¿ Qué hacer cuando nuestros hijos se aburren ?

foto de niña aburrida

Qué hacer cuando nuestros hijos se aburren

¿ Qué hacer cuando nuestros hijos se aburren ? Actividades creativas.

Las vacaciones ya llegaron y con ellas las familias se alteran. Los padres no pueden soportar el aburrimiento de los niños, y allí llegan las mil actividades para hacer. Sin embargo ¿ aburrirse es tan malo?

Aquí algunos aportes que pueden ayudar en la coyuntura…

¡Viva, estoy aburrido!

Cuando un hijo viene a decirnos que está aburrido, la mayoría de los papás nos preocupamos, asumimos que se siente infeliz y tratamos de acercarle todo tipo de propuestas para que se entretenga… Pero según muchos expertos, esto puede ser contraproducente.

Para la Lic. Marisa Russomando (www.marisarussomando.com.ar) , Psicóloga especialista en maternidad y crianza y Directora de Espacio La Cigüeña, “el aburrimiento es bueno, porque genera en los chicos un vacío en el que deben apelar a sus propios recursos: imaginación, creatividad, tolerancia entre otros, para atravesarlo”.

La especialista señala que en la época actual vivimos en un constante “zapping” de estímulos en su permanencia que tapan cualquier posibilidad de hueco, de vacío, de ausencia de propuesta que invite al niño a que “abra la puerta para ir a jugar”, con todo lo que lo puede implicar para cada uno.

Y Damian Calvo, Presidente de Lekotek (www.lekotek.org), una ONG que desarrolla acciones y programas para integrar a niños y niñas con necesidades especiales y en situación de riesgo social a través del juego, coincide. Aburrirse no es malo ni dañino, sino darse cuenta que no todo me satisface, y por lo tanto tengo que ir en busca de algo nuevo.

“Es muy importante que los chicos se movilicen, pongan en juego su deseo y su interés, para satisfacer su deseo de jugar”. Por eso, indica, hay que dejar que los chicos tengan espacios en los que se pregunten qué hacer, de qué tienen ganas, a qué jugar, con quién, cómo, dónde, a qué”, sin abastecerle permanentemente de esas cuestiones. “Uno puede proponer, pero tiene que dejar un espacio en el que el chico sea protagonista de su elección. Y si el niño se plantea: y ahora qué hago… bueno, es una pregunta interesante para encontrar una nueva respuesta. Ya no le interesa tanto lo que hacía antes, y tendrá que buscar y encontrar algo que le interese más”, dice.

Lo cierto es que si hay un momento para dar rienda suelta a la imaginación y la creatividad, es justamente en la infancia. Por otro lado, en cualquier momento de la visa es bueno aprender a manejar el tiempo libre, ya que eso brinda la oportunidad de desarrollar un pensamiento creativo para imaginar, inventar y crear.
Entonces: ¿hay que estimular el aburrimiento?

Calvo opina que no. “Un papa estimula la creatividad, el divertimento, la respuesta a las necesidades de los hijos con una posición activa: frente a la demanda de nuestros hijos, se estimulan distintas opciones, el juego y la creatividad. Pero lo que no debe hacer es darle respuestas todo el tiempo, ni estar pendiente de satisfacer permanentemente las necesidades de juego de los chicos”. Sin embargo, puede estar atento a signos: “una cosa es que se aburra, y otra que se instale como modalidad de ese chico, y que su motivación esté absolutamente adormecida”, señala.

Russomando apunta otro aspecto: para los padres, el posible aburrimiento de sus hijos genera una preocupación desmedida. “¿Qué puede suceder si los niños se aburren? Por la manera en que luchan para evitarlo, parecería que suponen solo catástrofes: les compran cosas, generan un programa detrás del otro, llevan DVD en el auto para el camino, I pad con juegos para la sala de espera, suspenden comidas con amigos en nombre del aburrimiento posible de alguno de sus hijos, entre otras cosas”.

Desafortunadamente, nuestra sociedad está creando toda una generación de niños adictos a la tecnología, que viven conectados a diversos aparatos al punto que muchos no conciben el entretenimiento sin ellos. Pero los chicos necesitan todo tipo de experiencias: desde treparse, correr y saltar, construir con ladrillitos, jugar y relacionarse con otros chicos, etc. Entonces… es mejor que tengan pocos juguetes, para que tengan que apelar a su imaginación?

“Uno puede pensar que ni mucho ni tan poco. Que tenga lo adecuado, porque el chico no juega porque tenga una enorme oferta de juegos y juguetes en su casa, sino porque necesita satisfacer ese impulso, esa necesidad vital que es jugar. Puede tener la habitación llena de juguetes, y no usarlos porque el juguete no garantiza el juego. El juego lo garantiza el deseo de jugar, y la habilitación que hace el adulto para que ese niño juegue”, declara Calvo.

Lo ideal no es evitar que el niño disponga de juguetes, sino que llegado el caso, pueda entretenerse sin ellos. Y dejar que surja un “recreo” en los estímulos estructurados, puede ser una buena oportunidad para que aparezca la imaginación.
Porque hacer actividades como teatro, plàstica o un deporte, es buenisimo. Pero otra cosa es tener todos los días ocupados yendo de un lado para el otro, sin poder instalarse y autoabastecerse de la forma en que él lo sienta, para satisfacer su necesidad de jugar.

“Un niño de una agenda completa no tiene espacio para crear algo de su inventiva, su creatividad y su respuesta espontánea a la necesidad de jugar”, dice Russomando.

Y apunta que un niño sobre-estimulado pierde la capacidad de asombro y de disfrute, no duerme bien, no se alimenta bien. “Si algo de esto sucede en casa, es hora de realizar una consulta y revisar el entorno de juego cotidiano del niño. Esa puede ser la brújula para comprender de qué se trata!”, indica.

¿Y que pasa con los libros? ¿Son un juguete?

Ya el filósofo Walter Benjamin señaló que los juguetes no son creados a partir de las inclinaciones, gustos o preferencias de los niños, sino por motivaciones propias de los adultos. Por eso deberíamos prestar mayor atención cuando regalamos algo a un niño, ya sean juguetes, películas o libros. Porque en estas elecciones enseñamos a nuestros niños dónde está lo valioso, lo interesante, o a lo que vale la pena dedicar el ocio. Y los regalos que ofrecen los adultos a los niños evidencian, entre otras cosas, las valoraciones, las prácticas culturales de una sociedad.

Para Rocío Brescia, especialista de la Fundación Leer (www.leer.org.ar) muchos de los productos culturales que consumen los niños proponen interacciones quizá más guiadas, más conducidas, incluso, impuestas. Pero “la buena literatura ofrece la posibilidad de libres interpretaciones, y la lectura de ficción invita al lector a interpretarla libremente, a proyectar espontáneamente los escenarios, los personajes y los conflictos que se narran, a disparar otras lecturas, a imaginar”, indica. Calvo concuerda: “para nosotros, los libros están dentro del universo del juego”.

Es otra buena manera de estimular la creatividad, de disfrutar aunque las pantallas estén apagadas, aunque llueva, aunque no haya otros chicos… y de no aburrirse.

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