Los argumentos más comunes de un hijo enfermo

Los argumentos más comunes de un hijo enfermo.


La “verdad universal” que todo enfermo de Anorexia o Bulimia proclama es la más difícil de rebatir para cualquier padre inexperto, por lo que debemos prestarle especial atención:


“Estoy sano”, afirman. Y esto es la base de sus-tentación de la enfermedad. También merecen un breve análisis las argumentaciones que comúnmente utilizan para justificar conductas patológicas.

A continuación consideraremos algunas de ellas:

Estoy sano

Tengamos en cuenta que el paciente no tiene con-ciencia de enfermedad. presenta distorsión de la imagen corporal (se ve gordo y cuando más adelgazada, más gordo se ve).
El terror a engordar está presente y la combinación de todos estos factores da como resultado una actitud defensiva frente a la posibilidad de cualquier tipo de alternativa terapéutica “que lo engorde”.
Ante esta situación, siempre negará la enfermedad y nunca estará dispuesto a concurrir a una consulta médica.
A esta altura comprendemos que tenemos que buscar asistencia especializada a pesar de su negativa.
No espere busque un diagnóstico correcto.

Quiero engordar, pero…

Si nuestro hijo está con muy bajo peso es realmente cuando más nos alarmamos. En nuestra desesperación insistimos para que coma, aunque sea un poco. Seguramente nuestros ruegos o amenazas serán inútiles. Se seguirá viendo gordo y persistirá con su dieta. Sin embargo puede ocurrir que reconozca estar flaco y asegure que está haciendo esfuerzos por aumentar de peso sin resultado. En ocasiones, se animará a comer delante de nosotros para sostener su teoría. Esté atento entonces: ¿cuántos ayunos se alteran con las comidas? ¿Existen conductas purgativas que podamos detectar?
Si la situación persiste, no demore la consulta médica.

La comida me cae mal

Esta excusa es muy frecuente para justificar el ayuno o la alimentación insuficiente. En oca-sienes, los padres angustiados deambulan por infinidad de especialistas, realizan todo tipo de estudios con resultados negativos. Pese a ello, el paciente insiste con su mal imaginario y se niega a comer.
Investiguemos. No justifiquemos excusas para no comer.

Ahora soy vegetariano

Con el aparente propósito de llevar una vida saludable, el paciente decide suprimir algunos alimentos. Lo hace con los que considera que tienen mayor valor calórico, entonces elige sólo algunas verduras (a veces un poco de queso), y se transforma así en vegetariano. Defiende a rajatabla su postura y comienza a restringir cada vez más la variedad de vegetales que integran su alimentación. Prefiere generalmente el zapallo y la zanahoria, logrando de esta manera su objetivo de bajar de peso.
Recordemos que la alimentación debe ser variada, equilibrada y completa.

Mis ocupaciones me impiden comer en casa

Las tareas escolares, el trabajo, los compromisos ineludibles, los exámenes o el estudio suelen utilizarse como argumento para no comer en casa. Si dejamos que esto ocurra, no habrá tiempo para la comunicación familiar y no estaremos en condiciones de conocer la forma en que nuestro hijo se alimenta. Su objetivo es que no lo veamos comer (para hacerlo a escondidas o para no comer). No permitamos que esto suceda.
Compartamos la mesa familiar.

Estoy constipado, necesito una medicación efectiva

No se deje engañar, cada persona tiene su pro-pio ritmo biológico. No es necesario automedicarse. Una buena alimentación y una vida sana, es la solución que su hijo necesita.
No permita que su hijo se automedique.

Soy grande para que me controlen

Cuando esta frase se repite con frecuencia es muy posible que nuestras sospechas estén bien fundadas. En nombre de la libertad, el paciente pretende ocultar sus conductas y persistir en sus hábitos.
Pongamos en evidencia la enfermedad.

Que nadie entre a mi cuarto

Es sorprendente conocer el cuarto de un bulímico. La experiencia va más allá de lo imaginable. resulta ser el espacio donde todas las conductas patológicas pueden practicarse en secreto. El desorden y el caos reinan y podemos hallar desde restos de comida, paquetes de galletitas, chocolates, etc. Todo es posible
Pongamos orden no sólo en el cuarto. Ayudemos a nuestros hijos a ordenar su vida.

“NO” a los tratamientos

“Estoy bien” o “estoy mejor” son algunas de las afirmaciones que suelen repetirse con relativa frecuencia. Ante esta situación, se responde con firmeza. No debemos ser cómplices de la enfermedad. Si hemos comenzado un tratamiento, no permitamos que se abandone. Si todavía no lo hemos hecho, comencemos ya. No aceptemos argumentos que posterguen esta decisión, encaremos el problema. Tenemos un compromiso con la vida y con nuestros hijos.
Cumplamos con nuestro deber de padres. Velemos por la salud de nuestros hijos.

