Madres que no quieren amamantar: una decisión cuestionada

bebé tomando biberón

Desde que la naturaleza nos dotó con este maravilloso don de gestar, parir y amamantar a la crías de nuestra especie hasta ahora, han surgido transformaciones en el ser humano, producto de una vida en sociedad, de una cultura que nos moldeó de una forma tal que, muchas veces, va en contra de nuestra propia naturaleza. Y es ahí donde aparecen planteos sobre el deber y el querer. Sobre lo ideal y lo que la circunstancias ofrecen.

Si bien es cierto que tenemos la posibilidad de amamantar, hay mujeres que no experimentan ese deseo. Y es que la lactancia materna no es solo naturaleza pura, también tiene que existir las ganas de hacerlo, un motor que incentive este acto.

En tiempos remotos si no dabas la teta los niños morían, ya que era su único medio de alimentación. Hoy en día si no se da el pecho los niños de hambre no mueren.

Si bien es cierto que la leche de la madre es el alimento más adecuado para el bebé, y la madre tiene que contar con esta información, también en cierto que dar el pecho sin deseos, por parte de la madre, es más perjudicial que no darlo.

Con la inserción de la mujer en el ámbito laboral, con la nueva forma de vida adoptada en el último tiempo, las prioridades y expectativas de vida han cambiado. Antes la mujer “debía” casarse, tener hijos, y ser ama de casa dedicada. Hoy en día la mujer tiene derechos que la ubican en otro lugar social y que hace plantearse otros objetivos. Pero si sos mujer en algún momento debiste pensar en la maternidad. Porque, tanto si se desea como no, es una experiencia que atraviesa toda las etapas de nuestra vida. Desde que menstruamos por primera vez, nuestro cuerpo se prepara para ese momento. Y ese proceso por el que pasa el cuerpo de toda mujer, es lo que nos lleva a pensarnos madres. Y no está mal ser libres para decidir si queremos o no atravesarlo.

Muchas mamás, más de las que se piensan, atraviesan por esta situación: La lactancia. Se sienten mal por no tener deseos de amamantar, aman a sus hijos pero no ven la lactancia como algo que puedan o se vean haciendo. Algunas no se sienten cómodas en este proceso, otras están pasando por un momento difícil y no pueden poner su cuerpo todo el tiempo que su bebé necesita y otras simplemente no quieren. Para todas estas circunstancias es importante escucharse y respetar lo que sienten. Saber que no se es mejor madre por dar el pecho.

Esta “culpa” que sienten muchas mujeres, por no querer amamantar, o no querer ser madres es un sentimiento que corresponde a un mandato social.

Porque durante muchos años nos han inculcado la maternidad como obligación de toda mujer.

Si la decisión de la madre es no amamantar, por el motivo que sea, esta decisión merece el mayor de los respetos, y el acompañamiento de los agentes de salud, de su pareja y su familia, como de la sociedad en su conjunto.

Aunque las circunstancias personales siempre tienen un papel relevante cuando una mujer decide si amamanta o no a su hijo, las investigaciones y estudios en torno a esta práctica evidencian que existe también una serie de factores que influyen de forma significativa en la tasa de lactancia de una comunidad determinada.

El informe Estado Mundial de las Madres 2012, elaborado por la ONG Save the Children, proporciona algunas pistas y apunta que “los países con permisos de maternidad más prolongados y mayores medidas de apoyo tienden a tener tasas de lactancia más altas”. Un ejemplo claro es Noruega, donde el permiso de maternidad es de hasta 36 semanas y el 80% de los hospitales están certificados como impulsores de la lactancia. Unas circunstancias que favorecen que el 99% de las madres inicien la lactancia y el 70% continúe con ella de forma exclusiva a los tres meses.

Haber amamantado con anterioridad es otra de las circunstancias que ayuda a la implementación de la lactancia: más del 89% de las madres con experiencia previa inicia la lactancia exclusiva. Asimismo, según esta investigación, los bebés que nacieron con más peso y en un parto natural también tienen más probabilidad de ser amamantados.

Si bien la sociedad actual nos aleja de lo natural con condiciones laborales y leyes que no abalan un tiempo adecuado a las necesidades básicas del recién nacido, también es cierto que hay una decisión por parte de la madre sobre como desea que sea su maternidad. Y cada decisión debe ser respetada.

Entender el significado de la palabra Maternidad, sentirse identificada con ésta a través de la experiencia de cada madre con su bebé, saber que todas somos diferentes y cada una da lo mejor de sí para su hijo es el primer paso para no temer a decidir con libertad sobre lo que se quiere. Porque como alguna vez alguien dijo: “Madre no es quien pare, madre no es quien amamanta, madre no es quien cría, madre es quien da amor” y de esto todos los niños entienden.

Confiar que saben el camino para llegar a sus hijos, y mirar siempre adentro de nuestro para decidir cada cosa nos acerca un poco más donde queremos estar.

Por: María Luz Baschong Puericultora
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