, sucias, polvorientas, malolientes.
       No existen diferencias generacionales entre mi hijo y ella. Son dos chiquillos jugando, riendo, haciendo travesuras.
       El me ayuda en lo que puede.  A veces, y con razón, también reniega.
       Cuando me ve taciturna, se acerca y me abraza.
       -¡Mamá te quiero mucho! Deseo que nunca te enfermes como ella, pero si eso pasa algún día, te cuidaré ¡siempre! como tú la cuidas.
       ¡Dios! ¡Tal vez este es el porqué! ¡Tal vez esta es la esencia!  
       Más allá de su tierno deseo de ampararme en lo futuro, es la siembra del presente. Siembra que deseo sea buena.
       El “abono” que me toca utilizar no es de mi agrado, no es del mejor olor, me ensucia y lastima muy adentro.
       En todo este tiempo se ha empobrecido la apariencia de “mis hojas”. Pero al recostar mi agotado cuerpo, siento una tranquila luz que brilla en mi interior.
       Siento el cuerpo de mi esposo, ahora más amado y admirado, sosteniéndome leal en toda prueba. Siento a mi hijo pequeño de alma grande.
       ¡Mañana será otro día! Planeamos ir de paseo. Necesitamos ir de paseo aunque no hay libertad de salir a cualquier parte. No es fácil hacerlo con ella. (La última vez que la llevamos se orinó dentro del auto).  
       Siempre la miramos tan ajena a todo. Envidiablemente ajena al estrés, viviendo su vida sin reloj, sin mapa, sin faro, sin nada. 
       Con intensa reflexión y miedo, me pregunto ¿Tendré reloj, mapa y faro en la última estación de mi viaje?</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>ME CONMOVIÓ PROFUNDAMENTE &#8220;EL ARBOL QUE PERDIO SU SOMBRA&#8221;, PUES UNO DE MIS  SERES QUERIDOS SUFRE DE ALZHEIMER. POR ELLO ME NACE COMPARTIR CON UDS. ESTE RELATO QUE LO ESCRIBI.</p>
<p>                                                   LA SIEMBRA</p>
<p>       Aquí estamos las dos tomando el sol para abrigarnos el cuerpo en esta tarde ventosa.<br />
       Ella es mi tía, una bebé de 82 años que en su momento hizo de mi madre.<br />
       Yo tengo la edad que ella necesita. Unas veces soy la niña a la que reprende; otras, la máquina de respuestas a sus mil preguntas repetidas con la misma fuerza, con la misma incoherencia; o la brújula en su laberinto de recuerdos; o el bastón en su camino lleno de baches y fantasmas; o la nocturna enfermera que despierta sobresaltada ante sus inesperados gritos y dolencias.<br />
       Hace mucho soy la madre que la viste, desviste, baña, peina, alimenta y convive en su mundo (despiadadamente ilógico, sin tiempo) y la que por la noche bendice su frente.<br />
       La contemplo tan férrea en su repetividad y tan frágil ante ese mismo repetir absurdo.<br />
       -Qué estás haciendo?<br />
       -Estoy escribiendo un cuento que habla de ti.<br />
       -¡Ah, qué lindo!<br />
       Me interrumpe continuamente con sus peticiones:<br />
       -Vamos pronto a mi casa. (Su casa no existe hace 30 años).<br />
       -Mamá me dijo que me necesita. (Su madre falleció hace 35 años).<br />
       -Roberto me ha de estar buscando. (Su esposo falleció hace 10 meses)<br />
       -Mis compañeras  me invitaron a una fiesta en el colegio. (A sus compañeras  no<br />
        las ha visto hace 67 años).<br />
       -Mira ese árbol de algodón. (Es una grande nube en el cielo).<br />
       -La mañana está muy linda. (Son las 16:30).<br />
       -¿Tendrás alguna cosita para comer? (Comió hace 7 minutos).<br />
       -¿Ya acabas de escribir para irnos a la casa?  Roberto ha de estar solito. Mis<br />
        compañeras tienen una fiesta. Mamá me ha de estar buscando. La mañana está<br />
        abrigadita. No he comido nada en todo el día. Vele a ese árbol de algodón. Si te<br />
        vas a demorar mejor me voy sola a la casa&#8230;<br />
       Cansada de verme escribir esta historia y no cumplir sus exigencias, se levanta y va al baño de su cuarto.Ventajosamente, diseñamos la casa para que lo tenga a dos pasos de su cama. Por precaución le pusimos también un cartel en la pared con una flecha muy grande dentro de la cual dice “baño”.<br />
       Una vez más se olvidó. Se perdió dentro de su mismo cuarto.<br />
       Cuando entro, sus heces fecales están junto a la cama y ella jugando libremente con estas en las paredes, en su ropa, en su pelo, en todo.<br />
       No es una catástrofe, es casi una rutina.<br />
       El olor, mientras limpio, me recuerda a determinados especímenes humanos.<br />
       Cuando ella era una mujer activa, brillante, alegre, sagaz, quizá hasta en demasía, había visitas, reuniones, fiestas, regalos, risas. Había vida.<br />
