Los pioneros lo siguen siendo hasta hoy

El título puede parecer algo ridículo pero de literatura para niños y padres o maestros que aún no cambiaron de siglo, quedan muchos.

Sabemos ya que la literatura dirigida a los más pequeños comenzó su real valía como tal, luego de la segunda guerra mundial, de la mano de las nuevas tendencias educativas y de una concepción del niño que derivó en las actuales posiciones. Antes de eso las letras dedicadas a los pequeños eran ejemplos moralizantes, religiosos y/ o alfabetizadoras.

Una puede creer que por tanto hablarlo en conferencias y talleres esa postura ya no existe pero a la hora de elegir: los padres y los maestros, no señor, que sea un libro que sirva. ¿Pero que sirva para qué? Para enseñar algo. O sea, no puede ser un libro que no enseñe a simple vista, aunque en realidad lo haga, no, tiene que ser a ciencia cierta algo que realmente encienda la cabeza del niño con moralejas moralizantes y si son castrantes mejor aún.

Tal vez a mi hipotético lector le cueste entenderlo pero vean ustedes: a mí acaba de ocurrirme. Y no trabajo en un colegio donde los padres no suelen tener información, quizás todo lo contrario.

El cuento que leí fue de un pionero, Horacio Quiroga, y el libro fue Cuentos para mis hijos elegí El diablito colorado. Ese simpático personaje que al final no era tan diablo y que como el Príncipe Sapo se salva por el beso de una linda muchacha.

Por eso mi conclusión: los pioneros de hace más de cien años lo siguen siendo.

Imaginen si decido cantar la canción de las pulgas de Gustavo Roldán donde jugando con las sílabas dice la malísima palabra.

Creo que en ese momento me retiran del cargo de animadora de lectura aunque los niños descubrirían un libro lúdico, divertido y donde se rompen los esquemas viejos de las buenas y malas palabras. Tampoco leeré justamente a la premiada por el Andersen, Ana María Machado, Palabras, palabritas, palabrotas.

Se dan cuenta realmente como pasa la castración aún hoy en las letras para niños.

Y no creo que sea la única con esta experiencia, cuánto niño se ha perdido cuánto libro: casi infinito el número, tal vez se han perdido tanto libro como ganas de leer.

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