La importancia de que los adultos jueguen con los niños

niños jugando con sus padres

La importancia de que los adultos jueguen con los niños

Los niños, ya sean hijos, ahijados, sobrinos o allegados, les piden a los adultos que jueguen con ellos, pero muchas veces ese encuentro lúdico se ve dificultado por cierta incomodidad de los mayores de entrar en ese territorio de fantasía y placer.

¿Es posible que los adultos vuelvan a jugar? ¿Cómo comprometerlos en esas instancias?

El punto de partida es hacerles recordar sus experiencias de juego durante su niñez. Hay que conectarlos desde un lado afectivo, que vuelvan a ese momento en el que forjaron su identidad y vean que tiene afecto depositado en él. Entonces reconocen que el juego es esencial en la formación del individuo, que lo tiene inscripto en el cuerpo y que fue importante para su desarrollo como persona.

Con ese recuerdo los mayores valoran la importancia del juego y se sienten responsables de habilitar a los chicos para que puedan gozar de espacios lúdicos. Todo esto ya te da las herramientas para empezar a jugar, para redescubrir las posibilidades de inventar, disfrazarse, cantar, leer cuentos, inventarlos y más.

Lo que sucede en un primer momento es que muchos adultos no vinculan esa experiencia vital que fue el juego de pequeños con lo que tienen como padres, padrinos, tíos o personas a cargo. Una vez que recuerdan sus antiguos juegos reconocen que la actitud lúdica es determinante en la vida de todos, ésta convoca a encontrarnos con los chicos para jugar. Y lo bueno es que siempre se la puede despertar, no importa la edad que se tenga, pues es imprescindible para que se de el juego.

¿Cómo se la despierta? Primeramente recordándola, notando la sonrisa que se dibuja en el rostro apenas vuelve a la memoria aquellos espacios de dispersión. Luego, hay que poner en primera persona que el juego es una actividad esencial para los niños y como adultos tenemos la obligación de garantizarles que se den esos espacios lúdicos.

También hay que tener en cuenta que jugar tiene múltiples variedades, puede ser leer un libro, cantar, inventar historias, hacer volteretas, rodar en el piso, esconderse y buscar, correr y, por supuesto, también sentarse a la mesa con un tablero de por medio.

Dar rienda suelta al niño interno y mirar amorosamente a los que hoy lo son. Eso ya posibilita jugar.

Damián Calvo, presidente de Lekotek (www.lekotek.org.ar).

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