       Hoy, ya todos se alejaron. Solo me juzgan distantes, mientras representan magistral e irónicamente el papel de Dios y de Pilatos.<br />
       Casi olvido, soy injusta. Su prima sí la llamaba hasta hace tres años. Una vez cada doce meses, en el día de su santo.<br />
       El único familiar que frecuentemente, aunque hace mucho, sí comentaba sobre ella, era su hermano que me decía:<br />
       -Enciérrale a la vieja loca en el manicomio. Está acabando con tu vida.<br />
       Ya la bañé. Mientras, ella conversa plácidamente con la cerámica de la pared. Luego se dirige a la flecha que dice “baño”, se persigna fervorosamente y empieza a rezar ante “su Virgencita de Fátima”.<br />
       Ya terminé de limpiar todo cuando ella empieza a romper en tiritas su toalla. La detengo y guardo los pedazos en la caja donde están todas las tiritas de sus pijamas, vestidos, almohadas y sábanas. Es una importante caja para orientación del Siquiatra que la medica.<br />
       Estoy acabando con mi vida. ¡Vaya sentencia! Y así siento de veras, cuando humanamente me voy desmoronando.<br />
       No es nada fácil. Este cuidado implica mucha entrega, descuidarme de los demás en casa y aún de mí misma.<br />
       Implica pararse firme, (muy firme cuando el virus del ¿por qué yo? me invade) y doblar las rodillas, al mismo tiempo. Mirar el infinito dolor y humildad en la cruz divina y agradecerle al cielo por ser minúscula la espina que me aflige.<br />
       Implica tomar mi cansancio, mi sufrimiento, mi rabia, mi tristeza para mimarlos. Para observarlos detenidamente, con profundidad, hasta llegar a entender su verdad y así vivirlos con amor cada minuto.<br />
       Tengo el apoyo de mi esposo quien incondicionalmente resbala conmigo, a veces, a lo más hondo. Me rescata y me envuelve amorosamente en sus brazos de acero, en su voz de terciopelo.<br />
       Tengo un hijo creciendo. En todo este tiempo ha aprendido que los seres humanos somos libros. Valiosos por el mensaje de sus hojas, aunque estén amarillentas, arrugadas, sucias, polvorientas, malolientes.<br />
       No existen diferencias generacionales entre mi hijo y ella. Son dos chiquillos jugando, riendo, haciendo travesuras.<br />
       El me ayuda en lo que puede.  A veces, y con razón, también reniega.<br />
       Cuando me ve taciturna, se acerca y me abraza.<br />
       -¡Mamá te quiero mucho! Deseo que nunca te enfermes como ella, pero si eso pasa algún día, te cuidaré ¡siempre! como tú la cuidas.<br />
       ¡Dios! ¡Tal vez este es el porqué! ¡Tal vez esta es la esencia!<br />
       Más allá de su tierno deseo de ampararme en lo futuro, es la siembra del presente. Siembra que deseo sea buena.<br />
       El “abono” que me toca utilizar no es de mi agrado, no es del mejor olor, me ensucia y lastima muy adentro.<br />
       En todo este tiempo se ha empobrecido la apariencia de “mis hojas”. Pero al recostar mi agotado cuerpo, siento una tranquila luz que brilla en mi interior.<br />
       Siento el cuerpo de mi esposo, ahora más amado y admirado, sosteniéndome leal en toda prueba. Siento a mi hijo pequeño de alma grande.<br />
       ¡Mañana será otro día! Planeamos ir de paseo. Necesitamos ir de paseo aunque no hay libertad de salir a cualquier parte. No es fácil hacerlo con ella. (La última vez que la llevamos se orinó dentro del auto).<br />
       Siempre la miramos tan ajena a todo. Envidiablemente ajena al estrés, viviendo su vida sin reloj, sin mapa, sin faro, sin nada.<br />
       Con intensa reflexión y miedo, me pregunto ¿Tendré reloj, mapa y faro en la última estación de mi viaje?</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: alicia fernández</title>
		<link>http://www.encuentos.com/autores-de-cuentos/el-arbol-que-perdio-su-sombra/comment-page-1/#comment-3621</link>
		<dc:creator>alicia fernández</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jun 2009 03:25:30 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.encuentos.com/?p=3404#comment-3621</guid>
		<description>este cuento me hizo llorar me parecee excelente la metáfora para sensibilizar a la gente acerca de la enfermedad.</description>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Claudio</title>
		<link>http://www.encuentos.com/autores-de-cuentos/el-arbol-que-perdio-su-sombra/comment-page-1/#comment-3493</link>
		<dc:creator>Claudio</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Jun 2009 02:44:26 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.encuentos.com/?p=3404#comment-3493</guid>
		<description>Muy tocante...gracias.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Muy tocante&#8230;gracias.</p>
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