Mis interrogantes sobre la literatura para niños

A medida que leo y releo conceptos, definiciones, debates, las preguntas me dejan absolutamente desvelada. Como el otro desvelo, o tal vez es el mismo, pero con otros nombres.

Hace unos años, cuando comencé a estudiar la tecnicatura que se denomina Experta en Literatura Infantil y juvenil, debatíamos y nos poníamos muy serios hablando de si la literatura para niños era una parte de la gran casa de la otra literatura, (¿la seria?), y si la verdadera era: la escrita para niños desde el adulto, la que el niño se apropia sin que se la dediquen o la que quizá un niño pudiera escribir para otro.

Esa duda ya no me desvela: literatura hay una sola, lo es o no, es para niños, o para adultos pero se es o no, hasta el premio nobel Saramago lo ha dicho en La flor más bonita del mundo. Hay libros que los adultos han dedicado a los niños y son simples lecciones didascálicas, consejos morales, normas de conducta. Hay libros que han abierto las puertas de la imaginación, han hecho soñar, han permitido crecer en ser personas, o simplemente, y qué bueno, reír para olvidar el tedio cotidiano. Y cuando hago mención de la literatura para niños a ésa: la que propone el recreo, como decía María Elena Walsh, la que está en el patio y no en el aula.

Han sido años de confusión que aún hoy no se aparta el concepto de literatura para niños de la didáctica. Leí hace poco que Graciela Montes, la escritora argentina, no permite que parte de sus textos o los textos completos aparezcan en los libros de estudio de los niños. Y es que ha sido tan grande el abuso: una vez que el poema o el cuento entran allí, son gramática, sintaxis, pedazos que hay que terminar, son ejemplo de rima asonante o consonante, y otros ítems del lenguaje. No estoy en contra de aprenderlos pero sí de usar estos textos que pretendían otra cosa del lector que nada más ser codificado en clasificaciones de la gramática.

Así que para los que me lean : cuando hable de literatura para niños, será esa literatura que pone alas, esa que entretiene , que nos pone una sonrisa en los labios, que nos enamora, que nos deja exhausto de imaginación…¿O acaso los adultos buscamos otras cosas en los libros para nosotros?

Hoy entonces no me desvela definir a la literatura para niños, como dije, o es, o no, o es arte de combinación de las palabras, o no lo logra. Pero además en el libro para niños el rol del ilustrador es muy competente. Y hay que aprender a leer las ilustraciones. Pero no con nuestros ojos, con ojos de niño/ a, y no con los ojos de nosotros cuando éramos niños/as: con los de los de hoy. Que es bueno acercarse a preguntarles por qué les gusta tal o cual dibujo o ilustraciones, porque los patrones estéticos, por múltiples razones, han variado.

Un buen libro para niños es y será El principito, La isla del tesoro, Alicia en el país de las maravillas, Pinocho, Pipa medias largas, Colmillo blanco, y todos esos sumados a muchos más que a algunos nos abrieron las alas. Sería infinita la lista: me comprometo a hacerla país por país para una de estas noches de desvelo. No será una lista completa, somera, pero lista al fin de los más conocidos. Pero ahora hay muchos autores para niños que son buenos y hay que agregar.

Entonces si no me desvela si la literatura para niños es buena o mala, si es parte o no de la gran literatura madre, si no me desvela qué debe de contener un libro y por quién está escrito, sino que el niño vuele con él, cuál es mi desvelo de hoy?

Pues estudiando en 15 años he apoyado los clásicos infantiles. Desde Perrault, los Grimm y Andersen, entre los más nombrados. Los he apoyado desde el conocimiento que hizo sobre todo Bettelheim en el Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Hace una semana me desvela un pensamiento que leí en el libro: ¿ Cómo formar lectores? de Esther Jacob, editorial Troquel, donde se dice por ejemplo que muchos de estos cuentos considerados clásicos, algo así como el canon literario que cada niño debería conocer, proponen la resolución final de una época donde la monarquía era el ejemplo de triunfo, poder y virtud. Donde el muchacho pobre dueño del gato con botas llegará a ser príncipe, donde la pobre Cenicienta al final llegará a ser reina pese al odio de su madrastra y hermanastras. Y sigue la larga lista de ejemplos.

No será, dice la autora, que nuestros niños de hoy deberían de conocer otras historias donde el triunfo no esté dado en el brillo de la nobleza?, no será, a un pernicioso mundo infantil donde se les enseña la compra absoluta, un filo peligroso mostrar que estos personajes llegan a la felicidad con la obtención de un título de nobleza, la riqueza de un reino y el poder sobre sus súbditos?

Y entiendo que la postura tiene diversas aristas a considerar. Por una parte estos cuentos son la historia de recopilaciones que se hicieron de pueblos primitivos donde justamente la nobleza era el ideal y sus súbditos los veneraban. Sí, de esas épocas vienen. Han variado hasta obtener hoy lo que conocemos como las famosas obras de Disney que son versiones actuales y modernas de aquellos clásicos. Pero también es cierto que de una forma u otra el triunfo siempre se acompaña de poder, de títulos y de riquezas.

Y también es cierto que su rigor literario no está en discusión, y que los niños deberían de conocerlos.
Pero me desvela pensarlo: hemos seguido amando la nobleza y proponiendo el sueño de ser princesas o reinas , casándonos con el príncipe idealmente azul y poniéndonos modelitos de oro?
Hemos estado alentando a los niños a pelear contra cualquier impedimento con tal de ser un rey poderoso que tenga un pueblo a sus pies? Ah, y una reina bella también a sus pies.

¿Sigo contando los clásicos?

Mientras me dura el desvelo y sigo investigando, la noche se va apagando de sonidos y montones de libros, de papel y algunos digitales me siguen llamando a la reflexión. No será sólo esta vez que aborde el tema.

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Prometo seguir con este desvelo muchas noches más.

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