Los maestros y las escuelas

Todos sabemos que la Anorexia Nerviosa y la Bulimia aparecen en la adolescencia. Si bien la edad de comienzo ha bajado en los últimos años, el grupo de riesgo está en la escuela.
Los maestros deben interesarse en esta problemática y colaborar con familia en la detección temprana. El rol del docente es fundamental para formar jóvenes libres de adicciones y aptos para la vida. Por tal razón es necesario que estén debidamente informados acerca de éstas patologías. Si logramos que se capaciten, potenciaremos la acción de la familia en la lucha diaria contra este flagelo. Es lógico revalorizar entonces el rol del docente en la prevención y detección temprana.

La alimentación en el recreo

El recreo es la pausa que permite el descanso y la reposición de energías para continuar la actividad. Este tiempo de relax es importante y debe ser bien utilizado. Los alumnos deben ingerir alimentos adecuados que les aseguren un crecimiento normal y buen rendimiento en las actividades escolares. Si la conducta en este sentido no es la apropiada, se ha encendido la primera luz de alerta.
Recordemos que la Anorexia Nerviosa y la Bulimia comienzan con una dieta.

La actividad física y los deportes

La gimnasia forma parte de una vida sana. Contribuye al desarrollo armónico de nuestros jóvenes. Estimular su práctica es saludable, pero prestemos atención. La hiperactividad es uno de los síntomas de la Patología Alimentaria.
Cuando el ejercicio se practica con el único fin de bajar de peso, en forma intensa y compulsiva y en sesiones prolongadas, no es beneficioso, por el contrario, reactiva la enfermedad.
Cuidemos que la actividad física se realice en su justa medida.

El perfeccionamiento

Prestemos atención al alumno ejemplar. La presentación de sus trabajos, su dedicación al estudio, sus rutinas, despiertan nuestra admiración. Lo ponemos como ejemplo ante el resto de la clase, lo consideramos “el mejor”. Este tipo de personalidad, donde el perfeccionamiento se manifiesta en todo momento, es característico del anoréxico. Observemos entonces, ¿se muestra obsesivo con su físico? ¿se esfuerza por conseguir “el cuerpo perfecto”? ¿Cómo es su alimentación y su actividad física?
Descubramos a tiempo la Anorexia Nerviosa. A veces está escondida en la abanderada de la escuela.

Los cambios de carácter

Esta es una señal de alerta que debe ser teñida en cuenta. La agresividad, la ira, los excesos de llanto, la inestabilidad emocional y el aislamiento están presentes en la patología alimentaria. Si advertimos estos cambios, observemos también si existen otros signos que completen el cuadro de la enfermedad.
Observemos a nuestro alrededor. La enfermedad está al acecho.

El “patito feo”

La baja autoestima, la falta de confianza en las posibilidades de éxito, hacen que un adolescente se considere un “perdedor”. Esta es una característica que acompaña tanto a la Anorexia Nerviosa como a la Bulimia. Prevengamos su aparición. Fomentemos en los alumnos la fe en sí mismos.
Enseñemos a los jóvenes a tener confianza en sus propias fuerzas.

La escala de valores

Nuestra cultura privilegia el poder, el dinero y el culto al cuerpo sobre otros valores tradicionales que se van perdiendo. Observemos con atención. ¿Qué persiguen los chicos? ¿Qué les preocupa? Si nos detenemos a escuchar sus conversaciones, no puede faltar “la dieta mágica” o “el ´como adelgazar”. Despertemos en ellos otros intereses; provoquemos un cambio, evitemos la lucha por el “físico ideal”.
Eduquemos con amor para la vida.

La falta de concentración

Suele ocurrir que un buen alumno baje su rendimiento, no pueda concentrarse y por momentos parezca ausente. Seguramente algo le preocupa. Averigüemos qué pasa. La Anorexia Nerviosa y la Bulimia circunscriben a quienes las padecen, a un mundo pequeño donde sólo existe el peso, las calorías, la balanza y la dieta, y donde no hay lugar para proyectos ni para otros intereses que hagan posible vivir en plenitud.
Rompamos el círculo vicioso en el que transita la enfermedad.

La vergüenza de mostrarse

La distorsión de la imagen corporal que se presenta en la patología alimentaria hace que quienes la sufren, se vean “gordos” a pesar de tener una apariencia normal o bajo peso. Generalmente, por este motivo, quieren esconder el cuerpo, ocultarse ante los ojos de los demás. Se esconden debajo de ropa muy holgada, se niegan a usar traje de baño y evitan situación que los obligue a mostrarse.
Enseñemos a los jóvenes a aceptarse y a quererse a sí mismos.

El uso del baño

Entre las conductas purgativas, el vómito autoprovocado es muy frecuente. Se debe poner especial atención para detectar este hábito; sobre todo, después de una ingesta que habitualmente se realiza en el recreo. La vigilancia debe extremarse ya que las consecuencias de esta práctica son graves. Los vómitos frecuentes pueden producir un descenso del nivel de potasio en sangre, lo que puede ocasionar un paro cardíaco. Observemos con atención. Si algo anormal sucede hablemos con la familia.

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