La Navidad. Entre el consumo y el sentimiento.
Tema de la semana: La Navidad
La Navidad: entre el consumo y el sentimiento.
¿Cómo nos preparamos para vivir la Navidad? ¿Hay una forma correcta? ¿Hay un modo que sea mejor que el otro?
Para aquellos que creemos, podríamos decir que una de las mejores formas podría ser valorar realmente el milagro que significa la Navidad: un Dios todopoderoso que elije llegar hasta el hombre, en la forma de un bebé humilde, simple. Un Dios que nos ama por sobre todas las cosas y se brinda de esta manera, sin lujos, ni brillos. Un Dios que vuelve a nacer cada 25 de diciembre y que nos dice que también nosotros podemos volver a nacer cada Navidad junto con él.
Sería hermoso que cada uno de nosotros pudiera volverse niño por dentro, con todo por aprender, todo para dar. Que pudiéramos desde lo más profundo de nuestro corazón y nuestros deseos rearmar nuestra vida, corregir cosas, enmendar errores, cambiar rumbos si fuese necesario.
La Navidad es eso y muchas cosas más. En definitiva es amor, del más sublime que podamos encontrar. En este amor, es donde sería bueno que nos focalizáramos, desde ese lugar será posible el perdón, el acercamiento, la unión. Desde este lugar también podremos esperar la Navidad con el corazón más abierto, la fe intacta, la esperanza fortalecida.
Sin embargo, la Navidad tiene otra forma también, más “mundana” diría. Una forma con adornos, guirnaldas, árboles, compras, regalos, comida. A veces daría la impresión que uno centraliza más la atención en adornar el arbolito, que en preparar el corazón; en salir de compras, más que mirar hacia adentro y apreciar el milagro del que hablábamos antes.
Es una época hermosa, no hay duda, pero también es un tiempo de corridas, compras, listas de invitados, comidas posibles para preparar, entre tantas otras cosas.
¿Son ambos enfoques compatibles? ¿En uno prima más el espíritu navideño que en el otro?
Dijimos que la Navidad se trata de amor. Yo creo que, si cada cosa que hacemos, la hacemos con amor, sea cual fuere, en ella estará el espíritu de la Navidad.
Elegir un regalo para alguien con dedicación, preparar una comida con esmero para deleitar a los que amamos, disfrazarnos de Papá Noel mantener la ilusión de nuestros hijos, son todos actos de amor. Adornar nuestra casa para recibir a la familia también. Si en cada cosa que hacemos para esta Navidad, lo hacemos como una entrega generosa hacia el otro, sin duda el espíritu navideño estará presente.
Vivimos en un mundo consumista, no hay duda de ello. Estamos siempre apurados sin tiempo para detenernos a pensar lo que es verdaderamente importante. Es una buena época para detener un poco la marcha, aunque sea un poquito y darle un sentido más profundo a cada cosa que hacemos. Por eso, no estaría mal que, al comprar un regalo, preparar una comida, decorar la casa o el árbol depositáramos en cada uno de esos pequeños y maravillosos actos el amor más profundo, el deseo de hacer feliz a alguien, las expectativas del encuentro con los que más amamos. Si así encaramos estos preparativos tan mundanos, pero hermosos, el milagro del amor estará en ellos y con él, la verdadera magia de la Navidad.
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