Solgo, de María Teresa Andruetto
Solgo
l.
Hubo una vez, un hombre que pintaba
sobre viejos cordobanes,
sobre el papel de arroz,
sobre la seda.cañaverales, ramas de cerezos, durazneros en flor,
En las afueras de una ciudad,
el hombre pintaba ramas de cerezos,
durazneros en flor, cañaverales,
y amaneceres azules, de un azul de agua,
y un renacuajo en el estanque verde,
y una montaña con las cumbres blancas.
2.
Se llamaba Solgo.
Y en una ciudad perdida,
al borde de un bosque,
entre las cañas,
pintaba
3.
Cierto día pasó un servidor del imperio
y lo vio pintando junto a su cabaña.
Miró el azul en la tela,
un azul sereno de agua.
Luego el rojo, el amarillo,
el malva…
Se dijo:
Lo que este hombre hace,
ha de gustarle a mi Señor.
Y lo llevó hasta la sede del imperio.
4.
El emperador quería un retrato.
Pero, para sorpresa de todos,
Solgo se negó a hacerlo.
Tendrás dinero, mucho dinero,
dijo el emperador.
Pero Solgo contestó
que no necesitaba dinero.
Tendrás comida, abrigo, mujeres,
dijo el emperador.
Pero Solgo contestó
que no necesitaba comida,
ni abrigo, ni mujeres.
Tendrás fama, honor, prestigio,
dijo el emperador.
Pero Solgo contestó
que no le importaban el honor, la fama,
el prestigio.
5.
Si nada necesitas, ¿por qué ocupas en esto todas tus horas y te cansas la espalda
y te manchas las manos
y te fatigas los ojos?, preguntó el emperador.
Para buscar un azul como el de la mañana,
y un negro como el de la noche
y un verde como el de la rana, contestó Solgo.
El emperador, rojo de ira, lo expulsó de la sala.
Del palacio.
De la ciudad imperial.
6.
Enterados de que no quería pintar por dinero,
los monjes del Santuario Mayor le ofrecieron a Solgo pintar el templo, repasar las doradas vestiduras de los dioses.
Si lo haces , tendrás dicha,
le dijeron.
Pero Solgo contestó que mezclar los colores
le daba toda la dicha que necesitaba.
Si lo haces, tendrás luz, tendrás amor,
le dijeron.
Pero Solgo contestó que no necesitaba luz,
que no necesitaba amor,
que ya todo lo tenía.
¿Cómo puedes tener todo,
si vives entre pobres,
en una ciudad miserable,
solo como una rata?,
preguntaron los monjes.
7.
Solgo bajó la cabeza
y dijo que no quería pintar a los dioses
sino apenas a la montaña azul tras la ventana,
y a la luna amarilla,
y al renacuajo en el agua.
Y entonces los monjes lo expulsaron del templo.
De la ciudad sagrada.
8.
Solgo atravesó las murallas,
los pobres caseríos,
y salió al campo.
Por el camino vio a hombres,
a mujeres,
a niños.
Alguien dijo:
Tengo hambre.
Otro dijo:
Tengo frío.
Y otro:
Estoy triste.
Y como él nada tenía para darles
dibujó sobre la tierra un cerezo.
Un cerezo tan verdadero
que embriagó a los hombres con sus flores
y les dio frutos durante toda la vida.
Términos Relacionados: la seda, papel de arroz, pintor de la antigua corea, se dice que pintaba arboles que los pájaros confundían, solgo, un hombre que pintaba.












































